Uso de robótica en acuicultura (referencial)
Uso de robótica en acuicultura (referencial)

En Chile: La robótica comienza a tomarse la acuicultura

Todavía se está lejos del uso de androides, pero la acuicultura mundial y chilena cada día entrega más faenas repetitivas o peligrosas a tecnologías autónomas o que pueden ser controladas a distancia. La cuarta revolución industrial ya está aquí y promete diversos desafíos.

En sus poco más de cuatro décadas de existencia como industria, la salmonicultura ha vivido dos grandes revoluciones tecnológicas. La primera se dio a fines de la década de 1980, al pasar de las balsas jaula de madera a las metálicas. Además de una mayor resistencia a las condiciones oceanográficas, este cambio permitió crecer productivamente. Junto con lo anterior, también se hizo necesario evolucionar desde un sistema de alimentación manual a uno motorizado, ya sea mediante blowers o, posteriormente, equipos centralizados. Ciertamente que estas dos innovaciones posibilitaron la considerable expansión geográfica que ha llevado al sector a convertirse en la principal actividad acuícola mundial en términos de valor.

Y si bien han ocurrido importantes innovaciones tecnológicas con el correr de los años, como la habitabilidad en los centros de cultivo o las aplicaciones derivadas de la recirculación de aguas, hoy la industria acuícola está ingresando de lleno a la llamada Cuarta Revolución Industrial, tendencia derivada de la automatización y transmisión de datos y que se puede ver representada con la llegada de diversos robot para ser usados a lo largo de toda la cadena productiva.

Antes de entrar en detalles, es oportuno realizar algunas definiciones. El experto de la compañía ABB Chile, David Pojomvsky, dice que “la robótica es una parte de la automatización y se refiere al uso de mecanismos controlados electrónicamente, con tres o más ejes que son programables”. No está demás señalar que ABB es la segunda empresa con mayor participación de mercado en robots industriales y que, en la pasada Aqua Nor 2017, se destacó por la exhibición de YuMi, una solución robótica de ensamblaje de piezas pequeñas con doble brazo que incluye manos flexibles, sistemas de alimentación de piezas, localización de piezas mediante cámaras y control robótico de última generación. En la oportunidad, se aseveró que este “compañero con posibilidades ilimitadas” puede ser utilizado en el procesamiento de salmónidos (ver artículo en esta misma edición). Pero volvamos a lo nuestro.

Robots de agua dulce

En la fase de agua dulce, una faena que se ha caracterizado por requerir de una minuciosa mano de obra es la selección de ovas o “picaje”, como se le conoce comúnmente. Con el objetivo de elevar la productividad de estas faenas, la noruega Skala Maskon creó la seleccionadora AGM, tecnología desarrollada en conjunto con AquaGen y Sintef y que puede clasificar hasta 130.000 ovas por hora. Según ha expresado PHARMAQ, representante en Chile de este sistema, el trabajo de la AGM permite reducir el número de larvas dañadas y el riesgo de enfermedades durante la producción.

Si bien su uso todavía no está masificado en el país, a nivel internacional y nacional la tecnología ha demostrado su eficiencia al eliminar automáticamente el material genético que no se hubiera fertilizado o desarrollado adecuadamente.

En esta etapa, los sistemas de alimentación también han avanzando importantemente. Es lo que se pudo apreciar durante la inauguración del Centro de Mejoramiento Genético (CMG) “Catripulli” de Hendrix Genetics, en la región de La Araucanía, donde las miradas de los invitados se las terminó “robando” un robot de última generación encargado de alimentar diariamente a los peces dispuestos en los 184 estanques de la Sala de Familias que posee la compañía.

“Nuestro trabajo requiere aislar cualquier factor no relacionado directamente con la genética y, por ello, optamos por el robot ya que entrega a todos los estanques exactamente las dosis de alimento especificadas”, comentó en la oportunidad el gerente general de Hendrix Genetics Chile, Rodrigo Torrijo.

