(24Horas.cl) Hay tres razones. Una, cultural; Chile mira más hacia el interior y al campo. La segunda está relacionada con el precio y la última con la confianza. “No es muy popular el consumo fresco en Chile, tiene mala fama por un tema sanitario y esto reduce el consumo”, dice por teléfono volviendo del sur hacia Santiago (Región Metropolitana) el jefe de la División de Desarrollo Pesquero de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), Alejandro Gertosio.

Un kilo de reineta o merluza cuesta en torno a los $2.000 en el Mercado Central, mientras que en el supermercado supera los $4.000 y $3.000, respectivamente, según datos del Servicio Nacional del Consumidor (Sernac). Esta misma institución reporta que el kilo de pollo apenas llega a los $2.000.

“Chile es una economía abierta y el pescado se exporta”, explica Gertosio, “por lo que disminuye la oferta local y aumenta el precio”. Los mercados internacionales demandan en gran cantidad harina de pescado y están dispuestos a pagar mayores montos. “Si mejoramos la calidad del producto”, razona, “no bajará el precio, pero pagaremos por un producto que te dé confianza”.

En este sentido, se trabaja en dos líneas. Por una parte, la mejora de las infraestructuras de las caletas y las embarcaciones, “lo que repercute en los consumidores porque mantiene la cadena de frío y llegan en mejor calidad al mercado de destino”. Del otro lado, incentivar a las “empresas para que destinen pescados que, tradicionalmente van para harinas, sirvan para consumo directo”, apunta Gertosio.

Mejor, el graso

Sus más de 4.000 kilómetros de costa han convertido a Chile en uno de los principales países pesqueros a nivel mundial, ocupando a finales de 2013 el puesto número 12 según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). A nivel de Latinoamérica, se disputa el primer puesto año a año con Perú, mayor consumidor de la región con 22 kilos per cápita.

En nuestro país, sin embargo, se consumen 7 kg por persona cada año. La mayoría son pescados magros (pangasio, merluza, congrio, reineta, corvina, pejererey) y “deberían comerse más grasos” (salmón, jurel, sierra, atún), recomienda el nutricionista Samuel Durán, “porque tienen mayor concentración de EPA y DHA”, ácidos grasos beneficiosos para la vista y el desarrollo cerebral.

Durán recuerda que hay que comer dos trozos de pescado a la semana y que, sobre todo, hay que evitar freírlos, pues pierden sus cualidades nutritivas. “En Chile nos gusta más el pescado frito, pero el EPA y DHA son muy sensibles a la temperatura”, explica el nutricionista. Las alternativas: al horno, cocido o a la plancha.

Advierte, además, que no se aconseja comer pescado crudo. “Hay que tener cuidado con los parásitos; el limón no los elimina” y recuerda que los nuggets de pescado no son sustitutos.

“Para los vegetarianos o veganos que no consuman carne”, continúa, “pueden cambiarlo por aceites de pescado y aceite de microalgas que son ricos en EPA y DHA”. El nutricionista calmó la alarma sobre el mercurio. “Los pescados en Chile tienen niveles tan bajos de mercurio que es muy difícil que se tengan problemas”.

Seguir el modelo peruano

El 60% de los desembarques se producen en las regiones del sur (Biobío, Los Ríos, Los Lagos y Aysén). También Tarapacá es una de las zonas más pesqueras de nuestro país, según el último Diagnóstico del Consumo Interno de Productos Pesqueros en Chile, publicado en 2012.

La anchoveta, la sardina común y el jurel fueron, según el último informe de septiembre de este año de la Subpesca, las especies más extraídas. Son, además, los principales de componentes de la harina de pescado, cotizada altamente en el extranjero.

“Las cuotas han disminuido”, confirma Alejandro Gertosio, por lo que “el espacio para aumentar el consumo va por el desarrollo de nuevos productos en base a materias primas más baratas” como, precisamente, el jurel, la anchoveta y la sardina. El representante de la Subpesca se fija, de hecho, en el modelo peruano, que “tiene una gama de productos en base a la anchoveta muy variada y muy apreciada por los ciudadanos, a precios asequible. Ahí tendríamos una línea interesante”.

El sector pesquero y acuícola suponía el 1,05% del PIB a finales del año pasado. Sus exportaciones son, sin embargo, el 7,5% de las ventas nacionales al exterior, destacándose los salmónidos entre los productos más exportados después del sector minero, según datos de la oficina de Aduana de septiembre de este año.

Se vende, sobre todo, a Estados Unidos, Japón, Brasil, China, Rusia y España. Sin embargo, también importamos pescado. Ecuador es nuestro principal suministrador, al que le compramos atún en conserva y sardina y camarones congelados.