(El Mercurio) Un escenario a lo menos complejo enfrentará el nuevo presidente de SalmonChile, Felipe Sandoval, una vez que asuma el cargo en febrero, en reemplazo de María Eugenia Wagner.

Sandoval, quien fue subsecretario de Pesca en el Gobierno de Lagos y que luego se incorporó a la plana ejecutiva de AquaChile -liderada por la familia Puchi-, presidirá un gremio cuyos integrantes enfrentan altos costos derivados del manejo sanitario de la operación, tanto por episodios de emergencia que han debido enfrentar en 2013, como por regulaciones del mismo ámbito que, como concuerdan en la industria, rigidizan la actividad haciéndola más cara.

En lo inmediato, en el sector reconocen que las preocupaciones apuntan a eliminar una serie de “lomos de toro” que afectan negativamente el desarrollo de la actividad. Entre estos, definir el modo en que se optimizará el espacio para producir salmones, sin que ello perjudique aspectos sanitarios o ambientales.

En ese ámbito, la industria debe ir acomodándose, luego de que a fines del año pasado empezara a aplicarse el reglamento de densidades de producción, que limita la cantidad de peces en el agua.Un tema relevante si se considera que en el ejercicio 2013 la producción se elevó a 700 mil toneladas.

A lo anterior, se suma la existencia de varias regulaciones del pasado -precrisis del virus ISA, en 2008-, que para las empresas no tienen sentido, y que se mezclan con normas generadas a propósito de esa crisis y otras más actuales.

De esto se deriva que existan sanciones que atribuyen la misma gravedad a un hecho irrelevante, “frente a otro importante, como, por ejemplo, no avisar que un centro salmonero tiene ISA, con el consabido riesgo de propagación”, reclaman.

Otra de las preocupaciones es la falta de espacio que enfrenta la salmonicultura para crecer. Las concesiones para operar los centros de cultivo son hoy un bien codiciado, y para las empresas del rubro resulta lógico que se generen nuevas áreas aptas para la acuicultura.

Pero el problema es que las zonas que naturalmente parecen adecuadas para esta actividad están cercanas a comunidades o interfieren con otras actividades como la pesca artesanal o el turismo.

Magallanes, por ejemplo, zona apta para la expansión del rubro, enfrenta un problema, ya que si bien se determinaron 13 macrozonas para solicitar concesiones, el espacio para ello se vería fuertemente reducido.

Esto, porque a nivel de autoridades existe una discusión sobre si las aguas que están en medio de los parques nacionales del área también deben considerarse parte del parque.

De ser así, en esas franjas no podría desarrollarse la acuicultura.

A su vez, si bien en la XI Región existen lugares para crecer, es un trabajo arduo que requiere de consultas con las comunidades, entre otras gestiones.

Institucionalidad del pasado

Otro de los objetivos de SalmonChile, señalan en la industria, apunta a hacer ver la importancia de que se renueve la institucionalidad en materia de acuicultura, pues esta es la misma de hace varias décadas.

En el sector advierten que, en el programa de Michelle Bachelet, la acuicultura no sería un tema prioritario.

En este sentido, una de las preocupaciones principales del rubro será trabajar con el objeto de que el Gobierno genere una contraparte adecuada para un sector que ya exporta unos US$ 3.000 millones anuales.

Actualmente, destacan, la Subsecretaría de Pesca está mayormente orientada al rubro de pesca de extracción, mientras que el sector acuicultor debiera, a juicio de la industria, contar con una estructura especial con más recursos y personal.