Un excelente uso, como abono, puede otorgarse a las jibias varadas en la costa. Así lo hacen en otros países donde las comunidades utilizan los recursos que les proporcionan estos fenómenos naturales, según han explicado fuentes académicas de la VII Región luego que miles de jibias vararan en la playa de Coliumo, cerca de Tomé. Así informó El Sur de Concepción.

Ciro Oyarzún, académico de la Universidad de Concepción, dijo al diario local que en la zona no es habitual observar estos varamientos, pero la historia local reporta que en isla Rocuant, Región del Bío Bío, si se producían.

El profesional informó que la jibia (Dosidicus gigas) es un molusco de corta vida con poblaciones muy variables. Algunos años abunda mucho y otros casi desaparece. Lo normal es que una vez que desovan las hembras, mueren dejando suficientes cápsulas con huevos para que la especie permanezca.

Según Oyarzún, un dato importante es que son depredadores muy activos, que pueden comer peces grandes como merluza, anchoveta y sardina. Una población de jibia persigue a sardinas o anchovetas y, en su actividad, agota el oxígeno del agua; los ejemplares se introducen en bahías donde es normal que exista escasez de este elemento y quedan encerradas, se empujan y varan en la playa.

“Si ahora hay abundancia de jibias y varamientos, probablemente se debe a la combinación de estos factores”, dijo el investigador. Agregó que al interior de la bahía de Concepción y cerca de la costa, el fondo ha acumulado mucha materia orgánica y fango reductor produciendo ácido sulfhídrico que se escapa como gas y, aunque es una especulación, si las jibias llegan a esa área tienen más probabilidades de varar aún. Oyarzún insistió en que las características de activo depredador de este molusco, seguramente dan base a lo que señalan los pescadores artesanales en el sentido de empujar a las sardinas lejos de la costa y de sus redes esta temporada.