La
acuicultura comercial chilena:
DESAFIOS, OPORTUNIDADES Y METAS HASTA EL 2020(*)
Por Carlos
Wurmann Gotfrit, Ing. Civil Industrial, M.Sc. Economía,
Consultor Internacional en Acuicultura y Pesca y Director
de Award Ltda., E-mail : carwur@ctcreuna.cl

Nadie que
haya observado de cerca el crecimiento de la acuicultura
comercial en Chile en los últimos 20 años deja de sorprenderse
con producciones que, en 1999, exceden las 300 mil t de
peces, moluscos y algas y que bordean los US$ 890 millones
en exportaciones.
El éxito
de esta nueva industria y sus tasas anuales de desarrollo
han excedido las proyecciones de los más entusiastas.
Por cierto, estos avances se han centrado, muy especialmente,
en el cultivo de los salmónidos, con unas 230 mil t en
1999, donde Chile ya es parte del club de los grandes
en el ámbito mundial, sobrepasado sólo por Noruega.
Los acuicultivos
ya están integrados a la cultura empresarial de Chile
y puede afirmarse, sin dudas, que a futuro un país que
se cuenta entre las diez mayores naciones pesqueras del
mundo, más allá de su vocación pesquera tradicional, tendrá
en la acuicultura el principal eje del desarrollo pesquero
nacional. Esto es así porque, salvo excepciones, la pesca
extractiva de especies marinas tradicionales ya alcanzó
sus límites sostenibles e, inclusive, los ha sobrepasado.
Por su parte, la acuicultura recién comienza a insinuar
sus verdaderas posibilidades.
A estas
alturas, las divisas que provienen de la acuicultura significan
casi un 50% del total del valor de las exportaciones pesqueras
del país; las cifras de empleo son especialmente atractivas
y el impacto sobre la economía de ciertas regiones es
revitalizador.
Existen
fundadas expectativas de que en el futuro cercano este
proceso de desarrollo continuará, por la vía de intensificar
los esfuerzos con salmónidos y otros productos actualmente
explotados, tanto como por la diversificación geográfica
y de especies en cultivo.
Proporcionalmente,
el desarrollo sectorial seguirá basado en las especies
actualmente explotadas, como los salmónidos y el ostión
del norte. No obstante, habrá profundas modificaciones
en el entorno, y al interior de estos quehaceres ,con
lo que se vislumbran innumerables cambios dentro de este
esquema de continuidad. Por cierto, ahora también existen
mejores condiciones para intentar diversificar los cultivos.
Probablemente
el sector privado liderará esta etapa, en lo que se refiere
a salmónidos y ostión del norte, pero es cierto también
que el Estado, a través de sus organismos de apoyo a la
investigación científica, tecnológica y empresarial, como
por medio de sus órganos reguladores, jugará un papel
de vital importancia. Los primeros, para apoyar el costoso
proceso de apertura hacia iniciativas de exploración tecnológica
con resultado incierto y, los segundos, para generar un
entorno legal y reglamentario que esté de acuerdo con
las necesidades sectoriales y no entrabe el crecimiento
por razones burocráticas.
Aunque
ya se destaca que en el curso de la presente década los
requerimientos de pescados y mariscos para abastecer el
mercado interno aumentarán substantivamente y ofrecerán
un amplio margen para el desarrollo de la oferta de productos
de la acuicultura, el país continuará basando el crecimiento
de los cultivos en la exportación de la mayor parte de
las cosechas futuras.
Así, de
una buena interacción entre el quehacer público y privado,
tanto como de un buen entendimiento del entorno internacional,
dependerá el éxito de la acuicultura chilena en años venideros.
El
futuro de la acuicultura:
una visión general
Los cultivos,
que en la actualidad representan un 26% de la disponibilidad
total de productos pesqueros a escala mundial, con 31
millones de t sobre un total de 117 millones de t en 1998,
y un impresionante 33% de lo destinado a consumo humano,
justifican su rápido crecimiento por el estado de cuasiestancamiento
en que se encuentran la mayoría de las pesquerías silvestres
de importancia comercial, que en muchos casos llegan a
la sobreexplotación y a la incapacidad de recuperación
en plazos razonables. También la pesca tradicional, en
cuanto "caza", es un proceso productivo incierto y, como
tal, sujeto a fluctuaciones que justifican los esfuerzos
por desarrollar una "agricultura pesquera" moderna y predecible.
La acuicultura
emerge como actividad que abre nuevas fronteras y de mucha
mayor estabilidad para sus actores sociales. Además, confrontando
las estimaciones más recientes sobre demanda potencial
y oferta por productos pesqueros para alimentación humana,
se evidencian desbalances de gran magnitud, que sólo podrán
ser resueltos mediante cosechas de cultivos marinos y
de agua dulce. Esta macro realidad constituye, entonces,
la base de sustentación de la acuicultura y garantiza
que esta industria se desarrolle con celeridad en las
próximas décadas.
Este desarrollo
implicará un aumento en la importancia relativa de los
cultivos marinos. Con esto, se modificará la situación
actual, en la que predominan cultivos en agua dulce, particularmente
en China y en otros países de Oriente, principales productores
mundiales del rubro. Se sabe que la ocupación mundial
de los cuerpos de agua interiores es bastante intensa,
ocurriendo exactamente lo contrario en el ambiente marino,
con lo que existe mayor margen para desarrollo en este
último entorno. También, las especies marinas reciben
generalmente una valoración de mercado mayor a aquellas
de agua dulce, con lo que existe un ambiente propicio
para incentivar un avance relativo mayor en cultivos marinos.
La acuicultura
también ofrece productos con los atributos que exige el
comercio internacional, a saber: consistencia en la oferta
(disponibilidad durante la mayor parte del año) , homogeneidad
de productos y mejor calidad. Por esto, existen enormes
posibilidades asociadas a las expectativas de un crecimiento
importante del comercio internacional de productos pesqueros,
que actualmente involucra a unas 4 de cada 10 toneladas
desembarcadas en el mundo, supera los US$ 51.000 millones
de exportaciones (1998) y produce importantes excedentes
para los países en vías de desarrollo.
