Este martes 24 de noviembre se desarrolló en Oslo, Noruega, el encuentro «Havbrukskonferansen» (en español, Conferencia de Acuicultura) donde el Chief Executive Officer (CEO) de Marine Harvest, Alf-Helge Aarskog, tituló su exposición como «Is there any hope for Chile in the next two years?» (¿Existe alguna esperanza para Chile dentro de los próximos dos años?), donde comenzó diciendo que la industria salmonicultora del país sudamericano está enfrentada a una «tormenta perfecta» gatillada por: «un rápido crecimiento, problemas sanitarios, antibióticos y reputación, falta de regulaciones inteligentes, lenta consolidación, escasez de financiamiento y adversos tipos de cambio».

El ejecutivo sostuvo que luego que el virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISAv) tuviera en 2010 su punto más álgido al disminuir la producción de salmón Atlántico a 110.000 toneladas, desde ese año los volúmenes de dicha especie aumentaron de manera sostenida hasta cerrar 2014 en alrededor de 520.000 toneladas; misma cifra para 2015 (estimado) y 2016 (estimado). El uso de antibióticos, por su parte, se ha incrementado proporcionalmente hasta registrar casi 600 toneladas a nivel de industria.

Aarskog comentó que mientras en el último año la rentabilidad en Noruega ha venido en aumento, el salmón cultivado en Chile ha debido enfrentar menores precios y costos de producción cada vez más altos, que tienen hoy a la filial de Marine Harvest en nuestro país con un EBIT promedio por kilo de salmón producido de NOK$-5 (US$-0,6 al tipo de cambio actual) y un promedio en los últimos siete años también en rojo, a diferencia de los NOK$8 en promedio que ha registrado Noruega desde 2008 a la fecha.

Regulaciones, consolidación y financiamiento

El CEO de la mayor salmonicultora en el mundo subrayó que en Chile hay aproximadamente 1.300 concesiones otorgadas, de las cuales solo 600 son útiles para algún momento de los ciclos productivos. En este sentido, sostuvo que las «regulaciones relacionadas con mortalidades han provocado que las compañías deban trasladarse a sitios de menor rendimiento para cultivar las próximas generaciones de peces», y añadió que «hay muchas otras restricciones legales referidas con lo que los productores pueden y no pueden hacer, sin embargo no se traducen en resultados reales».

Sobre la consolidación por la que abogan las grandes salmonicultoras, como Marine Harvest, Aarskog adujo que desde la crisis del virus ISA no ha habido un cambio significativo de estructura en la industria chilena. Hoy trece empresas producen el 80% de los salmónidos, lo que a su juicio sigue siendo un número alto de actores.

Otro de los cuestionamientos del sector, según Aarskog, tiene que ver con el financiamiento y si es que las compañías tendrán la espalda financiera para enfrentar este difícil momento sin el apoyo de la banca. Además, puntualizó que el mercado bursátil local está castigando las acciones salmonicultoras y, a su vez, las economías de algunos de los principales países de destino, como Brasil y Japón, se han contraído sin saber si los importadores tendrán la liquidez para seguir comprando salmón. «Esto, junto con el tipo de cambio del dólar estadounidense que en relación con el peso chileno se ha apreciado en un 53% en los últimos cinco años», enfatizó el CEO.

Esperanzas

A pesar de la «tormenta perfecta», dijo que entre los factores positivos para la industria chilena se encuentran una oferta mundial de salmón aún estrecha, suministro «plano» de Norte América y el que las compañías productoras puedan sugerir modificaciones a los actuales reglamentos.

En contraparte, sostuvo que factores negativos serían que las «autoridades se resistan a realizar cambios a las normativas y el que la industria actúe demasiado lento, complicando así las soluciones».

Mientras que entre las oportunidades mencionó a la «consolidación, mejoras en los tipos de cambio, desarrollo de productos con valor agregado, reducción en el uso de antibióticos y nuevos medicamentos para controlar el cáligus y la Septicemia Rickettsial Salmonídea (SRS)».

Sustentabilidad

Para cerrar su exposición, Aarskog se preguntó qué falta para hacer sustentable el cultivo de salmónidos en Chile. Y para esto entregó seis lineamientos: dividir concesiones en algunos sitios; determinar la capacidad de carga de todas las especies en cada región -el nivel actual es «sumamente elevado»-; dividir la capacidad de carga en el número de concesiones por región y dejar que las empresas determinen sus mejores ubicaciones para cultivar en cada territorio. A su vez, aplicar un número determinado de concesiones (MAB’s) según la capacidad de carga de cada sitio; monitorear el impacto ambiental por locación; establecer indicadores biológicos claves, fundamentalmente el uso de antibióticos y el número de tratamientos para controlar el piojo; establecer un horizonte, por ejemplo de diez años, para dar incentivos a las empresas que cumplan sanitaria y medioambientalmente, y entregarles recompensas como: crecimiento de un 5% por generación en lugares que cumplan con los indicadores biológicos, entre otros.

Pero para conocer la presentación íntegra (en inglés) del CEO de Marine Harvest, descargue este documento: Havbrukskonferansen_24_11_2015