Greenpeace investiga la actividad de las flotas de arrastre en aguas internacionales reguladas por la Organización de Pesca del Atlántico Noroeste (NAFO). La organización lleva ya documentadas las pesquerías de gambas de profundidad, gallineta y fletán.

La información, publicada hoy www.consumaseguridad.com, añade que la organización ha pedido a Islandia y otros miembros de la NAFO que pongan bajo control sus pesquerías de aguas profundas. Según Greenpeace, las capturas de fletán negro han aumentado desde 1990 como resultado del colapso de otras pesquerías de la zona, lo que ha provocado que la actividad pesquera se haya dirigido a zonas más profundas. Como especie de aguas profundas, se trata de un pez que crece lentamente y que es vulnerable a la sobreexplotación.

En 2003, la NAFO puso en marcha un plan de recuperación de esta especie para los próximos 15 años debido al mal estado del stock. Sin embargo, en junio de este año, los científicos de la NAFO informaron que la captura de fletán negro en el 2004 había superado en 27% la cuota impuesta por este plan de recuperación. Según estos datos, hay un 85% de posibilidades de que el plan no logre sus objetivos en el 2008 y la cantidad de fletán estimada en el 2004 ha sido la más baja desde que se cuenta con datos de esta especie.

En un informe del 2005, el Consejo Científico de la NAFO reiteró “su preocupación porque las capturas están compuestas de peces jóvenes, inmaduros, varios años más jóvenes que la edad a la que el fletán alcanza la madurez sexual”. Incluso España ha reconocido los elevados descartes en estas pesquerías. El área gestionada por la NAFO está asolada por la sobrepesca y sus miembros rompen habitualmente las reglas. No existen suficientes medidas para eliminar la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. En el 2005, cuatro de las seis poblaciones de peces que gestiona la NAFO están sujetas a una moratoria (prohibición de la pesca), debido a que han sido sobreexplotadas hasta el extremo.

“La industria pesquera ha ido respondiendo a la sobreexplotación de una especie tras otra dirigiendo su actividad a nuevas especies y pescando cada vez en zonas más profundas. Todo ello sin los datos necesarios sobre la biología de las especies que explotan y sobre los ecosistemas de los que éstas dependen. Es una situación totalmente opuesta a una gestión sostenible de los ecosistemas marinos”, añadió Losada.