Cultivo de microalgas (Foto de contexto. Créditos: Editec)

Cultivo de microalgas: Pequeñas de alta sofisticación

La producción de microalgas es un negocio atractivo y con bastante potencial. Quienes ya están en el rubro destacan que se requiere de profundos conocimientos y, sobre todo, de mucha paciencia hasta comenzar a ver buenos resultados.

El norte de Chile se ha convertido en un punto estratégico para el cultivo de microalgas. Debido a sus condiciones de alta radiación solar y amplios terrenos que no compiten con la agricultura, como sucede en el Desierto de Atacama, estas tierras se han convertido en la cuna de varios emprendimientos que, luego de años de investigación y desarrollo, ya están dando sus frutos.

Es el caso de Solarium Biotechnologies, la primera compañía productora de microalgas que se estableció en Chile y que desde 1995 produce spirulina en la Pampa del Tamarugal (Región de Tarapacá). Aquí, la firma –de propiedad un 76% chilena y un 34% española– posee instalaciones donde realiza el cultivo y da paso a productos de alto contenido nutricional, en cápsulas y en polvo, que se comercializan en el mercado local e internacional bajo la marca “Spirulina Mater”.

La producción de esta microalga se realiza en estanques de unos 20 cm de profundidad que deben estar en constante movimiento para que todos los microorganismos puedan recibir luz solar y hacer fotosíntesis. “La spirulina es conocida como una cianobacteria y puede provenir de mar o de lagos salobres. En nuestro caso, trajimos la cepa desde un lago salobre de México. Una vez que la microalga se va reproduciendo, el estanque se va tornando de color verde oscuro. Cuando está muy oscuro, cosechamos la biomasa con filtros de acero inoxidable. Luego, el agua se recircula”, explica el representante de la compañía, Alberto Shamosh.

En la Región de Tarapacá también está presente Atacama Bio Natural Products, compañía chilena con instalaciones cerca de Iquique que desde 2003 se dedica al cultivo de la microalga Haematococcus pluvialis. A partir de ella –y mediante un proceso tecnificado– se da paso a un producto de bastante demanda, como es la astaxantina. Este producto da como resultado un polvo de rojo intenso que en la acuicultura ha sido conocido por ser utilizado para dar coloración al salmón de cultivo. Sin embargo, hoy la salmonicultura prefiere usar astaxantina sintética, que es más económica, mientras que la natural se está destinando principalmente a la industria de la nutracéutica.

“En la actualidad, la astaxantina natural, que es un poderoso antioxidante, se utiliza principalmente para la formulación de productos para consumo humano, ya sea en cápsulas blandas, perlas, como un suplemento alimenticio o incorporada en chocolates. Solo en casos muy puntuales se emplea en la producción de peces y crustáceos en sus estadios juveniles y larvales”, relata el international marketing manager de la firma, Gustavo Jara.

Además de estos cultivos, en Chile también se ha estado explorando la producción de microalgas para biocombustibles. La Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) ha financiado algunos proyectos que tienen este objetivo, como es el caso de Desert Bioenergy, con operaciones en la zona de Tocopilla (Región de Antofagasta). Este grupo ha logrado implementar una planta piloto en los terrenos de la termoeléctrica E-CL, que ha permitido validar el desarrollo tecnológico de la producción de biomasa de microalgas usando agua de mar y aprovechando los gases de combustión provenientes de la compañía eléctrica para una mejor eficiencia del proceso.

De igual forma, en nuestro país está presente Clean Energy –que también ha recibido aportes de Corfo–, empresa dedicada a desarrollar proyectos y negocios energéticos utilizando los conceptos de biotecnología ecosustentable para la producción integrada de biomasa de microalgas, biocombustibles de segunda generación y compuestos de alto valor agregado en simultáneo con la captura de anhídrido carbónico (CO2) y de otros gases de efecto invernadero. La gestora de esta iniciativa es Andrea Irarrázabal, quien se ha mostrado motivada con las posibilidades que muestra este tipo de desarrollos.

Conocimiento y dedicación

A pesar de que existen varios negocios andando en materia de cultivo de microalgas, la industria chilena sigue siendo pequeña, con una producción anual de entre 15 y 25 toneladas. Es que producir estos pequeños microorganismos es bastante complejo. Se necesita contar con profundos conocimientos, dedicación y bastante paciencia, según comentan los involucrados.