Al respecto, el gerente general de Vard Aqua Chile, David Ulloa, comenta que las ventajas de su Feeding Robot “es una dosificación precisa, una entrega cuidadosa y con perfiles de alimentación que cubren las 24 horas”, agregando que “cuando se trabaja con programas de selección familiar, un factor clave es la alimentación, ya que esta debe ser estandarizada o equivalente a todos los estanques, de tal manera de minimizar un efecto distorsionador, recordando que  la expresión fenotípica  se basa en la genética y el efecto del medio ambiente. Por lo tanto, el efecto del medio debe ser estandarizado para no introducir sesgos externos. En este caso, el robot cumple ese objetivo como sistema de alimentación”.

Ulloa también destacó que “el robot instalado en Hendrix es de una nueva generación que cuenta con un software más robusto, sistema de asistencia vía remota, PLC con pantalla touch screen y un sistema nuevo de reconocimiento de posicionamiento”.

En esta área se puede considerar otro robot elaborado por Skala Maskon y que permite vacunar hasta 20.000 smolt por hora con una mayor precisión y constancia que la alcanzada por los humanos. Este equipo también está siendo probado en instalaciones nacionales con positivos resultados.

Transformando el mar

Los mejores trabajos para ser automatizados y/o robotizados son aquellos que se consideran peligrosos o repetitivos. Y como el agua no es el medio natural de los humanos, las faenas submarinas son las principales candidatas a ser reemplazadas por este tipo de tecnologías. La tendencia ya ha comenzado.

“Cada día más, la industria está adoptando los ROV (acrónimo del inglés Remote Operated Vehicle, Vehículo Operado a Distancia). Por ejemplo, nosotros ya hemos vendido unas 350 unidades de nuestro modelo más económico, el Deep Trekker, que puede llegar fácilmente a los 90 metros de profundidad y está siendo utilizado para inspeccionar las redes de cultivo”, dice el gerente general de AquaRov, Manuel Miranda.

Gracias a diferentes innovaciones que realizaron junto con los fabricantes de estos equipos, con el objetivo de robustecerlos, “estos ROV pueden ser utilizados ocho horas diarias, los 365 días del año”, puntualiza el empresario y agrega que “ha permitido disminuir importantemente los accidentes de los buzos”.

Y claro, es que además de las inspecciones, estas herramientas son empleadas para remover la mortalidad de peces o inspeccionar las líneas de fondeo. “También contamos con otros robot, más sofisticados, que pueden bajar a mayores profundidades y realizar tareas como limpieza de los fondos marinos”, detalla Miranda.

El consultor acuícola, Carlos Wurmann, estima que en el corto y/o mediano plazo “se hará más frecuente el uso de robot para la limpieza y reparación de redes”. Y la apreciación está lejos de ser futurista. En Aqua Nor fueron más de diez las compañías que ya estaban ofreciendo este tipo de tecnologías que operan a distancia y se caracterizan por cuidar las estructuras de cultivo.

En desarrollo

Pero más allá de los robots que se están utilizando actualmente, centros de investigación, proveedores y los mismos productores, están trabajando en conjunto para desarrollar nuevas soluciones que permitan operar las actuales y futuras instalaciones acuícolas. Es el caso de las instalaciones en mar abierto u offshore, donde el uso de estas tecnologías “no es electiva, sino que insoslayable. Acá, el manejo total de cultivo deberá poder ejecutarse y controlarse en forma automática, pues es altamente probable que las condiciones ambientales no permitan operaciones manuales durante buena parte del año, lo que hará que estas nuevas técnicas productivas dependan casi totalmente de la automatización de procesos y labores de control de los mismos”, agrega Carlos Wurmann.

En este ámbito, la oferta es variada. Por ejemplo se encuentra lo que está haciendo el centro de investigación Fraunhofer (EMB) en Luebeck (Alemania). Su jefe de Tecnología Celular Acuática, Sebastián Rakers, reconoce que están trabajando en nuevas soluciones para mejorar la salud de los peces, así como tecnologías para desarrollar la acuicultura integrada. Algunos ejemplos son “reconocimientos de imagen o técnicas sonares para la observación animal, clasificación, estimación de biomasa o calidad de agua. Esto permitirá el desarrollo de sensores, redes de sensores, sistemas autónomos, robots acuáticos (AUVs) para monitoreo e inspecciones, o la optimización de construcciones, modelamiento y energía”.