Será también
desafiante, el "enfrentamiento" entre la pesca tradicional
y la acuicultura; si bien ambos sectores se ayudan mutuamente
en el logro de mejores lugares de mercado en relación
con otras carnes, cada uno separadamente desarrolla estrategias
para disminuir sus costos de producción y mejorar su imagen
frente al consumidor.
En la mayoría
de los casos, los costos de cultivo exceden a los de la
pesca extractiva para las mismas especies, pero producen
cosechas con mejores atributos comerciales que sus similares
silvestres. Se prevé, entonces, desplegar grandes esfuerzos
para tornar más competitivos los acuicultivos en relación
a la pesca, facilitándose además la competencia con productos
cárneos como pollos y cerdos. Así, en el futuro previsible,
no tendrá cabida el inmovilismo tecnológico ni organizacional
y, probablemente, se favorecerá el desarrollo de proyectos
de cultivo que, en la búsqueda de su proyección comercial,
serán de gran tamaño.
También se esperan mejoras en los sistemas de administración
de pesquerías, lo que evitará sobreinversiones, permitirá
hacer más eficiente y selectivos los procesos de captura
y mejorará la calidad y competitividad de la pesca. Debe
esperarse una utilización parcial de los más de 20 millones
de ton. de pesca incidental que hoy en día se descartan
y presiones crecientes para reasignar parte de las 25-30
millones de toneladas que hoy en día se destinan a fabricar
harina de pescado. Acá, ya se vislumbra una eventual escasez
mundial de harina de pescado en las próximas décadas,
lo que debería resultar en aumentos en los precios de
este insumo y/o en la introducción de sustitutos.
El aumento
de los cultivos significa hoy, y debe traducirse a futuro,
en algunos conflictos y en la necesidad de llegar a acuerdos
con las autoridades y con otros usuarios del borde costero,
de los ríos y lagos. La búsqueda de estos acuerdos le
quitará velocidad al crecimiento de la producción. Sin
embargo, significará agregar estabilidad a largo plazo
a esta industria emergente.
Estas situaciones
ya han resultado en la búsqueda de áreas de cultivo donde
puedan minimizarse los conflictos con otros usuarios,
tales como el medio marino oceánico, más distante de las
costas, expuesto a vientos, mareas, oleajes y que precisa
de nuevas soluciones de ingeniería y logística para operar.
No cabe dudas de que en los próximos 20 años existirán
alternativas viables y de aplicación masiva, que permitirán
que muchos países que hoy no se involucran en acuicultivos
comiencen a hacerlo; que se trabaje con nuevas especies
y en áreas geográficas hoy día vedadas para estos fines.
Con esto se modificará paulatinamente la fisonomía de
la acuicultura marina, con nuevas reglas a la competencia
entre países, productores privados y otros actores.
La demanda
mundial se verá potenciada y ampliada por mejoras en los
ingresos de la población y en las técnicas de distribución
y preservación; por el crecimiento urbano y por los atributos
de salud de los productos pesqueros. No obstante, se esperan
presiones ambientalistas que pueden deteriorar este panorama,
si la acuicultura no realiza algunas correcciones en su
quehacer, y no presenta un frente organizado para contrarrestar
campañas que la cuestionen. Los asuntos medioambientales
adquirirán una particular importancia en años venideros.
Así, presiones
medioambientales y la carencia creciente de espacio y/o
condiciones naturales apropiadas para realizar cultivos
en forma "natural", potenciarán el perfeccionamiento de
los métodos de cultivo con recirculación, con lo que algunos
países que hoy día se acercan tímidamente a esta industria
podrán incorporarse a la producción.
Sin dudas,
se puede aventurar que en las próximas décadas los cultivos
deberían sobrepasar a las capturas silvestres de recursos
pesqueros tradicionales. Además, dado su nivel de selectividad
en cuanto a especies y atributos, la acuicultura sobrepasará,
mucho antes, a los productos silvestres en términos de
valor.
Más
allá de la primera década del siglo XXI
En una
visión a 20 ó 25 años, las opciones de la acuicultura
son aún más promisorias, con cambios que dejarán obsoletas
las actuales estructuras productivas, tecnológicas y de
mercado. Enormes grupos humanos que hoy en día viven en
la marginalidad, en China, Africa y otras latitudes, tendrán
acceso al consumo, impulsando con fuerza los cultivos.
Los principales
cuerpos de agua dulce podrán haberse acercado a sus límites
de uso sustentable, con lo que los cultivos se centrarán
cada vez más en el entorno marino, al menos, para las
especies de mayor valor comercial.
Los usuarios
de espacios costeros destinados a los acuicultivos entrarán
en conflictos cada vez mayores con otros operadores urbanos,
del sector turismo, del ambiente portuario etc., lo que
motivará un avance muy claro de los acuicultores hacia
el entorno oceánico, en aguas desprotegidas, aunque aún
relativamente vecinas a la costa. También se viabilizarán
ciertos cultivos con recirculación, en lugares que hoy
en día resultarían insólitos y se habrá avanzado en relación
a técnicas de cultivo de 'circuito abierto' ( 'free fish
farming'), que evolucionarán para intentar hacer realidad
el 'pastoreo oceánico' o en aguas interiores de algunas
especies, agregando otro esquema productivo extensivo
a la acuicultura del futuro.
Será un
escenario en que el manejo genético habrá progresado notablemente
para un control de las principales dolencias que aquejan
los cultivos; para disponer de líneas de animales adaptados
al cautiverio, mostrando mejoras significativas en su
capacidad de utilizar dietas artificiales; para disminuir
mortalidades, acortar el plazo de crecimiento y generar
un producto comestible muy apetecible, a menores costos
y altamente competitivo con la pesca silvestre y otras
carnes.
Para entonces,
las comunicaciones se habrán perfeccionado tanto como
los sistemas computacionales y los mecanismos de control
remoto, con lo que los acuicultores tendrán un dominio
casi perfecto de las variables de sus cultivos. Se planearán
perfectamente las operaciones de cosecha, para coincidir
con las demandas del mercado y la calidad y estandarización
de los cultivos serán el requisito si ne qua non
para vender las cosechas, en un ambiente en que tal vez
un 50% o más del desembarque/cosechas mundiales entren
al comercio internacional, y se haya desarrollado un gran
interés por productos comercializados 'en vivo'.
