(El Mercurio) El virus ISA no solo atacó a los salmones, su industria y trabajadores. Con el tiempo su efecto llegó también a las universidades: en cinco años, Ingeniería Acuícola pasó de tener 1.464 a 591 estudiantes, según las cifras del Consejo Nacional de Educación.

Tal como esa carrera, en Ingeniería Forestal y Agronomía la matrícula ha caído sobre 30% desde 2009, mientras que en el sector minero y de seguridad laboral los alumnos se han triplicado.

Entre los especialistas y colegios profesionales existe consenso en que donde hay aumento de estudiantes se da una sana relación con la expansión del mercado laboral. También coinciden en que el sector pesquero se ha visto perjudicado por la baja del empleo, que ha desmotivado a los postulantes. Sin embargo, llama la atención que áreas más estables también hayan disminuido.

“Existe una baja en Ingeniería Forestal, lo que ha hecho que se cierren carreras y que los puntajes de ingreso hayan bajado (…) Es paradójico que, estando en una época en que las temáticas ambientales y de recursos naturales gozan de mucha importancia, esto no se vea reflejado en que más jóvenes quieran estudiar esta carrera”, comenta Jorge Goffard, presidente del Colegio de Ingenieros Forestales.

Para los especialistas, estas paradojas se explican por la falta de coordinación entre las instituciones de educación superior y las empresas. Álvaro Vargas, gerente general de Trabajando.com, plantea que es necesario que los sectores industriales promocionen sus mercados y que difundan cuáles son sus necesidades. Además, cree que en las casas de estudio el futuro laboral debe ser más considerado para analizar sus vacantes.

“Si la empleabilidad estuviera ligada a los recursos de las universidades, esto cambiaría y se harían más cargo del tema”, dice.
Daniela Torre, directora de Educación Superior de Innovum de la Fundación Chile, enfatiza que cuando existe esta articulación hay buenos resultados y muestra de ello es lo ocurrido con el sector minero, donde las empresas se han preocupado de manifestar sus requerimientos. Esto explicaría en buena medida el alza de Técnico en Prevención de Riesgos, Ingeniería en Automatización y las carreras netamente mineras.

“Hay otros países que tienen consejos regionales que levantan información (sobre las necesidades de cada sector y la oferta educativa). Nosotros tenemos desvinculados absolutamente los dos mundos y las instituciones de educación superior van detrás”, afirma.

La falta de información también se advierte en la opinión pública, dice José Joaquín Brunner, académico de la UDP. El ex ministro plantea que muchas veces los efectos comunicacionales sobre algunas áreas son los que están afectando -para bien o para mal- las elecciones de los jóvenes.

En esa línea, Goffard afirma que hay desconocimiento de muchos postulantes, influido aún más por el surgimiento de nuevos programas con un nombre distinto, pero de contenido similar.

Para Fernando Agüero, presidente del Colegio de Ingenieros, lo anterior se reafirma al observar que hay ingenierías que aparecen con sueldos menores a $800.000, lo que se justificaría por la baja duración de esos programas, “que engañan a la opinión pública al usar el nombre de Ingeniería”.

Y si bien el líder del gremio ve con interés el crecimiento en las carreras de seguridad laboral, comparte la alerta sobre la baja articulación de planteles y mercado. “Si se mantienen los ingresos de 2013, en que las matrículas superaron los 71.000 estudiantes en el área de Prevención de Riesgos, este mercado se podría saturar en los próximos cinco años, especialmente para carreras técnicas”, advierte.