(El Mercurio) La industria salmonicultora chilena está lejos de pasar por un buen momento. Si bien el sector ha enfrentado desafíos mucho más complejos, como la crisis del virus ISA, este no ha sido precisamente un año dorado para los salmonicultores. Los bajos precios, la mayor competitividad de Noruega por la depreciación de su moneda y los altos costos de producción que enfrentan las empresas del rubro se están traduciendo en márgenes nulos o derechamente negativos. Además, los gastos de los tratamientos sanitarios, los de procesamiento y de envío de los productos también complican al sector. El salmón tipo trucha enfrenta el escenario más complejo, registrando resultados negativos los últimos años, lo que ha hecho que algunas compañías se inclinen por reducir la producción de esa especie y sustituirla por mayores toneladas de salmón atlántico o coho.

Gerardo Balbontín, gerente general de Blumar, advierte que actualmente, en promedio, el margen negativo de la industria debe estar por debajo de un dólar por kilo. En otras palabras, por cada kilo de salmón que la industria procesa, no solo no genera ganancias, sino que además pierde US$ 1.

Felipe Manterola, gerente general de SalmonChile, explica que después de la crisis del virus ISA -que arrasó con casi la mitad de los puestos de trabajo que ofrecía la industria en el país y también provocó una caída de las exportaciones del sector-, los costos crecieron en torno a un 30%. Ese mayor gasto está dado principalmente por un exigente nuevo marco regulatorio, que permite que la industria opere con buenas condiciones sanitarias que reducen la posibilidad de que vuelva a suceder una crisis de tal envergadura.

Ventajas de los competidores

Pero no solo los altos costos son los que están impidiendo que las empresas tengan ganancias. «Los costos para nuestros competidores han disminuido. Por ejemplo, para los noruegos, sus costos principalmente están en su moneda local, que se ha devaluado cerca de 40%. Esto ha redundado en que su costo de producción haya bajado cerca de US$ 1 por kilo», dice Manterola.

Balbontín agrega que alrededor del 70% de los costos de la industria salmonicultora chilena están expresados en dólares, mientras que en el caso de Noruega la proporción más alta de gastos está en corona noruega. Detalla que el alimento es prácticamente el único costo de Noruega que no deben pagar en su moneda local, por lo que ahí no tienen mayor competitividad.

Los ejecutivos de la industria estiman que para enfrentar la ola de altos costos se debe mejorar la productividad, con lo que se bajarían los índices de mortalidad y se lograrían productos de mejor peso. «La única forma de poder mejorar realmente nuestra competitividad en costos es mejorando la condición sanitaria», destaca Balbontín.

Manterola sostiene que si bien el modelo regulatorio ha funcionado muy bien, se debe identificar qué elementos del sistema no aportan en lo sanitario y que significan costos innecesarios, como la mejor ubicación de los sitios productivos y llegar a tamaños óptimos de operación.

«Ese es el camino correcto para recuperar competitividad desde el punto de vista de los costos, junto también con lograr una mejor condición sanitaria de Caligus (piojo de mar) y SRS», señala.