Salmones afectados por cáligus

En Chile: Avanzando en el control del cáligus

El uso de diferentes productos y/o sistemas, sumado a una restrictiva normativa, está ayudando a la salmonicultura nacional a disminuir la presión de infestación de un parásito que significa costos anuales por cerca de US$350 millones.

En relación con el cáligus (Caligus rogercresseyi), el ectoparásito copépodo que afecta a la industria del salmón de Chile, se han registrado dos peaks durante la vertiginosa historia de crecimiento que posee la principal actividad acuícola del país y donde, es importante destacar, ambos se han asociado directamente con la evolución productiva que han presentado los cultivos de peces.

En el periodo 2000-2004, la producción de salmón Atlántico nacional pasó de tener una biomasa viva en el agua de unas 70.000 toneladas a 200.000 toneladas. En dicho periodo, el número de parásitos adultos se mantuvo cercano a las tres unidades por pez, aunque con tendencia al crecimiento. En 2007, el volumen de peces crecía por sobre las 300.000 toneladas y, con ello, se disparaban los cáligus. Se llegaba a un promedio de 25 parásitos por pez y el único producto –vía oral– que se ocupaba por aquellos días, el  benzoato de emamectina, perdía efectividad. “Lo terminamos matando”, reconoce un ejecutivo salmonicultor.

Esta desmejorada situación llevó a las autoridades locales a autorizar el uso de baños con peróxido de hidrógeno y, posteriormente, la aplicación del piretroide denominado deltametrina. Adicionalmente, se implementaba un programa específico para la vigilancia y control del parásito que instalaba el conteo periódico de la situación. Sin embargo, la suerte ya estaba echada y a mediados de agosto de 2007 comenzaba el desplome productivo debido a la acción del virus ISA.

Años más tarde, específicamente en 2010, la biomasa viva de salmón Atlántico, caía a volúmenes cercanos a las 130.000 toneladas y, con ello, el número de parásitos adultos disminuía a un promedio de 2,5 por pez. Todo iba bien hasta que la industria volvió a aumentar las siembras. En 2013 se llegaba a cerca de las 400.000 toneladas y los piojos de mar se encumbraban hasta los 12,5 cáligus adultos por pez. La deltametrina perdía efectividad y la autoridad volvía a autorizar el uso de un nuevo blanco farmacológico. Llegaba al país el azametifos, producto que se aplica vía baño y las infestaciones cayeron rápidamente a cerca de cinco parásitos por pez. “Su efectividad alcanzaba hasta el 98% y, desde este punto de vista, fue casi milagroso”, recuerda el jefe del Área de Salud de Intesal, Rolando Ibarra.

Pero este fármaco no ha sido la única herramienta que ha permitido a la industria chilena mantener niveles “estables” desde 2014 a la fecha. Al igual que en otros países salmonicultores, una serie de factores se han ido conjugado para detener la acción de un parásito que significa costos por más de US$300 millones anuales (ver Cuadro 1)

Coordinación y rotación

En 2013, una de las primeras medidas adoptadas por parte de la industria fue comenzar a trabajar en forma coordinada y bajo el alero de AquaBench. Es así como 14 productoras se sentaron en una mesa para tomar una serie de acuerdos y requerimientos productivos. Algunas de las acciones derivaron en la creación de comités ejecutivos, técnicos y grupos de trabajo en productos no farmacéuticos, así como la generación de diversos reportes y pruebas de tecnologías, modelos y tratamientos, entre otros.

Se puede destacar que, actualmente, este grupo se encuentra en la Fase II y que consiste en la mantención de la coordinación y la aplicación de un programa integrado de cáligus. “Este trabajo ha permitido un control más estratégico del piojo”, puntualiza el ejecutivo de Intesal, entidad que también participa de esta iniciativa.

Otro de los aspectos que ha obligado a los productores a mantener bajos los niveles de piojos es la nueva versión del Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Caligidosis, de 2015, y cuyas novedades más relevantes son que los centros de cultivo serán clasificados como de Alta Diseminación (CAD) cuando tengan un promedio igual o mayor a tres hembras ovíjeras del parásito; y que para el control de la infestación solo se permite un máximo de tres tratamientos consecutivos con productos de una misma familia o grupo.

