Revista Aqua Nº2010

diciembre de 2017

Mayor transparencia y control: Recepción de materia prima en la pesca industrial

La industria pesquera ha estado trabajando fuertemente para mejorar sus sistemas de descarga y recepción de la materia prima, invirtiendo tanto en infraestructura como en sistemas que permitan manejar de manera clara y eficiente la información.

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Planta de procesamiento de pescado

Los desembarques de la pesca industrial no son algo que ocurra al azar. Por el contrario, está todo estrictamente reglamentado. La Ley General de Pesca y Acuicultura establece que todos los armadores pesqueros, industriales o artesanales (de más de 12 metros) y lanchas transportadoras deberán informar sus capturas y desembarques. Además, a partir del 1 de enero de 2014, se establece que la información deberá ser certificada por una entidad auditora acreditada por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca).

“El tema está súper ordenado. Tenemos que cumplir con la normativa emanada desde Sernapesca acerca de la trazabilidad. Las embarcaciones saben que, con al menos dos horas de anticipación, deben notificar al servicio y solicitar la presencia de los inspectores en el muelle. Todo se registra, con documentación de por medio, lo cual es muy útil en lo relacionado con la pesca ilegal”, dice el gerente de Operaciones Pesca de Blumar, Enrique Cisternas.

No obstante, además de cumplir con la normativa vigente, las empresas pesqueras se han preocupado por mejorar su propio desempeño en la delicada etapa de desembarque y recepción de la materia prima, con el fin de ser más eficientes, amigables con el medio ambiente y transparentar aún más su operación.

Mejoras en descarga y transporte

Una vez que la embarcación llega a puerto, al menos en la zona central, hay dos tipos de desembarques. Lo más frecuente es la descarga directa, en la cual los barcos llegan al puerto y, dispuestos a un costado de una plataforma flotante, el pescado es succionado con una bomba de vacío y es transportado a través de cañerías hasta la planta de proceso. Aquí se separa el pescado del agua, la cual se recircula y es sometida a tratamiento. También existe, como alternativa principalmente para naves artesanales, la descarga indirecta, que es cuando el pescado es succionado desde la embarcación, pero dispuesto en un camión, donde es transportado hasta la planta. Aquí, el agua acompañante se acumula en un estanque y es igualmente desinfectada.

En los camiones, la sardina y anchoveta –cuyo destino es la harina de pescado– son dispuestas en tolvas herméticas, a granel. Cuando se trata de jurel, que va a consumo humano, se dispone en bins con hielo, pues aquí se requiere que el pescado permanezca en excelentes condiciones.

¿Qué mejoras se han implementado? De acuerdo con Cisternas, “cambiamos las bombas centrífugas por bombas de vacío, que son las mismas que ocupan los salmonicultores para trasvasijar el pescado vivo”. Además, dice, se ha mejorado el tratamiento de las aguas, las que antes iban al mar, pero hoy se recuperan y son tratadas de acuerdo con la normativa vigente. De igual forma, “ha evolucionado mucho el tipo de camiones que mueve la carga a granel a través de la ciudad. Hemos hecho todo un trabajo con el fin de mejorar las tolvas y no derramar líquido ni pescado. También se ha capacitado a los conductores, todo con el fin de no afectar a la comunidad”, cuenta el ejecutivo.

Con el fin de complementar estos avances, la Asociación de Industriales Pesqueros (Asipes) –con base en el Biobío– ha estado trabajando en la implementación de un Sistema de Monitoreo en Línea de Abastecimiento para la Industria Pesquera (SIDES), programa que contempla información sobre las descargas que reciben las plantas pesqueras, así como datos sobre las capturas de la flota industrial e información del posicionamiento de los barcos en alta mar. Con esto, “se busca optimizar el control y mejorar la transparencia  en la operación”, enfatiza la encargada de Sustentabilidad del gremio, Monserrat Jammet Leiva.

Este sistema ha significado para el sector un ordenamiento en la captura, recepción y transporte. “Ha permitido transparentar las faenas industriales, como también la materia prima que se recibe del sector artesanal. Permite desempeñar la actividad en forma confiable y pública”, precisa la ejecutiva.

Crustáceos y pez espada

En la región de Coquimbo, la situación es diferente. Aquí, la pesca de crustáceos, como langostinos y camarones, se da en áreas de pesca cercanas a la costa, de modo que la captura es mantenida en las embarcaciones con hielo líquido en escamas, para ser posteriormente descargada en puerto en cajas plásticas, las cuales son pesadas por los certificadores. Luego se sube a un camión refrigerado para ser trasladada a la planta de proceso. En el caso del pez espada, “este se descarga pieza por pieza”, cuenta el gerente de la Asociación de Industriales y Armadores Pesqueros de la Región de Coquimbo (AIP), Leandro Sturla. Añade que estas especies también pasan por el pesaje oficial, se chequea su temperatura y luego son embaladas en cajas con gelpack para ser trasladadas en camión hasta el aeropuerto más cercano, aunque hay quienes realizan un procesamiento previo.

“En ambos casos se busca que la descarga y pesaje sea lo más rápido y eficiente posible, con el fin de no alterar la cadena de frío ni la inocuidad”, destaca el ejecutivo. En cuanto a los crustáceos, estos cuentan con la certificación del Marine Stewardship Council (MSC), la cual ha implicado toda una modernización de los artes de pesca, implementación de buenas prácticas en flota y certificación de la cadena de custodia en las plantas de proceso, la cual da garantía de los productos provienen de materias primas certificadas. “Las empresas han debido implementar registros verificables de los orígenes, procesos y stock”, comenta Leandro Sturla.

Trazabilidad total

De acuerdo con la Asipes, con todos los avances que se han implementado los últimos años en materia de descarga y recepción de materia prima se puede decir que la pesca industrial cuenta con una completa trazabilidad, puesto que hay resguardo y transparencia en cada etapa de la operación. “El mayor desafío es que todos los productos logren tener trazabilidad. Fundamentalmente, que todos los sectores con actividad en el mar cuenten con un sistema de transparencia”, manifiestan.

Desde la AIP, en tanto,  destacan que esperan seguir trabajando con el fin de que las pesquerías de crustáceos continúen liderando en términos de sustentabilidad. Asimismo, seguirán preocupados de mantener un historial sin discrepancias de parte de los clientes, así como planean “evaluar proyectos destinados, por ejemplo, a la implementación de cargadores de hielo y cintas transportadoras para la carga y descarga de las embarcaciones”, según lo expresado.