Además de líneas de producto en fresco, congelados y en
conserva, entre otras, habrán aparecido en los mercados
diversas alternativas de preservación de los productos
pesqueros, que garantizarán la frescura y sabor de lo
cosechado por períodos de tiempo bastante extendidos,
lo que sumado a mejoras en los procesos de comercialización,
permitirá abarcar porcentajes muy mayoritarios de los
principales centros urbanos del orbe. A la vez, productores
y comerciantes lograrán acuerdos que permitirán satisfacer
las demandas específicas de buena parte de los variados
grupos humanos, caracterizados por los más diversos gustos,
culturas, creencias y hábitos.
El proceso
de globalización mundial habrá adquirido una proporción
fantástica y se sentirá, con mucha mayor fuerza, la presencia
de grandes consorcios internacionales de carácter industrial
y/o comercial, que rivalizarán con los gobiernos nacionales
en cuanto a directores del desarrollo. Estas enormes fuerzas
mercantiles imprimirán un importante sesgo al comercio
internacional, y aquellos actores que no adquieran una
escala de trabajo o negocio comparable, deberán operar
dentro de esquemas en los que carecerán de control sobre
las principales variables.
Así, también,
es previsible que el desarrollo tecnológico y el diseño
de nuevas estructuras ingenieriles puedan ser desarrolladas
preferentemente al interior de dichos complejos industriales
o comerciales, relegando el aporte universitario e institucional
tradicional a un segundo plano, e imprimiendo un sello
"propietario" al desarrollo de formas de trabajo que pueden
resultarles decisivas en la proyección de sus negocios.
Este interesante
panorama de acontecimientos futuros debe hacer reflexionar
profundamente sobre la vitalidad real del proceso de desarrollo
actual de la acuicultura chilena, y su capacidad de amoldarse
a los acontecimientos futuros. De no producirse acciones
concertadas desde ahora entre los principales actores
privados y entre empresarios y el Estado, es altamente
probable que aunque Chile destaque actualmente como productor
del rubro, su relevancia internacional disminuya a 20
años plazo. De no aprovecharse los espacios actuales para
crecer, desarrollarse y posicionarse en los mercados internacionales
con varias especies y productos, en un plazo relativamente
limitado, la industria chilena habrá perdido la ocasión
histórica de hacerse visible y jerárquicamente destacable
a nivel mundial, garantizando un desarrollo ininterrumpido
de este importante quehacer en toda la costa chilena.
Por cierto,
es altamente probable que la industria chilena habrá vendido
la mayor parte de sus intereses a capitales foráneos,
que dominarán ampliamente la producción y los mercados
mundiales. Estos estarán interesados en las verdaderas
potencialidades del país y serán capaces de realizar las
inversiones necesarias para su adecuada explotación.
Los movimientos
estratégicos para ubicarse adecuadamente en el mundo globalizado
son perfectamente visibles en muchas otras industrias
y, en el caso de la acuicultura, ya se perfilan los actores
globales del mañana, entre grandes compañías noruegas,
japonesas y holandesas, entre otras, que adquieren hoy
participaciones accionarias en diversas latitudes, a precios
hasta "sorprendentes", pero con la vista puesta en un
futuro muy prometedor, donde podrán predominar sin grandes
contrapesos.
La
acuicultura chilena y el cambio
Cambio
El mundo avanza vertiginosamente, y aunque el progreso
y el éxito hayan coronado los esfuerzos chilenos de las
décadas pasadas, en particular en la producción de salmónidos,
ostión del norte, ostras y macro algas, el cambio que
experimenta esta industria de año en año en todas las
latitudes no da respiro alguno.
Desde los
mismos comienzos de la producción comercial de salmón
en cautiverio, no ha habido ni un solo año de estabilidad.
La norma que ha regido a la industria a lo largo del tiempo
ha sido el cambio. A veces, este proceso ha utilizado
el ropaje de avances tecnológicos, o bien de la colonización
de nuevas áreas geográficas, o la ampliación del giro
hacia las fases de procesamiento y/o producción de alevines.
A veces se ha tratado simplemente de crecer y cuando ya
se creía llegado el momento de la tranquilidad, han emergido
los nuevos desafíos: la globalización de los mercados,
las necesidades de aumentar dramáticamente la productividad
y de profesionalizar la administración; el "encuentro"
con conflictos medioambientales; la necesidad de enfrentarse
a enfermedades; el proceso de integración y/o adquisición
de empresas; la llegada de empresas extranjeras de tamaño
apreciable; la acusación de "dumping"; la sobrevaloración
del peso chileno; la baja en los precios de mercado; la
crisis en los mercados - meta, entre otros.
Por cierto
que el cambio también será la regla en el futuro previsible,
aunque esta vez con un dramático agregado: la velocidad
tenderá a aumentar, generando desafíos permanentes a la
gestión de proyectos privados y, también, a la capacidad
de adaptación de los organismos públicos encargados de
los asuntos regulatorios y de otra naturaleza. Estos procesos
se darán también en un contexto de globalización creciente
de las fuerzas productivas y de mercado, con lo que se
conforma un panorama de enormes fuerzas, oportunidades
y desafíos que entornarán la acuicultura nacional de las
próximas décadas.
Sólo de una adecuada comprensión de la urgencia en las
necesidades de innovar y ser más productivo; de incorporar
nuevas tecnologías; de la cada vez más determinante influencia
del proceso de globalización mundial y de las reglas que
rigen los mercados internacionales, emergerán las fuerzas
para proyectarse al futuro.
Así, el
destino de la acuicultura nacional no sólo dependerá de
nuestras ventajas ambientales, sino que cada vez más será
el resultado de las habilidades para operar dentro de
un esquema estratégico bien pensado, de una organización
sectorial y nacional adecuada y de la voluntad y capacidad
para enfrentar procesos globalizados.
