Por estos días, el programa de Doctorado en Ciencias de la Acuicultura que lleva adelante el Instituto de Acuicultura de la Universidad Austral de Chile (UACh) tendrá a su primer egresado y luego de cinco años desde que se comenzó a impartir esta especialización. Se trata de la bióloga marina Margarita González Gómez, quien, de rendir un positivo examen, pasará a quedar registrada en la historia de la institución con sede en la ciudad de Puerto Montt (Región de Los Lagos) y, específicamente, del mencionado posgrado.

Pero hay más. Quien trabajó por cerca de cuatro años en el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) desarrolló una investigación centrada en caligus (Caligus rogercresseyi) y parte de la cual ya ha sido presentada a nivel internacional, como en la pasada Conferencia Sea Lice 2014 (en Estados Unidos) y publicada por una revista científica especializada (Aquaculture) y, lo mejor, que tiene una aplicabilidad concreta para el sector salmonicultor chileno y su normativa.

Por un periodo cercano a los cinco meses, la candidata a doctor y sus profesores de tesis trabajaron en conjunto con doce estanques de 300 litros que mantenían 30 smolt de salmón Atlántico cada uno y con un peso promedio inicial de 80 gramos. “La idea es que los ejemplares estuvieran en un ambiente de bienestar animal de forma que la respuesta generada a infestaciones de caligus solo se relacionara con la acción de los parásitos”, dice González, quien agrega que el programa del Instituto de Acuicultura posee diferentes especializaciones: como sanidad y producción animal, nutrición, genética, biotecnología y diversificación, pero que “yo me quedé con sanidad y producción animal, lo que me permitió focalizarme en fisiología de peces y parasitología”.

¿Cuál es el objetivo de su tesis?

El fin era conocer la respuesta del salmón Atlántico frente a una parasitosis por caligus, considerando una serie de indicadores fisiológicos y de condición de aletas con un enfoque de bienestar animal. Específicamente, buscábamos analizar cómo respondía el ejemplar frente a una potencial situación de estrés, que en este caso sería causada por el parásito.

¿Cómo se dividió la investigación?

Tenía tres partes principales que buscaban conocer la respuesta del pez frente a tres diferentes condiciones de infestación; infestado por única y primera vez; infestado por tiempo más extendido, conjugando estresores adicionales; y bajo una infestación abrupta y alta. La primera se relaciona con estimar un umbral de respuesta del pez frente a una primera infestación y conocer qué pasaba cuando las infestaciones pasaban el umbral. La segunda buscó corroborar este umbral bajo una condición de infestación de mayor tiempo. Por último, se buscó conocer el efecto en el pez que ya está se encuentra parasitado por caligus y que recibe una nueva infestación de alta intensidad por el estado infestivo del parásito, el copepodito.

Específicamente, ¿cuáles fueron los resultados del trabajo?

En la primera parte logramos determinar que para un pez que no ha sido infestado por caligus previamente, el umbral parasitario es de seis caligus adultos por pez y que sobre este el bienestar del animal puede verse afectado. Desde ese nivel se puede observar que los niveles de cortisol, una de las hormonas que reflejan los niveles de estrés, estaban altos. Si se sobrepasa dicho nivel, se mantiene estable pero alto. Lo mismo pasó con los indicadores energéticos como las proteínas y los triglicéridos, que se vieron afectados.

Gracias a la segunda parte, corroboramos que el umbral estimado previamente se mantiene cuando el pez se enfrenta por más tiempo al parásito y en cargas más bajas (infestación que no superó los 15 parásitos por pez). En relación con los estresores adicionales, se pudo observar que su adición ejerce una sobreestimulación en la respuesta de estrés de los peces, lo que va en detrimento del bienestar animal. Por último, las altas cargas parasitarias del estadío infestante generan una alta respuesta de estrés en el animal.

Sin embargo, debo mencionar que esta investigación se realizó en condiciones experimentales controladas y no de campo, por lo que es recomendable continuar con las investigaciones hacia la estimación de estas respuestas pero en condiciones de campo y ver si coinciden.

¿Encontraron alguna conclusión adicional?

Sí. Por ejemplo que existen ciertos parámetros permanentes, como que el número de células mucosas de la piel tiende a aumentar pero que, a su vez, estas son más pequeñas. El pez trata de generar más células que le permitan aumentar el mucus y poder defenderse frente a los parásitos.

Otro aspecto tiene que ver con los niveles de lactato plasmático, que es un metabolito energético. Siempre observamos que se mantenían más bajos que en los peces que no estaban infestados.

¿Qué aplicación tiene esta investigación en el sector salmonicultor?

Lo primero decir que estas conclusiones no se habían logrado antes en Chile, por lo que se genera conocimiento específico relacionado con el parásito presente en nuestro sistema. Las respuestas permanentes solo la hemos observado nosotros, y no el hemisferio norte, por lo que es un hallazgo muy relevante y en proceso de publicación.

Más allá de lo anterior, este trabajo sugiere que es preferible hacer cualquier manejo de peces antes de que se alcancen los niveles de cargas que se consideran negativos y que es de seis adultos, ya que como pudimos observar, los manejos adicionales a la carga parasitaria alteran la condición fisiológica del pez. A su vez, la investigación permitió corroborar lo que la autoridad definió en su Programa de Control y Vigilancia del Caligus y que obliga al acuicultor a realizar un tratamiento cuando se contabilizan tres hembras ovígeras. Se estima que la razón de sexo en estos parásitos es uno a uno, es decir, por cada hembra hay un mayo, lo que da un total de seis parásitos.

Entonces, desde un punto de vista de la productividad y bienestar animal, es recomendable que el salmonicultor trabaje con cargas inferiores a cinco caligus por pez, de modo de no disminuir el bienestar del pez.