En la misma línea está avanzando el Sintef Ocean Aquaculture Technology, el centro de investigación más importante de Escandinavia. “De aquí a 2050 o, incluso, en 2030, no lograremos reconocer a la acuicultura de hoy”, dice categóricamente el director de Investigación de la institución, Arne Fredheim, quien aclara que, entre otros aspectos, asevera que “estamos desarrollando diversos sistemas que nos permitirán identificar a cada uno de los peces que están siendo procesados, como si la composición de su cuerpo fuera una huella dactilar”, explica el investigador antes de mostrar tecnologías submarinas autónomas que permiten saber, por ejemplo, si una red tiene alguna rotura y avisar a los encargados que existe una fuente de riesgo. No es necesario mencionar que están ad portas de contar con prototipos autónomos que analizarán el estado de los fondeos o tuberías “y que reportarán, gracias al Internet de las Cosas, a los encargados de los centros de cultivo si es que necesitan mantención, reparación o cambios. Insisto, en pocos años esta será una nueva industria”, reflexiona Fredheim.

Parte de los anteriores desarrollos están haciendo posible la instalación de nuevos conceptos de cultivo en países como Noruega. Uno de ellos es el iFarm, de Cermaq, y donde se adelanta que se basa en el reconocimiento fotográfico de los salmónidos. Esto permite controlar factores como crecimiento, piojos de mar, enfermedades, lesiones y otros aspectos que afectan la salud y el bienestar de los ejemplares individualmente.

“Estamos muy entusiasmados y ansiosos por comenzar pronto. En el futuro habrá requisitos más estrictos para la acuicultura e IFarm será una herramienta eficaz que reducirá el impacto ambiental al tiempo que garantizará el bienestar de los peces. La tecnología se puede utilizar en los centros de cultivos de mar así como en sistemas cerrados”, expresa Geir Stang Hauge, CEO de BioSort, compañía encargada del desarrollo del avance tecnológico.

No se pueden dejar de mencionar los desarrollos que están naciendo desde el Massachusetts Institute of Technology (MIT), Fraunhofer o desde la compañía APIUM, que están avanzando en la creación de “peces” robotizados que permiten ir dando cuenta, en tiempo real, de las condiciones oceanográficas que existen al interior de una balsa jaula o alrededor de ella.

Desafíos

Es claro que el desarrollo de nuevas tecnologías permitirá a actividades como la acuicultura llegar a otros niveles en términos de productividad y sustentabilidad y, con ello, satisfacer la demanda por proteínas marinas para la creciente población mundial, que se proyecta llegará a los 9 billones de habitantes en 2050. No obstante, también obligará a diferentes grupos a adaptarse a los cambios tecnológicos.

Pareciera que una de las labores que se ven más “amenazadas” por los robots es la que efectúan los buzos acuícolas y que, según el Instituto de Seguridad del Trabajo, llegan a un número cercano a las 5.000 personas en las categorías de buzo mariscador básico e intermedio. Sin embargo, la transformación tecnológica también le abre oportunidades ya que “ellos son los principales llamados a operar los ROV dado sus conocimientos del ambiente marino”, comenta Manuel Miranda, de AquaRov (ver artículo en esta misma edición).

Se prevé que los robots conllevarán cambios en la logística actual. Es el caso de las tecnologías que serán utilizadas para limpiar autónomamente las redes de cultivo y donde será cada vez menos necesario el uso de naves, puertos y/o talleres para transportar, reponer o pintar estas estructuras de contención de peces.

En el país, hoy no existe ningún tipo de legislación que analice el uso de ROVs o AUVs, tal como sucede con los drones aéreos y que son regulados por la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC). Se proyecta que la Armada u otra entidad relacionada, pronto deberá avanzar en este sentido.

Lo que sí está claro es que los robots, cualquiera sea su uso dentro de la cadena productiva, permitirán proteger la vida de las personas, requerirá trabajadores más especializados y dará un nuevo aliento al crecimiento productivo de una acuicultura cada vez más sustentable. Es cosa de tiempo.