Las
expectativas básicas en Chile
Chile ha
avanzado en forma importante en años pasados, posicionándose
en 1998 como el octavo país del mundo en término del valor
de la producción de cultivo, y en un décimo tercer puesto
en términos de volumen.
Está claro
que el país va a continuar intentando hacer "más de lo
mismo" en los años venideros, pues los mercados para el
salmón y la trucha marina seguirán evolucionando y, otro
tanto, ocurrirá con el del ostión. En estos dos casos,
no es para nada aventurado suponer que la producción avance,
duplicándose cada cinco a diez años, por los próximos
10 ó 20 años.
Así, por
ejemplo, considerando que en el período 2000 - 2020 las
cosechas para estos productos aumentan solamente a una
tasa lineal, equivalente a aquella observada entre 1990
y 1999, se obtendrán las producciones que se registran
en el Cuadro 1, valoradas tal como se indica, si se utilizan
para estos efectos precios aproximados a aquellos vigentes
en 1999. En este escenario, las cosechas chilenas de salmónidos
y ostión alcanzarían a unas 600 mil t en el año 2010 y
900 mil t en el año 2020, con valores de exportación de
unos US$ 2.500 millones y US$ 3.800 millones, respectivamente.
En 1999,
las exportaciones del sector de la acuicultura prácticamente
igualan a la del resto de los productos pesqueros de Chile,
por lo que en el transcurso de la presente década la acuicultura
se consolidará como una actividad que sobrepasará con
creces a la pesca tradicional del país, constituyéndose
en el sector más dinámico de la actividad pesquera nacional.
Esto, pues no se esperan incrementos de importancia en
las capturas de las especies silvestres actualmente en
explotación.
Ahora,
cabe preguntarse si existen condiciones reales para que
se cumplan estos pronósticos y la respuesta inmediata
es: sí. Hay espacios para desarrollar los cultivos, existen
todas las condiciones para llegar a ser altamente competitivos
en el ámbito internacional y es difícil imaginar mercados
internacionales saturados de estos productos a mediano
plazo, o la emergencia de otros países productores que
puedan desplazar radicalmente a Chile. Claro, se prevé
una competencia internacional más acentuada que en la
actualidad y requerimientos de mercado desafiantes y severos,
aunque bien al alcance de las capacidades del país.
¿Hacia
una acuicultura chilena bipolar, cultivando salmónidos
y ostión(**)?
Una primera
visión de la acuicultura chilena del futuro es aquella
que concentra las expectativas en la profundización del
proceso de desarrollo en sus principales cultivos actuales,
tales como salmónidos y ostión. Obviamente, también existe
un manifiesto interés por convertir en realidad muchas
expectativas basadas en el cultivo de otras especies,
como se verá más adelante.
El
salmón
La industria
nacional del salmón de esta década se caracterizará, entre
otras cosas, por los acontecimientos que se describen
a continuación. Para comenzar, Chile continuará ocupando
un segundo lugar como productor mundial de salmón en cautiverio,
sólo a la zaga de Noruega, aunque disminuyendo la distancia
que porcentualmente se observa hoy en día con ese país
noreuropeo.
Se verificará
una fuerte concentración de la producción en empresas
de gran tamaño, caracterizadas cada una por producir entre
unas 10.000 t y 50.000 t por año y , probablemente, significando
más de un 60% - 70% de la producción nacional de salmónidos.
En este escenario, se espera la incursión de más inversionistas
extranjeros, con intereses globales en la industria de
la acuicultura.
También
se percibe una fuerte concentración en la capacidad de
producción de los principales insumos, alimentos, medicinas,
balsas jaulas, entre otros, con lo que las posiciones
negociadoras a través de toda la industria serán cada
vez más complicadas, pudiendo verse limitada una sana
competencia.
En materias
organizacionales, es posible vislumbrar una gestión cada
vez más difícil al interior de la Asociación de Productores
de Salmón y Trucha de Chile, organismo que, hasta la fecha,
ha resultado invaluable en la proyección internacional
de esta industria y que podría ver amenazada su sustentabilidad,
por la enorme diferencia de intereses entre sus miembros.
Con certeza, la industria aumentará substantivamente sus
niveles de mecanización y, en general, se prevé un fuerte
aumento en las inversiones ligadas a todo tipo de mejoras
tecnológicas. Se espera un enorme esfuerzo por profesionalizar
los cuadros técnicos y directivos en esta industria, con
fuertes presiones sobre las universidades e institutos
tecnológicos; por la oferta de cursos de especialización,
tanto como por programas para reentrenamiento continuo
del personal que actualmente labora en estos ámbitos.
Es previsible que en los próximos años se intente incorporar
nuevas especies al cultivo, tales como el salmón rojo
y el "artic char", entre otras.
El gran
tamaño de ciertas empresas salmoneras favorecerá el desarrollo
de un nuevo esquema productivo, de tipo "familiar", ligado
a su quehacer. Se trataría de trabajo asociativo con pequeños
productores a los que se les provee de "smolts", alimentos
y asistencia ictiopatológica y técnica, contra la venta
de toda la producción a esa gran empresa, en condiciones
preestablecidas.
La necesidad
de apertura de nuevos centros de cultivo requiere autorización
de las autoridades del caso, e informes de impacto ambiental,
ambos de difícil tramitación. De no disponerse de procedimientos
que logren agilizar los trámites para poner en funcionamiento
nuevos sitios de cultivo y/o ampliar los existentes, la
industria sufrirá un incuestionable estancamiento. También
se precisa de adecuaciones legales y/o reglamentarias
relativas a otros aspectos, como la zonificación de áreas
para cultivo; el uso de porciones oceánicas; problemas
sanitarios, de importación y el transporte interno de
material biológico vivo; el manejo genético y biotecnológico;
y el uso de medicamentos, entre otros.
Será necesario
que los productores de salmónidos sensibilicen a las autoridades
y a los agentes privados en relación con sus múltiples
necesidades, para conseguir adecuar obras de infraestructura
y las capacidades de múltiples servicios necesarios para
el buen desempeño de esta industria. Se vislumbran requerimientos
de caminos, transbordadores, mejores y mayores facilidades
en aeropuertos y puertos, aviones para transporte de carga
refrigerada en Chile y hacia el exterior, entre otros.