“Este cultivo no es fácil. Nosotros hemos trabajado con un muy buen equipo de biólogo y químicos para que la producción se haga de forma adecuada, puesto que son muchos los factores que hay que controlar. Entre ellos el pH, oxígeno disuelto, salinidad y nivel de nutrientes. Además, hay que saber muy bien cuándo cosechar o no. Esto requiere de mucha investigación”, dice Alberto Shamosh.

Es por eso que Solarium Biotechnologies ha puesto a disposición su planta de producción para que otros interesados en el negocio realicen allí sus pruebas antes de iniciar operaciones. “Siempre hemos estado al servicio de la industria. De hecho, de aquí han surgido tres emprendimientos”, cuenta el ejecutivo quien recomienda, de todas maneras, realizar experimentos previos antes de invertir. A su vez, advierte que puede pasar mucho tiempo antes de obtener buenos retornos.

Atacama Bio Natural Products también ha invertido tiempo y dinero para dar paso a la producción de astaxantina natural que hoy posee. “Hemos apostado por el desarrollo biotecnológico, con una inversión de más de US$15 millones tanto en tecnología, infraestructura y personal altamente calificado”, comenta Gustavo Jara. El ejecutivo agrega que la principal dificultad de trabajar con microalgas tiene que ver con la “contaminación microbiológica, pues así como en salmónidos está el virus ISA o SRS, en estos cultivos aparecen frecuentes ataques de hongos, protozoos y bacterias que pueden desestabilizar la producción. De ese modo, se requiere de un entorno apropiado y cumplir con los protocolos para prevenir peligros”.

En el caso del cultivo de microalgas para biocombustibles, los emprendedores e investigadores se han encontrado con la dificultad de dar paso a una producción de gran escala que permita que el producto compita, en términos de precios, con los combustibles tradicionales. El académico de la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Dr. César Sáez, ha trabajado en diversos proyectos relacionados con este desafío, abordando fuertemente el concepto de biorrefinería.

Según las palabras del investigador, “reconocemos que es necesario resolver problemas inherentes a la producción a una escala razonable que permita, por ejemplo, cubrir la demanda de biodiésel en Chile empleando mezclas de biodiésel-diésel”. Hoy, él y su equipo están ejecutando un proyecto Fondef IDEA en dos etapas y cuyo objetivo es, justamente, resolver estos desafíos. “Estamos desarrollando una tecnología innovadora para realizar los cultivos en sistemas cerrados, ahorrando mucho espacio y evitando las contaminaciones que enfrentan los cultivos en piscinas”, precisa.

Buscando inversionistas

La producción de microalgas puede tener sus complejidades pero, sin duda, se ha convertido en un negocio interesante para quienes participan de él y se asegura que hay mucho potencial, sobre todo considerando las condiciones que tiene el norte del país para acoger este tipo de proyectos.

En el caso de la spirulina y la astaxantina natural, por ejemplo, se cree que estos productos seguirán tomando protagonismo a raíz de la consciencia que está tomando la población acerca de los beneficios de la nutracéutica. Además, hay otras microalgas a las que se les podría sacar mayor provecho, como la Dunaliella salina y Chlorella. “Hay mucho donde crecer, solo falta el interés de grandes inversionistas”, dice Alberto Shamosh.

El presidente del Programa Estratégico de Acuicultura de Corfo, Luis Pichott, opina que “esta industria es muy atractiva y creo que podría haber un desarrollo mucho mayor en la zona norte. En el área de los biocombustibles, por ejemplo, me parece bien que se estén haciendo estudios cuando el petróleo está barato, ya que la investigación debe ser contra cíclica, a modo de estar preparados para cuando el mercado esté apto”.

Desde la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), el jefe de la División de Acuicultura, Eugenio Zamorano, también ve con optimismo el desarrollo de esta actividad. “Estamos frente a una alternativa productiva interesante de abordar y que no podemos dejar fuera. En efecto, en el marco de la construcción de la Política Nacional de Algas que estamos preparando hemos incorporado a las empresas que trabajan en este rubro con el objetivo de que podamos hacernos cargo de las brechas y desafíos que requiere el sector y potenciarlo”, sostiene el funcionario.

Cabe destacar que, además de las iniciativas aquí mencionadas, en el país hay varias otras empresas y grupos de investigación que están trabajando en la producción de microalgas. Incluso, se están haciendo pruebas en el sur de Chile, con la esperanza de que en esta zona también se puedan viabilizar proyectos.