Revista Aqua Nº214

mayo de 2018

Acuicultura no salmón: Mitílidos en su mejor momento

La acuicultura nacional, de la mano de moluscos, algas y nuevos peces, está mostrando un creciente dinamismo, diversificación y, sobre todo, confianza en que el futuro será aún más auspicioso para Mipymes del sector.

El 2017 no solo fue bueno para los salmonicultores. Los mitilicultores del sur de Chile también sacaron cuentas alegres, con buenos números, tanto en términos de cosechas como de exportaciones y con amplias posibilidades de seguir creciendo en mercados con alto potencial. En el norte también ocurrieron hechos interesantes. El ostión del norte (Argopecten purpuratus) ha logrado una importante recuperación y, al mismo tiempo, está irrumpiendo un nuevo pez, la seriola (Seriola lalandi), que ya es parte de las estadísticas sectoriales y que está demostrando, día a día, su viabilidad como cultivo comercial.

En el caso de los mitílidos, las cosechas –concentradas en la región de Los Lagos– sumaron 337.000 toneladas, cifra un 21% mayor respecto a lo obtenido en 2016. Esto tuvo relación con la “calidad del alimento y la alta conversión corporal, lo que se tradujo en productos con un buen calibre”, según lo informado en el último Informe Sectorial de Pesca y Acuicultura elaborado por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca).

En cuanto a exportaciones, el volumen sobrepasó las 79.330 toneladas, mostrando un aumento de un 18% frente a las 67.341 toneladas de 2016. Los retornos, en tanto, sumaron US$209 millones, cifra un 19% mayor que los US$178 millones del año anterior. Los principales mercados del mejillón chileno (Mytilus chilensis) fueron España, con US$50 millones, mostrando una notable alza de un 30% en comparación con 2016. Luego aparece Estados Unidos, que se mantiene con US$25 millones; y Francia, con US$23 millones, mostrando una leve disminución respecto al año anterior. Cabe destacar el fuerte aumento que ha mostrado Rusia, país que aparece como el quinto destino más importante con US$21 millones y un aumento de nada menos que un 55% frente a los US$13 millones del ejercicio previo.

La gerente de la Asociación de Mitilicultores de Chile (AmiChile) –con socios que operan principalmente en la Isla de Chiloé–, Yohana González, expresa que “el 2017 fue un año bueno para la industria, con mayores cosechas y exportaciones y con mercados que siguen pareciendo interesantes, como el ruso”. Añade que el alza en dicho destino tiene directa relación con la ejecución del proyecto de marca sectorial Patagonia Mussel. “Desde que partimos con esta iniciativa, en 2010-2011, Rusia se transformó en uno de los mercados más importantes. Esperamos que esto se mantenga y que podamos seguir en el camino de la diversificación. No hay que olvidar que este proyecto también se ha enfocado en Estados Unidos y China, países atractivos, donde, de igual forma, hemos ido creciendo todos los años”.

Para los mitilicultores del continente, sin embargo, el 2017 fue un poco más complejo. Según lo expuesto por el presidente de la Asociación de Cultivadores de Moluscos de Calbuco, Jorge Morales, se trató de un año “lento en términos de ventas y productividad”. Esto porque las compañías que suelen adquirir el producto en la zona, esta vez optaron por cosechar sus propios centros de cultivo que se mantuvieron paralizados por la marea roja del año anterior. “Esto significó que dejaron de comprar a terceros y, por ello, los mitilicultores tuvieron que mantener sus cultivos a flote durante casi todo 2017, con todos los gastos que ello conlleva”, de acuerdo con el dirigente.

En este 2018, los mitilicultores chilenos han debido enfrentar, una vez más, problemas asociados a Floraciones Algales Nocivas (FANs), aunque de mucho menor intensidad en comparación con lo ocurrido en 2016. La presencia de toxinas, esta vez, estuvo concentrada en la zona sur de Chiloé, en la zona de Quellón y Queilen, ocasionando un retraso en las cosechas que debían realizarse en el verano y que se tuvieron que dejar para los meses de abril y mayo.