Es muy
importante la aplicación de esfuerzos concertados a través
de toda esta industria para mejorar substantivamente las
normas y prácticas de trabajo en todas las fases del ciclo
productivo y de transformación. La mejor manera de lograr
los avances deseados es a través de Códigos de Práctica
de aceptación generalizada, que deben ser implementados
a lo largo y ancho de esta industria. En este y muchos
otros sentidos, parece justificarse plenamente la vigencia
de una Asociación Gremial fuerte, con capacidad de representar
los mejores intereses de esta industria, tanto en el país,
como en el extranjero.
El creciente requerimiento de espacio para cultivo obligará
a ocupar zonas cada vez más apartadas de los centros urbanos
mejor equipados, por lo que se prevé con claridad una
fuerte presión por concesiones ubicadas en zonas costeras
y más expuestas de la XI y XII Regiones. Por otra parte,
el trabajo en entornos oceánicos expuestos, implica utilizar
nuevos medios y métodos de producción que paulatinamente
irán alterando la fisonomía de esta industria, para llegar
a abarcar porcentajes crecientes de la producción en los
próximos 20 años. Por esto, será necesario determinar
las áreas permisibles para este cultivo, so pena de entrampar
el desarrollo de la industria.
Desde ya,
Chile debe comenzar a desarrollar su propia ingeniería
y tecnología de cultivo en ambientes oceánicos y, si es
necesario, trabajar en asociación con otros países. Si
en el pasado se importó ingeniería y tecnología y se las
adaptó, no cabe dudas que el enorme tamaño que ya tiene
esta industria y, más aún, a los niveles proyectados,
justifica incursionar en la búsqueda de ventajas productivas.
La enorme
y hasta ahora lógica dependencia de las ventas de salmónidos
en Japón y Estados Unidos, motivarán un gran esfuerzo
para expandir los mercados de destino de la producción
chilena. Para cumplir con estos afanes, una vez más se
prevé la formación de asociaciones entre empresas para
mejorar las posiciones competitivas en el campo de la
comercialización. En paralelo, también es previsible la
inversión en renovados esfuerzos publicitarios para posicionar
marcas chilenas en los más importantes mercados salmoneros
del mundo.
Se aumentará
el nivel de elaboración y la variedad de productos con
valor agregado que serán exportados, tanto como de aquella
pequeña porción que se ofrezca en el mercado interno,
por lo que se prevén requerimientos de importantes inversiones
en plantas de procesamiento, equipos de frío, transporte
y almacenamiento.
La creciente
demanda mundial por harina de pescado y su eventual escasez
a mediano plazo generarán nuevos desafíos y oportunidades.
Así, se favorecerán, una vez más, los intentos por establecer
métodos de producción de circuito abierto u ocean ranching,
que prevén la liberación controlada de un número creciente
de "smolts", para permitir la engorda de los mismos en
su entorno natural y su posterior captura ya como adultos,
en su ciclo de regreso al sitio de liberación. Esta idea,
que fue prácticamente abandonada en la década pasada,
a pesar de los éxitos alcanzados en ciertas experiencias
de mediana escala, deberá recibir una mayor atención en
años venideros, y probablemente será aceptable como método
de trabajo en algunas zonas, en el curso de 10 a 20 años
más.
Por otro
lado, las empresas del rubro y las instituciones científicas
y tecnológicas deberían comenzar a trabajar en el desarrollo
de las alternativas y/o complementos de la harina de pescado,
asunto que ya es materia de atención en el norte de Europa,
y de cuyos resultados pueden deducirse importantes oportunidades
de negocio que no es posible desaprovechar.
Los inmejorables
atributos del salmón, sumados a campañas de promoción
razonables y a mejoras de productividad que permitan moderar
y/o bajar los precios, junto a las expectativas de aumentos
poblacionales y en los ingresos de los consumidores, conforman
un panorama prometedor para absorber volúmenes de cultivo
tan importantes como los presupuestados para el futuro
en Chile (560 mil t en el 2010 y 840 mil t en el 2020)
y en otros países.
El
ostión del norte
Esta industria
se ha desarrollado sobre la base de dos grandes ejes.
Primero, es sabido que por más de 15 años la disponibilidad
de semillas resultó limitante para el desarrollo industrial.
Así, mientras en la Bahía de Tongoy, IV Región, la biomasa
existente no permitió captar un número de semillas adecuadas
hasta mediados de la década de los 90, la producción nacional
fluctuó fuertemente y las empresas tenían tamaños "demostrativos"
que no constituían unidades económicas sustentables. Por
otra parte, comienza sus operaciones una gran empresa
en la III Región, la que por primera vez basa sus cultivos
en la producción masiva de semillas de laboratorio, generando
un segundo impulso que significa el despegue comercial
de esta industria.
Sin embargo,
aún hoy, la estructura organizacional, de tamaños y tecnológica
de estos productores no es estable y deberá sufrir profundas
transformaciones para consolidarse definitivamente y poder
avanzar.
Para comenzar, y salvo escasas excepciones, el tamaño
promedio de cada cultivo es bastante pequeño y, por lo
general, las empresas no poseen laboratorios de producción
de semillas ni plantas de procesamiento. Entonces, se
precisa aumentar la capacidad de cultivo por empresa,
para lograr entre 500 y 1.000 t de carne anuales en el
curso de la presente década, escala de trabajo que permitirá
tecnificar el proceso productivo y mejorar substantivamente
los niveles de gestión. Destaca también la necesidad de
mejorar la técnica de cultivo, mecanizando operaciones
y haciéndolas más eficientes en todos los niveles. De
momento, las actuales estructuras de costo no permiten
obtener utilidades interesantes en esta industria y este
hecho, íntimamente ligado al tamaño de las operaciones
y a su nivel de tecnificación, limita fuertemente el proceso
de capitalización y crecimiento, en particular en fechas
recientes, donde producto del fenómeno de "El Niño", se
han obtenido enormes producciones en el Perú, deprimiéndose
los precios de exportación locales.