Nuevos productos

La importancia de la última reformulación normativa se relaciona con que “una de las mejores formas de controlar al parásito es evitando la generación de resistencia a los fármacos”, dice el investigador del Atlantic Veterinary College, de la Universidad de Prince Edward Island (Canadá), Dr. Mark Fast.

Concuerda con lo anterior una de las científicas chilenas con más conocimientos en torno al parásito, Gladys Asencio, quien asevera que las mayores dificultades y tropiezos que ha tenido la industria se relacionan con la estandarización de los protocolos de aplicación de productos en las balsas jaula, “lograr las dosis efectivas en el tiempo en que se entregan y lograr una rotación efectiva de los fármacos para limitar la resistencia a cáligus”.

Y si bien muchos se preguntan hasta cuándo durará la protección que entrega el azametifos o los piretroides (deltametrina y cipermetrina), algunas alternativas ya las está entregando el mercado.

A mediados del año pasado, Elanco lanzó al mercado nacional Imvixa (lufenuron), producto que se aplica en los salmónidos vía alimento y durante la fase de agua dulce. Al 1 de mayo de 2017, cerca de 50 millones de peces han sido tratados con esta nueva herramienta, de los cuales un 37% completó su periodo de eficacia logrando un promedio de 35,8 semanas desde su transferencia hasta recibir el primer tratamiento por baño en el mar. El rango inferior y superior alcanzado se extiende entre 24 y 55 semanas, respectivamente.

“Es un producto muy interesante y que ha dado buenos resultados, permitiendo ampliar el periodo sin bañar”, reconoce el jefe del Área de Análisis de Intesal, Dr. Daniel Jiménez, quien adelanta que en los próximos meses podrían ingresar al mercado nacional nuevos productos.

Dentro del pool de alternativas, la actividad cuenta además con la que entrega el peróxido de hidrógeno, con una efectividad que puede llegar al 98% de mortalidad de los cáligus adultos y hembras ovíjeras; o más recientemente a través de tratamientos físicos, como el uso de agua dulce o agua salada a mayor temperatura. ¿Cuál es el beneficio de estos últimos?

Certificaciones

Para nadie es desconocido que las certificaciones están tomando un mayor peso en la decisión final de los consumidores y donde, además, los salmónidos “nunca tratados” están siendo premiados por los mercados con un mayor precio. Precisamente es el reconocimiento que ha buscado y logrado por parte de Sernapesca la compañía Nova Austral en la Región de Magallanes, lugar donde el cáligus casi no está presente y se ha logrado controlar la acción del SRS y BKD. En este caso, no se han utilizado antiparasitarios y antibióticos desde febrero de 2015 “porque el programa desarrollado por nuestro encargado de salud, Marcelo Brossard, en estrecha colaboración con el equipo de producción liderado por Arturo Schofield, se basa en prevenir”, dice el gerente general de la compañía, Nicos Nicolaides.

Una certificación que ha tomado peso en los mercados internacionales es la que entrega la Aquaculture Stewardship Council (ASC) y que premia el menor número de tratamientos con antiparasitarios. “Entonces, las empresas chilenas no solo han trabajado fuertemente para disminuir la presión ambiental sino que, también, existen incentivos para disminuir el número de baños por el lado de las certificaciones”, expone Rolando Ibarra.

Para tener una idea, y según datos aportados por Subpesca, en enero de 2016 se trataron cerca de 1.100 balsas jaula. Si se considera el universo total de unidades productivas estimadas en dicha fecha, unas 5.200 balsas jaula, y solo se incluye en el análisis a aquellas que contenían salmón Atlántico y truchas arco iris (las especies susceptibles), quedan unas 3.700 unidades. Es decir, durante el mes de mayor prevalencia del parásito, solo se trató un 30% del total (ver Gráfico 1).

