(La Tercera) En Argentina, país en el que la soya es un eje fundamental de la economía, la batalla sobre los impuestos a las exportaciones de este producto ha llevado a los granjeros a tener que defender sus campos por la noche, en medio de acusaciones de que están escondiendo las cosechas para sabotear al gobierno.

Y en el centro de todo están las “silobolsas”, bolsones con forma de salchicha, de 3,7 metros de diámetro y 60 metros de largo , capaces de llegar a almacenar 12.000 bushels de granos o semillas durante tres años. Algunos granjeros del país aseguran que usan estos contenedores sólo con el fin de guardar sus cosechas hasta que puedan sacarlas al mercado, mientras que otros las ven como un tipo de cuenta de ahorro.

Sin embargo, el gobierno de Cristina Fernández acusa a los granjeros de estar juntando sus cosechas para así evitar pagar el controversial impuesto a las exportaciones de este commodity, que alcanza al 35%. Con el dinero que los envíos de soya reportan al país, se financia un tercio de todo el gasto público de Argentina.

Según los agricultores, como el discurso de la Presidenta Cristina Fernández se ha vuelto cada vez más virulento de cara a las elecciones presidenciales del 25 de octubre próximo, la situación ha escalado a ataques nocturnos que culminan con algunas silobolsas destrozadas.

“Usar silobolsas no es una opción, es una necesidad”, dice Gabriel de Rademaker, vicepresidente de la Confederación Rural de Argentina, desde Oliva, una comunidad agrícola de 12 mil personas y que es el epicentro de los ataques. “El gobierno controla las licencias de exportación de algunos granos y la falta de infraestructura significa que a veces tienes que esperar semanas por camiones para que vengan a recoger las cosechas”, sostuvo.

Argentina es el principal exportador de aceite de soya y sus derivados en el mundo, que son usados frecuentemente en la alimentación humana y animal.

Mientras que los granjeros aseguran no saber quién está detrás de los ataques de sus cosechas en los silos, es claro para ellos que el conflicto tiene matices políticos. Un grafiti encontrado en Oliva, ubicada al norte de Buenos Aires, esgrime la frase: “Sé patriota, destruye una silobolsa”.

¡Acaparadores, especuladores!

Lucas Lingua, un granjero de Oliva que afirma que sus silobolsas habían sido destruidas, sostiene que almacenar las cosechas en este tipo de artefactos es fundamental.

“El odio ha surgido desde arriba, con su mensaje que nos hace sonar como acaparadores, egoístas y especuladores codiciosos, siendo que muchas veces tenemos que guardar granos para poder comprar un tractor”, sostiene Lingua. “Todo esto es claramente presión y están obligándonos a vender nuestra mercancía”, se quejó.

Durante el último año se reportaron 30 ataques de silobolsas, de acuerdo al diario argentino La Nación. Por su lado, la provincia de Córdoba comenzará a usar drones para combatir los ataques, según el ministro provincial de Agricultura, Julián López.

La Presidenta Fernández ha tenido enfrentamientos con los granjeros desde que llegó al Congreso en 2007, cuando promovió el aumento del impuesto a las exportaciones a 45%. Eso condujo a una huelga de 129 días, con cortes en las rutas y desabastecimientos de comida en todo el país. El conflicto terminó en julio del 2008, cuando el vicepresidente Julio Cobos votó en contra del aumento.

Elecciones presidenciales

Los agricultores dicen que el actual impuesto de 35% a las exportaciones hace que sus operaciones no sean rentables y que, además, los incentiva a esperar a las próximas elecciones, con la ilusión de que un nuevo gobierno impulse una política tributaria diferente. “Los granjeros están esperando señales de candidatos presidenciales para decidir qué plantar entre junio y septiembre”, señala De Rademaker.

Candidatos opositores como Mauricio Macri y Sergio Massa han dicho que reducirán los impuestos a las exportaciones para promover la inversión en el país. Daniel Scioli, el político más cercano a la administración actual, no se ha referido a las políticas agrarias.

En el último año, los granjeros argentinos guardaron un récord de 10 millones de toneladas de soya en silobolsas. Esto, en medio de una baja sostenida en el precio mundial del grano: el año pasado, el valor a futuro de la soya retrocedió 13%. Una caída de esa magnitud hace más difícil para el país acumular las reservas necesarias para pagar sus deudas e importaciones.

Récord de cultivos

El gobierno argentino estima que los agricultores han acaparado el 18% de toda la producción de la última temporada, que anotó una cifra histórica de 53,4 millones de toneladas métricas, equivalentes a US$ 3,7 mil millones.

El jefe de gabinete de Argentina, Jorge Capitanich, dijo en enero que los granjeros están perjudicando las finanzas del país a través de esta supuesta acaparación. En las primeras siete semanas del año, el país exportó apenas US$ 1,8 mil millones en granos, la cifra más baja desde 2007.

Durante el 2014 se vendieron US$ 24,1 mil millones en los mercados globales, lo que fomentó el crecimiento de las reservas del Banco Central.

En la misma línea, el banco de inversiones Morgan Stanley pronostica que en abril, cuando comience la cosecha de la temporada, se alcanzará un nuevo récord de producción, llegando a las 57,8 millones de toneladas.

Por otro lado, el Banco de la Nación Argentina, de propiedad estatal, ha negado el financiamiento a los granjeros que estén almacenando semillas de soya de más. Capitanich lo consideró “una medida razonable” y amenazó a las dos principales asociaciones granjeras de cerrar sus cuentas en el banco más grande del país. Ante esto, organizaciones han presentado una demanda, acusando prácticas crediticias discriminadoras.

Otras silobolsas fueron víctimas de vandalismo en febrero en el pueblo de Henderson, 420 kilómetros al oeste de la capital, de acuerdo al diario La Nación. Los ataques están aumentando las tensiones y han llevado a los granjeros a formar patrullas para vigilar los terrenos.

“Los granjeros están patrullando para proteger lo que les pertenece”, asegura Lingua, el granjero de Oliva. “Esperamos que no tengamos que lamentar alguna tragedia, pero tenemos el derecho de actuar así”, advirtió.