Salvo en el caso de la Bahía de Tongoy, cuya biomasa y
dinámica permiten la captación de decenas de millones
de semillas por año, esta industria probablemente deberá
basarse en la producción de semillas en laboratorio. Sólo
así parece posible "colonizar" con este cultivo otras
bahías y zonas del norte del país, tanto como algunas
áreas de la zona sur. En esta última región se ha intentado
introducir este cultivo, aún sin demasiada sistematicidad,
para aprovechar la gran cantidad de alimento en suspensión
de sus aguas, las que hoy en día permiten producciones
de ostras, choritos y otros moluscos.
Por cierto
que se pueden dar procesos de consolidación y compraventa
de empresas, tanto como la incursión de nuevos inversionistas
nacionales y extranjeros, que aportarán nuevo dinamismo
a este quehacer.
El producto chileno
y el peruano, serán los más abundantes en esta parte del
mundo y se encontrarán compitiendo en varios mercados
importantes, como el francés y el norteamericano. En el
caso del ostión, el volumen global de las exportaciones
mundiales es bastante más restringido que el del salmón
y, en consecuencia, no es posible asegurar que no se produzcan
eventuales saturaciones e inconvenientes en las exportaciones
a los precios actuales. Con esto, parece ineludible realizar
mejoras de productividad, para moderar costos y precios,
y ampliar la base de mercado de este excelente producto.
Afortunadamente, existe un enorme campo para avanzar en
esta dirección, con lo que a pesar de ser desafiante,
el futuro de esta industria también aparece promisorio.
La asociación
del gremio y el trabajo mancomunado para desarrollar y
preservar mercados y para imponer normas sustentables
de cultivo, procesamiento y comercialización son indispensables
para la sustentación de este grupo y su desarrollo a mediano
y largo plazo. El ostión también emerge con la necesidad
de proyectarse como un "producto - país".
Ampliando
el horizonte: cultivos emergentes
La acuicultura
nacional de interés comercial ya incluye a otras especies
tales como macro algas, ostras, choritos, choro, turbot
y abalón. Además, se evidencian avances muy importantes
en la crianza de otros peces planos, erizos, puye, esturión,
pulpo, entre otros, aunque en esos casos todavía no se
alcance una escala de explotación de relevancia económica.
También
se realizan esfuerzos científicos y tecnológicos exploratorios
que permiten pronosticar la eventual entrada en producción
de otras especies nativas. Asimismo, podrían fundarse
esperanzas en la naturalización de otras especies exóticas
que muestran interesantes potenciales productivos y de
mercado.
Así, se presenta un marco de amplias posibilidades que,
de ser aprovechadas, podrán acompañar y reforzar lo que
se obtenga en el campo de salmónidos y ostiones, permitiendo
una creciente presencia chilena en la acuicultura mundial
y el desarrollo de nuevas alternativas de trabajo en vastas
zonas costeras que hoy en día permanecen al margen del
quehacer de esta promisoria industria. En principio, se
han identificado al menos 21 especies nativas y unas 18
exóticas en las que podría basarse una buena parte del
desarrollo sectorial. Tal como se expone en los Cuadros
2 y 3, y suponiendo que las diversas especies reciben
un nivel de investigación y desarrollo compatible con
las necesidades mínimas, en muchos casos es posible imaginar
un estado de explotación comercial a las alturas del año
2010.
Oportunidades
y condicionantes
En relación
con las posibilidades y condicionantes que se asocian
al desarrollo futuro del cultivo de otras especies y,
en algunos asuntos conexos con la profundización del esfuerzo
productivo en los cultivos de explotación comercial, se
pueden abordar distintos aspectos.
El
marco tecnológico:
Tal como
se evidencia en los Cuadros 2 y 3, las condiciones medioambientales
locales permiten pensar en el cultivo de un importante
número de especies en años venideros. Sin embargo, también
es evidente la necesidad de realizar enormes avances tecnológicos
para lograr los niveles de diversificación postulados
como posibles.
Entre los
cinco y diez años venideros, dichos avances se conseguirían
más fácilmente mediante la incorporación y adaptación
de tecnología originada en el extranjero, ya que la capacidad
de desarrollo local se evidencia como limitante, básicamente
por razones de aportes presupuestarios insuficientes y
por la carencia de "masa crítica" en las investigaciones
en curso. La experiencia ha demostrado que resulta más
barato y rápido pagar por paquetes tecnológicos ya desarrollado
y adaptarlos a las condiciones locales, que esperar la
maduración de investigaciones y experiencias realizadas
sin una concepción integral y por muchos actores con los
más diversos intereses y focos.
Destaca
acá la metodología actualmente empleada en el desarrollo
de las técnicas de cultivo de la merluza austral, donde
además de unirse el Estado, centros de desarrollo tecnológico
y empresas privadas, se trabaja sobre la base de un plan
integral, a partir de una experiencia comparable ya desarrollada
para el bacalao del Atlántico Norte, y donde en alrededor
de cuatro años se han realizado avances muy prometedores.
Es importante
saber que probablemente se requiera entre 10 y 15 años
de trabajo bien focalizado, con una inversión que no debe
ser inferior a los US$ 5 y US$ 15 millones, para el desarrollo
de la tecnología de cultivo comercial de una especie marina
de complejidad media. No cabe dudas de que, por una fracción
de dicho valor, es posible adquirir paquetes tecnológicos
foráneos, con capacidad de alcanzar resultados comercialmente
aplicables en el país en unos dos a cinco años.
Para favorecer
el desarrollo nacional de técnicas e ingeniería adecuadas
a los diversos entornos y especies, es muy importante
que el Estado priorice y densifique sus aportes en un
menor número de proyectos, con claras posibilidades de
éxito, y en las manos de instituciones que dispongan de
las capacidades para alcanzar los objetivos deseados.
Por cierto que acá no se está haciendo referencia a esfuerzos
parciales ni en pequeña escala, sino que a destinar recursos
sustantivos, del orden de unos US$ 50 millones en los
próximos cinco a diez años, con el fin de hacer viable
comercialmente unos tres a cinco cultivos adicionales.