“Lo más probable es que se coseche un producto más pequeño y de menor rendimiento respecto de lo que se habría obtenido cosechando en verano, bajo condiciones normales. Es probable que eso signifique también precios más bajos”, comenta Yohana González.

No obstante, se cree que esto no debería tener un gran impacto en los resultados de cierre de 2018, que se espera sean similares a los obtenidos en 2017, al menos en términos de volumen de cosechas y exportaciones. Sin embargo, independiente del evento de marea roja, es posible que en el área de Chiloé el rendimiento del producto, en general, sea más bajo, debido a que se ha apreciado menor disponibilidad de alimento en el agua.

Los mitilicultores de Calbuco, en tanto, no han sido afectados directamente por las FANs y, hasta el cierre de esta edición, el sector se mantenía libre de toxinas. Esta situación tiene tranquilos a los cultivadores de la comuna –en su mayoría de pequeña escala–, quienes han tenido un buen comienzo de año, con condiciones climáticas favorables y disponibilidad de alimento en el agua. Además, “las empresas están renovando su interés por abastecerse con un producto que está presentando un buen rendimiento en carne”, según cuenta Jorge Morales, lo que ha mejorado los precios. “El 2018 se ve como un año positivo debido a que ya se está notando abundancia y buen tamaño de las semillas, lo que permitirá que el pequeño y mediano productor pueda conseguir este insumo a un precio accesible, dando paso a un ciclo productivo normal”, detalla el dirigente.

Jorge Morales destaca que este último tiempo se ha observado una mayor unión entre los distintos gremios mitilicultores de la región, lo que se aprecia como un factor positivo para lograr avances en la industria, principalmente, en términos de una legislación acorde con la evolución de la actividad y que se ve reflejado en el impulso que se le está dando a la “Ley de Mitílidos”.

Los otros moluscos

Además del mejillón, en Chile se cultivan, aunque a una escala mucho menor, moluscos como el ostión, el abalón y la ostra. En el caso del ostión del norte, las cosechas totalizaron 4.200 toneladas en 2017, mostrando un aumento de un 25% en comparación con el año anterior. Esto se debe, según lo informado por la Subpesca, a condiciones ambientales favorables al crecimiento del recurso que se cultiva en las aguas del norte del país, en las regiones de Coquimbo (90%) y Atacama (9%). Las exportaciones, en tanto, sumaron 884 toneladas, con un incremento de un 10% en relación a 2016. Los retornos alcanzaron los US$11 millones, mostrando un alza de un 20%, lo que muestra la recuperación de este sector en los últimos meses.

El abalón rojo (Haliotis rufescens) no tuvo tan buenos resultados. Los envíos sumaron 537 toneladas, con una baja de casi un 20% en comparación con el año anterior. Los retornos, eso sí, se mantuvieron estables, con US$19 millones obtenidos 2017, cifra prácticamente igual a la de 2016. El abalón verde (Haliotis discus hannai), en tanto, mantuvo envíos por 5 toneladas, lo que significó retornos por US$209.000, con una baja de un 18% en comparación con el año previo.

Finalmente, la ostra del Pacífico (Crassostrea gigas) registró cosechas por 51 toneladas en 2017, cifra levemente superior a las 50 toneladas de 2016. Las exportaciones fueron de 2 toneladas, bastante menor que las 7 toneladas anteriores, con ingresos por US$497.000, prácticamente la mitad de los US$944 millones de 2016.

Baja el precio del pelillo

En cuanto a las algas, las cosechas alcanzaron las 15.000 toneladas en 2017, mostrando un aumento de un 4,3% en comparación con 2016. La acuicultura de estos recursos sigue concentrada en el pelillo (Gracilaria chilensis), que representa el 100% de la producción y que se da, principalmente, en la región de Los Lagos (76%), seguida de Coquimbo (13%) y Atacama (7%), según el Informe Sectorial de Subpesca.

Las exportaciones de este producto alcanzaron 2.542 toneladas, cifra levemente menor a las 2.566 toneladas de 2016. Los retornos, en tanto, sumaron US$39 millones, mostrando una baja de un 4,6%, debido a la disminución de los precios. El pelillo se envía al exterior, fundamentalmente, como agar agar, con 1.571 toneladas en 2017, y secado de algas, con 971 toneladas.