Un aspecto que no se puede dejar de mencionar es que la industria chilena utiliza en mayor medida la estrategia de baño en comparación con los otros países productores, que realizan más tratamientos vía alimento (ver Gráfico 2). Lo anterior se debe a los positivos resultados que ha tenido en Chile el azametifos, principio activo que representó el 90% de los tratamientos efectuados en 2015 (ver Gráfico 3).

Modelos científicos

Una herramienta de lucha contra los parásitos que está tomando fuerza en países como Noruega, Canadá y Escocia es el desarrollo de diferentes modelos para predecir la dispersión y las dinámicas de infestación por piojo de mar en diferentes localidades geográficas. “El desarrollo de modelos hidrodinámicos de dispersión o de modelos estadísticos capaces de predecir las dinámicas de infestación se ven altamente favorecidos en países como Noruega donde existe una riqueza enorme de información disponible para validar dichos modelos. Los piscicultores en Noruega deben reportar a las autoridades sus niveles de infección por piojo de mar en la granja todas las semanas. Esto ha impulsado el desarrollo de modelos y ha permitido su adecuada validación”, dice Francisca Samsing.

Sin embargo, la investigadora aclara que para predecir la dispersión de enfermedades en sistemas marinos, es esencial incorporar el efecto de las corrientes de agua. “Por lo tanto, modelos hidrodinámicos que pueden predecir las condiciones ambientales (corrientes de agua, temperatura, salinidad), acoplados a modelos biológicos capaces de predecir la respuesta del parasito al medio ambiente son, posiblemente, la mejor alternativa existente hoy en día”.

En Chile varios grupos están trabajando estas herramientas y se adelanta que su uso de podría ser de gran ayuda para predecir la eficacia de diferentes medidas preventivas contra cáligus, “así como para modelar las ventajas de un manejo espacial que considere la conectividad entre centros de cultivo y evalúe los impactos de implementar tratamientos coordinados y descanso sanitarios por barrios”, analiza Samsing.

Futuros desafíos

“Advierto el panorama mucho mejor que años anteriores. La tendencia general ha sido una menor infestación y esto ha sido producto de una mejor coordinación y comunicación en la industria”, analiza el Dr. Daniel Jiménez de Intesal. Pero en la industria saben que no se pueden dormir en los laureles y que, por ello, se deben aprovechar todas las posibilidades de mejora que existan.

Una de las vías por donde está avanzando la industria es a través de las investigaciones que están realizando centros de investigación públicos y privados y donde destaca, por ejemplo, el Centro de Enfermedades impulsado por Sernapesca y SalmonChile y donde entidades como el INCAR buscarán contribuir con conocimientos locales relacionados con la genómica, resistencia a fármacos o generación de modelos epidemiológicos.

Desde ya se comenta que, por un simple análisis de ecología de poblaciones de parásitos, una mayor separación entre centros de cultivo de salmónidos ayudaría a disminuir la presión de infestación. En palabras simples, un área con mayor número de unidades productivas hace que aumente proporcionalmente la tasa de contacto de los cáligus. Por ello, desde la industria se insiste a la autoridad en la necesidad de avanzar en el proceso de relocalización de las concesiones.

En todo este panorama también se debe considerar el efecto que causará el cambio climático. “La distribución espacial y temporal que ha mostrado este parásito en los registros que mantiene la industria y Sernapesca desde el 2008 a la fecha, y como parte del programa de vigilancia de la enfermedad, es mayores abundancias en centros situados en condiciones marinas que aquellos de estuarios, y para los períodos de primavera-verano en ambos ambientes. Por esto, a medida que se produzcan alzas térmicas en las regiones que actualmente se desarrolla la salmonicultura, se registrarán incrementos del parásito en las regiones de Los Lagos y Aysén, aumentando la presión a las estrategias de control”, concluye la investigadora Gladys Asencio.

Con todo, es seguro que en el futuro la industria del salmón de Chile deberá ir enfrentando nuevos desafíos en relación con el cáligus pero, de la mano de la ciencia, proveedores y autoridades, se esperar que la lucha sea con más armas y de manera más sustentable.