La búsqueda de fondos y la determinación de prioridades
de uso podrían analizarse al interior de una comisión
multipartita ad hoc. De ella deberían surgir propuestas
para orientar el uso de los fondos concursables, y para
identificar las fuentes y medios por los cuales conseguir
el financiamiento requerido y sus mecanismos de aplicación
y control. También podría concitar apoyo la creación de
otras instancias permanentes para la discusión y análisis
de la acuicultura nacional, que permitan explorar sistemática
y periódicamente todos los mecanismos al alcance para
promover el desarrollo de este quehacer. Serían evidentes
las ventajas de crear una Fundación Nacional para el Desarrollo
de la Acuicultura, con un Comité Ejecutivo que incorpore
al sector privado, el Estado y a organismos de investigación
y desarrollo.
Incorporación
de capital:
Si bien en
las primeras etapas de desarrollo de la acuicultura nacional,
particularmente en la salmonicultura, se desarrollaron
proyectos que en su generalidad requerían de inversiones
del orden de US$ 1 y US$ 5 millones, es posible postular
que en las etapas de desarrollo futuras, los montos a
invertir para generar empresas competitivas internacionalmente
y sostenibles en el tiempo serán muy superiores, probablemente
en el rango de US$15 a US$ 25 millones. Sólo a esos niveles
ellos tendrán la capacidad para ir incorporando tecnología
de producción y administración según se requiera.
La importancia
de los montos de capital necesarios para el desarrollo
sustentable de proyectos de cultivo hace pensar una vez
más en una creciente participación de capitales extranjeros
en esta industria, asunto que manejado en una escala adecuada
podría agregar un gran dinamismo al sector, aunque pueda
preocupar que la incursión de posibles actores globales,
de gran tamaño y capacidad financiera, desnaturalice la
jerarquía de las urgencias sectoriales, desde una perspectiva
nacional. Por otra parte, parece particularmente atractivo
pensar en el desarrollo de fuentes adicionales de capital
de riesgo para esta industria y de sistemas de aseguramiento
que faciliten la capitalización de los proyectos del futuro.
Si se acepta que en esta década la producción en acuicultura
aumentará como mínimo a unos US$ 1.800 millones para el
2010 y a unos US$ 3.000 millones en el 2020, podrá estimarse
en primera aproximación que la industria requerirá inversiones
directas de unos US$ 2.000 a US$ 3.500 millones, y de
no menos de unos US$ 1.000 millones en el sector de apoyo
y suministros, más capital para reponer los activos actualmente
en uso.
La
revolución potencial del repoblamiento de las zonas costeras:
También se
espera el desarrollo de un nuevo acontecimiento, que podría
transformar las actuales pesquerías artesanales, dando
origen a un cambio estructural en este oficio milenario,
que hasta la fecha no ha sido capaz de sacar al pescador
de pequeña escala de su círculo de marginalidad económica
y social.
Aquí, se hace referencia a que, como producto de la reciente
reglamentación respecto a áreas de manejo, las comunidades
de pescadores organizadas pueden optar a la explotación
exclusiva de zonas costeras que se les concesionan para
estos efectos. Este hecho ha generado un incentivo real
para el manejo cuidadoso de los recursos bentónicos de
cada zona concesionada, y sugiere la posibilidad que esos
grupos de pescadores procedan a "sembrar" los fondos marinos
con semillas de diversas especies, las que luego cosecharán
en el momento oportuno. Se abren así enormes posibilidades
para redefinir el uso del borde costero chileno, y para
dar estabilidad económica y permitir el asentamiento permanente
de estas comunidades en sus sitios de origen.
Acá es
evidente que cualquier esfuerzo de poblamiento y/o repoblamiento
pasará por disponer de grandes centros proveedores de
semillas/juveniles en varias zonas del país, y que casi
con certeza este tipo de iniciativas escapan a las capacidades
cercanas de la mayoría de las comunidades de pescadores.
Si es este el caso, deberán surgir empresas dedicadas
a este rubro, que podrán financiarse privadamente, o bien,
inicialmente podrán ser sujetos de apoyo del Estado hasta
que se logre un cierto nivel de desarrollo de las comunidades
pesqueras costeras.
Acuicultura
oceánica, en estanques en tierra y recirculación:
La creciente
escasez de sitios protegidos o convenientemente localizados
para desarrollar cultivos hace prever un énfasis por la
búsqueda de soluciones y alternativas tales como la acuicultura
oceánica, en estanques ubicados en tierra y de recirculación.
Se espera
que en un futuro próximo, unos cinco años, comiencen los
primeros cultivos oceánicos de importancia. En principio,
debería tratarse de producción de salmónidos, pero de
comprobarse la viabilidad de la técnica, ciertamente se
expandirán a otras especies de importancia comercial.
En paralelo,
se continuarán desarrollando proyectos en estanques en
tierra, alimentados con agua de mar mediante bombeo, asunto
que permite independizarse parcialmente de las inclemencias
del océano, tanto como trabajar con ciertas especies en
ambientes muy controlados. Los cultivos del turbot y del
abalón han sido señeros, y han permitido un aprendizaje
aplicable a un sinnúmero de especies que serán motivo
de cultivo futuro.
También
se avanzará en el análisis de proyectos con recirculación
de agua, que ciertamente entusiasmarán a ciertos sectores
en el curso de la presente década. Este tipo de proyectos
requiere de una alta inversión por unidad de producción,
pero algunos aspectos operacionales y mejoras en las técnicas
de trabajo y equipamiento podrían hacerlos más atractivo
a futuro. En cualquier caso, por el momento, el desarrollo
de este tipo de iniciativas será bastante limitado en
Chile.
Policultivos:
La alta dependencia
de los productores locales de uno o de pocos productos,
le asigna un fuerte grado de vulnerabilidad a sus negocios,
que se ven afectados por problemas de mercado, enfermedades
y otras situaciones que comprometen su estabilidad. En
la medida en que el desarrollo tecnológico lo permita,
los productores trabajarán con varias especies, con lo
que diversificarán sus mercados, moderarán las fluctuaciones
estacionales de sus flujos financieros y de ocupación
de mano de obra, y disminuirán los riesgos asociados a
factores bióticos y abióticos.
