Revista Aqua Nº213

abril de 2018

En acuicultura: Las comunidades toman relevancia en las certificaciones

En un principio, las certificaciones observaban solo aspectos como la calidad e inocuidad de los productos. Debido a nuevas demandas por parte de los consumidores, hoy se está normando el relacionamiento con las comunidades.

Foto para contextualizar las certificaciones acuícolas

¿Por qué una empresa tiene que relacionarse con su entorno? La gerente de Sustentabilidad de RaboFinance Chile, Brenda de Swart, explica que “si una compañía tiene una relación complicada con la comunidad, es muy probable que sus resultados u objetivos terminen viéndose afectados. No basta solo con generar empleo en la zona de operación, es necesario considerar una planificación integral”. La ejecutiva explica que las razones de lo anterior son variadas. Algunas de ellas son porque los mismos trabajadores habitan lugares cercanos o porque, en muchos casos, la comunidad vivía en el sector mucho antes de la instalación de las infraestructuras productivas. “Entonces, ser un buen vecino valida las operaciones y permite proyectarlas hacia el futuro”, comenta.

Tan importante es este tema para una de las principales entidades financieras que opera en la actividad acuícola mundial que, junto con WWF y Consensus Building Institute (CBI), desarrollaron un manual específicamente para la industria del salmón de Chile y que busca un mayor y mejor involucramiento de las salmonicultoras con las comunidades donde están insertas. La buena noticia es que, a la fecha, están participando activamente diez compañías y que, incluso, este proyecto comenzará próximamente una segunda etapa que considera la creación de herramientas para que –ahora– las comunidades sepan cómo relacionarse con las empresas. La mala noticia es que la actividad está compuesta por 25 compañías, es decir, todavía faltan muchos actores para que se sumen a esta tendencia.

“Vemos muchas empresas avanzando y realizando un trabajo consistente, pero cuando una compañía tiene algún problema, se apunta a toda la industria y no solo a la empresa en cuestión”, reflexiona Sebastián Videla, el director ejecutivo de NODO Chile, entidad que asesora a diversas compañías del sur del país en el relacionamiento con su entorno. El abogado y magister en Desarrollo Global Humano y Emprendimiento Social de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos) aclara que hay dos situaciones que han motivado a las compañías a abordar con mayor fuerza estos temas. “El primero se dio en 2016, luego de la crisis vivida en Chiloé. El segundo, debido a que los consumidores están más preocupados por dónde y cómo se producen sus alimentos, presión que traspasan a sus cadenas de supermercados y estos, a su vez, a sus proveedores de salmón”, apunta Videla.

Para todos los actores involucrados, desde productores a consumidores, la respuesta a las nuevas demandas ha llegado a través de diferentes certificaciones que abordan el aspecto social dentro de sus mediciones. En este sentido, algunas de las más relevantes son la Aquaculture Stewardship Council (ASC), GlobalGAP y BAP, así como Empresas B.

La más exigente

“Para mí, la más exigente en términos del componente social es la ASC. Su Principio 7 está dedicado exclusivamente al relacionamiento con la comunidad, exigiendo una definición de los grupos de interés y mantener un contacto con el entorno, entre otros aspectos. Es más, durante los procesos de auditoría, se debe entrevistar a representantes de las comunidades y hay que realizar un seguimiento”, dice Jorge Ríos, el gerente general de Control Union, casa auditora internacional que, en Chile, se ha especializado en el sector acuícola.

La misma opinión sobre la ASC tiene Rabobank Group, confirmando que “es la más completa. No solo exige calidad del producto, sino que también requiere que toda la empresa cambie su forma de trabajar en todos los aspectos y donde se considera el cuidado ambiental y la relación con la comunidad. Como banco, a nivel mundial, es la que hemos adoptado”, reconoce Brenda de Swart.

A la fecha, en Chile existen 37 centros de cultivo de salmón Atlántico con la certificación de la ASC, no obstante, el universo de centros de cultivos activos alcanza las 350 unidades. Las compañías que tienen mayores reconocimientos son Cermaq Chile y Nova Austral, con diez unidades certificadas cada una.

Una de las entidades que promovió esta certificación desde el principio es la ambientalista WWF. En Chile, la encargada de Conservación Marina en Comunidades Costeras es María Elisa Arroyo, dice que “los temas sociales siempre han sido clave para WWF a la hora de exigir una producción responsable de la salmonicultura”, agregando que, durante el levantamiento de la información base para desarrollar los indicadores de la certificación ASC “se evidenció una necesidad de establecer procesos de diálogo enfocados a promover acciones pertinentes a los requerimientos reales que existen en los territorios en relación a los impactos de la industria”.

Si bien en estos momentos la WWF se encuentra realizando un estudio sobre el impacto de la certificación ASC en diversos ámbitos, lo que considera sus efectos sobre los territorios y comunidades, a priori se concluye que “actualmente no existen grandes cambios en las comunidades locales ni tampoco existe una percepción de que ASC por si mismo mejore las condiciones de relacionamiento”. Algunas de las razones de lo anterior se deberían a la escala que tiene la ASC, “que es de centro de cultivo y no territorial o a escala del paisaje. Por tanto, su lógica de acción no es la misma que tienen las comunidades”, comenta María Elisa Arroyo.