Cabe destacar que en Chile el grueso de las algas comercializadas corresponde a extracción. En el caso del pelillo, el cultivo representa no más del 5% del total, en oposición a lo que sucede en otros países, como los asiáticos, donde la situación es la inversa. El mundo público y privado está consciente de esta situación y es por eso que los últimos años se han impulsado varias iniciativas que pretenden fortalecer la producción de estos recursos, con la mirada puesta, sobre todo, en diversificar las actividades vinculadas a la pesca artesanal. Es así como en 2016 se promulgó la Ley de Bonificación para el Repoblamiento y Cultivo de Algas, la que tiene por objetivo aumentar la biomasa disponible de recursos algales existentes en el país mediante un sistema de bonificación para los pescadores artesanales, organizaciones y micro y pequeñas empresas.

De igual forma, en octubre de 2017, la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) de la región de Los Lagos lanzó el Programa Territorial Integrado (PTI) de Algas para Consumo Humano, que tiene por objetivo “promover la coordinación y articulación entre el sector público, privado y el académico interesado en promover el consumo de algas. La idea es dar a conocer estos productos y generar conocimiento en posibles consumidores –finales o intermedios– sobre sus cualidades”, explica la gestora del proyecto, Carolina Weldt. La ejecutiva comenta que algas como el luche (Pyropia sp), cochayuyo (Durvillaea antarctica), carola (Callophyllis variegata) y chicorea de mar (Chondracanthus chamissoi) tienen mucho potencial, pero que lo que falta es hacer un trabajo de difusión para que comiencen a tener aceptación y sean incorporadas dentro de una dieta saludable.

El presidente del PTI, Patricio Steffens, destaca que Chile tiene enormes condiciones para desarrollar con más fuerza el cultivo de algas, la que se podría trasformar en una actividad atractiva para los pescadores que poseen Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (Amerbs), en las cuales es posible utilizar el 40% de la superficie para cultivos marinos. “En la mesa del PTI hay productores, exportadores y otros actores. La idea es que bajemos toda la información disponible y que los interesados puedan ver qué se puede hacer y las expectativas que pueden tener con tal o cual producto. La idea es abrir camino para que más personas puedan incursionar en esto”, sostiene.

Con estas y otras iniciativas se espera que el mundo de las algas cobre mayor dinamismo en el futuro; que el cultivo gane más terreno y que el desarrollo de nuevo productos con valor agregado se haga realidad, beneficiando a numerosas comunidades costeras a lo largo del país.

La irrupción de la seriola

En 2017 apareció en las estadísticas una nueva especie acuícola. Se trata de la seriola, pez cultivado desde hace varios años en la zona norte del país, por un buen tiempo de forma experimental, pero ahora ya comenzando su escalamiento comercial. Esta aparece con envíos que alcanzaron las 18 toneladas el año pasado, el doble en comparación con las 9 toneladas de 2016. Los retornos sumaron US$133.000, un 63% más que los US$82.000 del ejercicio anterior. Se trata de cifras modestas en comparación con otros cultivos, pero que marcan el comienzo de una nueva industria en un área geográfica donde la acuicultura ha estado bastante decaída, como es la zona norte.

“Actualmente, tenemos dos alternativas de exportación; el producto terminado en presentaciones de entero fresco con vísceras que va a la Comunidad Económica Europea, fundamentalmente, a Italia. Además, contamos con juveniles vivos de 1 gr de peso que van a mercados como Holanda, Alemania y México”, cuenta la gerente de Programa de Acuinor, Muriel Teixidó.

Respecto del aumento en las exportaciones, la ejecutiva explica que “se debe a que hemos alcanzado continuidad y estabilidad en la producción y cosechas en términos de producto terminado, exportando todas las semanas, en forma permanente, producto fresco”. En cuanto a los juveniles, hay programas de envíos todos los meses. “Para 2018 proyectamos una exportación de alrededor de 24 toneladas de producto terminado, lo que significaría retornos por US$260.000. A ello, debemos sumarle envíos de entre 360.000 y 480.000 juveniles, con retornos por unos US$1.062.000 a US$1.416.000”, concluye la representante de Acuinor.