Cultivo
de especies nativas:
La historia
reciente muestra que la acuicultura comercial chilena
ha basado la mayor parte de su desarrollo en especies
introducidas, como el salmón, la trucha , la ostra del
Pacífico, el Turbot y el Abalón. Acá se prevé que cuestionamientos
medioambientales harán enfatizar los esfuerzos por lograr
el desarrollo de técnicas aplicables a las especies nativas
de interés comercial que se detallan en el Cuadro 2. Además
de los aspectos técnicos, muchas de esas especies deben
enfrentar el desafío de ser poco conocidas en los principales
mercados internacionales, lo que requiere desarrollar
costosas campañas promocionales.
Diversificación
de mercados y mercado interno
Una parte
sustantiva de las exportaciones chilenas de la acuicultura,
y muy particularmente aquellas de salmón y trucha, se
concentran en los mercados de Estados Unidos y Japón.
Esto, porque ambas naciones son las principales importadoras
mundiales de productos pesqueros. Los acontecimientos
han demostrado que una estrategia de desarrollo basada
en tan pocos mercados resulta particularmente riesgosa
para los acuicultores nacionales, especialmente ante situaciones
recesivas. Así, es obligatorio intentar diversificar las
colocaciones de productos en muchos más países, de forma
de disponer de salvaguardas frente a las crisis que periódicamente
enfrentan los destinos principales.
Por otra
parte, hasta ahora, lo limitado de la demanda interna
por productos pesqueros ha volcado la mayor parte del
esfuerzo acuicultor hacia el exterior. Sin embargo, también
se vislumbran claras posibilidades en el mercado local,
que demandará un equivalente a más de 600 mil t de productos
pesqueros, volumen de desembarque, a las alturas del 2010.
Por increíble que parezca, en el curso de la presente
década Chile se convertirá en un importador de importancia
de productos pesqueros para consumo humano, pues difícilmente
podrá pensarse en disponer de dichos volúmenes con base
en los recursos de alta demanda actualmente explotados.
Se evidencia aquí un importante potencial de ventas para
especies de cultivo de precio medio y moderado, como los
mitílidos. Otro tanto ocurre con el bagre de canal o 'catfish',
especie introducida, actualmente en etapa pre-comercial,
de la que se espera un interesante desarrollo en el mercado
interno.
Ya se ha mencionado anteriormente para el caso del salmón,
pero no puede dejar de enfatizarse ahora, que entre los
demás elementos que serán muy trascendentes en el desarrollo
de nuevos cultivos destacan los asuntos medioambientales
y regulatorios, cuyo tratamiento debe evolucionar en forma
madura, tanto por parte del Estado como de la industria.
Por último, será obviamente determinante el 'ambiente
económico-país', pues de las condiciones económicas y
de la evolución del proceso de desarrollo general de Chile
se deducirán las reales posibilidades de invertir y exportar,
a las que se vincula indisolublemente el esfuerzo de diversificación
de la acuicultura nacional.
Las
metas
No es tarea
sencilla predecir el futuro, y mucho menos cuando se trata
de especies emergentes, que aún requieren de desarrollo
técnico, de ingeniería y/o de mercado para avanzar a su
etapa comercial. Sin embargo, es dable pensar en escenarios
plausibles y relativamente alcanzables, en la medida en
que no se modifiquen radicalmente las hipótesis en que
éstos se basan.
Es francamente
alentador pensar que sólo basados en las expectativas
de cultivo de salmón y ostión, se podrán alcanzar, como
base, producciones valoradas en unos US$ 2.600 millones
en el 2010 y en unos US$ 3.800 millones en el 2020.
Ahora,
suponiendo escenarios favorables y desfavorables para
el resto de los productos a cultivar durante la presente
década y la siguiente, se podría sugerir que el valor
de estos cultivos estén comprendidos entre unos US$ 184
millones y US$ 339 millones en el 2010, y entre unos US$
370 millones y US$ 890 millones en el 2020, tal como se
señala en el Cuadro 4.
Finalmente,
si se promedian los valores mínimos y máximos estimados
para la producción de especies emergentes, y si se agregan
las proyecciones para salmónidos y ostión, se puede calcular
que las expectativas medias del valor de la producción
de la acuicultura chilena en el 2010 y el 2020 alcanzará
a unos US$ 2.800 millones y US$ 4.500 millones, asociados
a volúmenes de unas 750 mil t y 1,2 millones, de t, respectivamente
( Cuadro 5 ).
Si se estima
preliminarmente que tanto en el 2010 como en el 2020 se
capturan unos 4,5 millones de t de pesca silvestre, cuyo
valor de mercado podría ser equivalente a unos US$ 1.200
millones, queda de manifiesto que a finales de esta década
los cultivos podrán representar del orden de un 15% de
los volúmenes totales desembarcados y un 70% del valor
producido, mientras para el 2020 los cultivos significarían
un 21% de las disponibilidades totales en toneladas y
un 79% del valor de la producción.
Entonces, desde ya y cada vez con más énfasis, deberá
hablarse en propiedad de que Chile es un país acuicultor
más que una nación pesquera.
Por increíble
que parezca, este hecho pasa aún desapercibido para la
mayor parte de la población nacional, y es menester darlo
a conocer con gran energía, para concitar la atención
y conseguir los apoyos que desarrollos de esta naturaleza
son merecedores.
La aventura
recién comienza.... No dejemos que esta extraordinaria
oportunidad se nos escape...
(*) Este artículo
corresponde a una versión abreviada especialmente
para AquaNoticias, de un estudio del mismo título
preparado por el autor en octubre 2000.
(**) En estricto rigor debería hablarse de una
base de trabajo almenos "tripolar", incluyendo
al alga gracilaria. Sin embargo, este último cultivo
no es de la especialidad del autor, por lo que en esta
se le ha presentado una menor atención relativa.
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