(Pulso) Desde la crisis del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISAv) que la industria salmonicultora de Chile no anotaba márgenes tan bajos como los expuestos en sus resultados del primer semestre.

Esto se da en momentos en que Noruega, su principal rival, se encuentra en un buen momento, con rentabilidades hasta nueve veces superiores a las de Chile en términos agregados. En otras palabras, el mismo salmón producido en Noruega le deja nueve veces más utilidades a sus productores que lo que ocurre en Chile. Es el caso de Marine Harvest, empresa que está presente en los dos mercados, que de acuerdo con su última presentación financiera gana NOK$9,8 por cada kilo de salmón producido en ese país, mientras que en Chile pierde NOK$4,64 con los mismos procesos.

Esto, en línea con el resto de las empresas nacionales, que mantienen cifras rojas debido principalmente a los elevados costos de producción.

Las razones tras este incremento de la brecha de rentabilidad son dos: la apertura del mercado estadounidense para la producción noruega y las altas exigencias sanitarias en la industria nacional.

Sobre el primer punto, un tema clave está en la moneda, pues frente a la baja del precio del petróleo, Noruega -que también produce crudo- ha debido devaluar la corona. En paralelo, el bloqueo comercial impuesto por la Unión Europea (UE) a Rusia obligó a la industria noruega a buscar otros mercados, encontrando en Estados Unidos un lugar con alta aceptación, donde rápidamente ganó mercado.

Sumando ambos efectos: la devaluación de la moneda y la rápida inserción en el mercado norteamericano, Noruega ha aumentado fuertemente su rentabilidad.

«Ellos han ganado competitividad por un efecto de tipo de cambio, pero eso no es de largo plazo», sostuvo el gerente general de Blumar Seafoods, Gerardo Balbontín.

La masiva entrada de salmón noruego a Estados Unidos -sumado al producto de origen canadiense, que también ha ganado espacio allí- ha golpeado a la industria chilena, que ha perdido puntos de mercado en una de las zonas donde más espacio había ganado.

«Los noruegos no están perdiendo plata, pero compiten bajando los precios donde estamos nosotros», complementó el gerente genral de Invermar, Heinrich Strelow.

Y esto ha sido fatal para la industria nacional.

El factor sanitario

Pero no toda la brecha se explica por factores externos. A nivel local, uno de los elementos que ha golpeado al rubro son las altas exigencias sanitarias. Así lo graficó el gerente general de Ventisqueros, Cristián Swett.

«Tenemos algunas trabas, pero con algunos cambios regulatorios y con algunas mejoras, en la práctica vamos a alcanzar los costos de Noruega de los cuales no estamos tan lejos», puntualizó Swett.

En la industria además aseguran que Chile tiene ventajas comparativas naturales frente a Noruega. En primer lugar porque Chile, dadas sus condiciones naturales, logra un crecimiento más rápido de los peces. Por contrapartida, en Chile hay bacterias -al revés de Noruega-, lo que obliga a utilizar antibióticos.

«En un salmón que cuesta US$4 el kg, te puedes gastar 40 centavos en remedios, que no se lo gastan en Noruega», planteó a Pulso un ejecutivo de la industria local.

Para el Chief Operating Officer Chile (CCO) de Cermaq Chile, Francisco Miranda, la regulación que vino después de la crisis del ISA «en algunos de sus ámbitos es muchísimo más compleja y con poca flexibilidad».

Agregó que esto ha producido que la industria chilena pierda competitividad, no solo frente a los productores noruegos, sino, frente a todos los otros países productores de salmón.

¿Es factible alcanza la rentabilidad que exhibe la industria salmonicultora en Noruega?

«No hay nada imposible. Chile por muchos años fue muy competitivo, pero más allá de superar o no a Noruega, nuestro desafío es seguir desarrollando nuestra industria de una manera sustentable y recuperar los niveles de rentabilidad que se merece una industria tan importante como lo es la industria del salmón para Chile», respondió el ejecutivo de la compañía controlada por Mitsubishi.

Heinrich Strelow sumó otro antecedente. «El costo sanitario en Chile es muy alto, pero hay harto por avanzar y principalmente en el control de la Septicemia Rickettsial Salmonídea (SRS), que es una enfermedad endémica de Chile», explicó el ejecutivo de la firma ligada a Alimar.

A lo anterior se suma la consolidación de la industria con un menor número de empresas operando. Según comentó Cristián Swett, de Ventisqueros, esa es la clave para recuperar la rentabilidad.

«En este momento las compañías no tienen mucha flexibilidad, es todo fresco y eso hace presionar mucho al mercado. Pero con una industria un poco más consolidada, sin crecimiento importante yo creo que también se podría llegar a esos niveles sin ningún problema», subrayó Swett.

Pero para el gerente general de Blumar, el escenario aún es disparejo y distante de los competidores de Chile. «Hoy la brecha es bastante grande y tienen que pasar muchas cosas para tener esa rentabilidad, pero ellos están en un circulo virtuoso con una producción que está bastante sana y productiva, los crecimientos son súper controlados y Noruega no crece más allá del 2% a 3% al año», concluyó Gerardo Balbontín.