A continuación reproducimos una columna de opinión del ex ministro del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC), Julio Peña Torres, quien en el diario El Mercurio se refirió a la coordinación productiva y la libre competencia en la industria del salmón de Chile:

«Algunos creen que conductas de coordinación productiva entre empresas rivales son, siempre y necesariamente, una señal de colusión. Pero como muchas otras cosas de la vida, esto no es más que una cruda simplificación. Aterricemos este concepto respecto de los desafíos productivos de llegar a nuestra industria salmonicultora, que el año pasado exportó unos US$3.000 millones.

El cultivo de salmónidos en Chile ha pasado por años difíciles. Primero la crisis del ISA (2008-2010) y luego bajos precios (2011-2012). En los próximos años, además de racionalizar regulaciones que surgieron como soluciones de emergencia para enfrentar la crisis, se deberá transitar hacia una nueva fase de maduración. Habrá que resolver desafíos de reordenamiento territorial; crear nuevos mecanismos para asignar nuevas áreas de concesión acuícola y consolidar los mecanismos de control para resguardar el activo sanitario del sector. Todo esto pasa por organizar en forma eficiente la producción en barrios y macrozonas, separadas por corredores libres de concesiones.

Ocurre que gran parte de estos desafíos requiere desarrollar mecanismos de coordinación productiva entre empresas. Esto es esencial para prevenir que los descuidos y negligencias, o riesgos calculados de algunos, terminen perjudicando la calidad sanitaria de cuerpos de agua que sustentan producción también de otras empresas. Habrá que definir métricas estandarizadas de producción y control, específicas a cada centro y barrio. Esto requerirá compartir información productiva y sanitaria, con efectos en el valor de mercado de las concesiones.

Frente a estos desafíos, hay algo que desde ya está muy claro: más y más regulación definitivamente no es la solución. Existen dificultades evidentes para la fiscalización estatal, unido al fuerte incentivo a subreportar problemas sanitarios, en tanto existan programas de vigilancia que castiguen a los centros con mayores scores de problemas sanitarios.

La solución pasa por desarrollar mecanismos novedosos de coordinación productiva entre empresas. Solo esto permitirá consolidar un futuro sostenible para la industria. Habrá entonces que diseñar soluciones de mercado algo más complejas que las tradicionales, en donde cada empresa forje su destino no solo en virtud de su horizonte individual, sino también basada en que todos y cada uno cuiden el activo sanitario del cual pende su futuro.

Esta no es la primera ni será la última industria en donde esfuerzos de coordinación productiva entre empresas se transformen en pieza clave para lograr ofrecer servicios productivos eficientes y sostenibles, que permitan aprovechar en plenitud las ventajas sociales del libre mercado. Sobre esto, hay décadas de historia en las industrias de transporte, con economías de redes que requieren sofisticados acuerdos de coordinación entre empresas. Es el caso de las conferencias y consorcios navieros. Y también más recientemente, como reacción a los procesos de liberación parcial en los mercados aeronáuticos, las alianzas mundiales entre aerolíneas con códigos compartidos y acuerdos interlíneas. O la experiencia de racionalización productiva que vivió la industria extractiva del petróleo en Estados Unidos durante los años de posguerra e incluso hasta 1975 (con distintas velocidades de avance, según el Estado productor involucrado). Y esto, como tardía reacción frente a una prolongada fase previa de sobreextracción, costos en espiral alcista y desplome de los precios de venta del petróleo.

Entonces, el futuro salmonicultor en Chile plantea nuevos desafíos de coordinación e innovación empresarial. Pero también riesgos para la libre competencia. Por lo mismo, avances virtuosos en esta nueva etapa requerirán diálogo dentro de la industria y con la autoridad sectorial. Y también responsabilidad empresarial para potenciar los efectos sociales virtuosos de los nuevos mecanismos de coordinación, pero además para evitar la tentación de crear rentas colusivas a corto plazo, lo que tarde o temprano solo traería desprestigio y sanción social a la industria».