Desafíos en ASC

Quizás la dificultad más básica –pero difícil de erradicar– que enfrenta la industria del salmón para avanzar en el relacionamiento con la comunidad es su historia pasada. Una mala fama si se desea. “La actividad se había preocupado de entregar trabajo, pero había desatendido escuchar a las comunidades donde está inserta y conocer los problemas que estaban causando sus actividades. Por ejemplo, el más común eran las altas velocidades que utilizaban los camiones y que levantaban polvo”, analiza Sebastián Videla. Ciertamente que estas situaciones no generaban animadversión sobre la empresa responsable. La antipatía recaía sobre toda la industria.

Aunque varias de estas situaciones se han ido subsanando con el correr de los años, todavía queda por resolver. “Partiendo porque las comunidades puedan reconocer que existe una certificación con sus mecanismos de diálogo que considera, entre otros aspectos, protocolos de consultas y denuncias y que ellas tienen herramientas para participar de estos procesos”, apunta la representante de la WWF Chile.

La representante de la ONG también apunta a la necesidad que existe en torno a mostrar que la certificación de la ASC tiene impactos, “y es lo que esperamos. Aquí puede ser importante que las empresas generen acuerdos y puedan alcanzar este reconocimiento en bloque, lo que permitiría romper la brecha de la escala y, a la vez, generar resultados más amplios y robustos”.

Otras certificaciones

Otras certificaciones que están dando que hablar entre salmonicultores, cadenas de supermercados y consumidores, son la europea GlobalGAP y la norteamericana BAP. Si bien en ambos casos se dedican capítulos al tema social, “principalmente son exigencias vinculadas a las normativas locales”, reconoce el gerente general de Control Union.

Quizás porque las productoras de salmónidos siempre tuvieron que cumplir exigentes estándares para poder ingresar a los mercados internacionales, es que se estima que en el caso de estas dos certificaciones “las dificultades son mínimas”, analiza Guillermo Clarke, el gerente general de Empresas Clarke, compañía que presta servicios en el área de las certificaciones.

No obstante, y si se quiere encontrar una dificultad en relación con las normas, “aún sigue siendo el cumplimiento legal en la línea de la subcontratación de servicios que involucran mano de obra”, comenta Clark.

Ciertamente que en el último tiempo han comenzado a florecer algunas compañías que están lejos de tener problemas con la externalización de los trabajadores. Es más, también buscan armonizar altruistamente sus operaciones con el medio ambiente y la comunidad. En la industria del salmón ya existen dos de ellas.

Empresas B

En 2006 nació, en Estados Unidos, la organización sin fines de lucro B Lab y con el objetivo de redefinir el sentido del éxito en la empresa. En pocas palabras, busca solucionar problemas sociales y ambientales a partir de los productos y servicios que se comercializan.

En América Latina, el guante lo tomó un grupo de emprendedores que crearon Sistema B, entidad que busca expandir este movimiento en la región a través de la certificación del mayor número de compañías como “Empresas B”. A la fecha, 350 empresas –con ventas anuales por más de US$5.000 millones– de esta parte del mundo han alcanzado este reconocimiento.

En 2017, la proveedora de salmón con valor agregado, Integra Chile, pasó a ser una Empresa B gracias a la motivación de sus propietarios. “Lo más B que tiene nuestra compañía es que alcanzar este reconocimiento no representa ningún beneficio para la organización”, dice el gerente de Administración y Finanzas de Integra Chile, Sergio Valdés, en relación con que esta certificación no es exigida ni por los compradores o los consumidores finales. Eso sí, reconoce “que las Empresas B redefinen la forma de verlos negocios, entendiendo que la salud financiera no es lo único importante para que una compañía sea sustentable en el largo plazo. Acá se habla de un triple impacto positivo en la comunidad, trabajadores y el medio ambiente”.

En relación con los requisitos que busca esta certificación, los principales son el aumento de proveedores locales, una mayor participación laboral de las mujeres, crear mejores accesos para personas con discapacidades y tener una relación armoniosa con la comunidad y los trabajadores. “Por ejemplo, en este último aspecto nosotros decidimos que todos nuestro personal tuviera contrato directo, es decir, no subcontratamos el servicio. Esto le permite a los colaboradores acceder al sector financiero o, incluso, tener vacaciones de mejor forma”, comenta el ejecutivo de Integra Chile.

La otra compañía que opera en la industria del salmón es la consultora NODO Chile. Su principal ejecutivo dice que la certificación de Empresas B “es una de las más avanzadas en cuanto a lo que son las compañías sociales, ya que el foco lo pone en los temas ambientales, sociales y económicos”.

Entonces, ya no es suficiente con producir un alimento de calidad o dar empleo digno. Hoy, los mercados están exigiendo que las empresas no sean las mejores del mundo, sino que sean las mejores para el mundo. Las certificaciones ya están dando cuenta de ello y encaminando a las compañías en este sentido.