A continuación, reproducimos una Columna de Opinión escrita por el presidente de la Asociación Gremial de Pescadores Artesanales de San Vicente (Región del Biobío), César Jorquera.

“La pesca artesanal pelágica de la Región del Biobío termina uno de sus peores años y mirando lo que pudiera ser un 2016 mucho peor, y no precisamente por la nueva baja de cuota inicial, sino por una serie de factores externos productos de la política de este país.

La ´Ley Lafquenche´, la ´Ley Ñuble Región´ y la ´Ley de Concesiones de Acuicultura´ podrían terminar por darle el tiro de gracia a la pesca artesanal de la Región del Biobío.

Respecto de la Ley Lafquenche, existen hoy un sinnúmero de solicitudes de “Espacios Costeros Marítimos para Pueblos Originarios (ECMPO)” en trámite. Se están pidiendo verdaderas parcelas de mar que abarcan hasta la milla 12 desde el Río Biobío al sur de nuestra región. Apoyado y avalado por la Conadi, estas solicitudes de mar que abarcan más de la mitad del espacio marítimo que hoy está reservado para el sector artesanal de nuestra región, terminará creando un conflicto real entre los propios pescadores artesanales. Si el verdadero interés por estas mega-parcelas de mar está en cobrar peaje o algún derecho a pescar por los artesanales pelágicos del Biobío, quiere decir que el Estado chileno pretende pagar con agua salada su deuda histórica con los pueblos originarios.

En cuanto a ´Ñuble Región´, el actual proyecto de ley resguarda muy débilmente la histórica operación de los pescadores artesanales de la Región del Biobío con la modalidad de zona contigua. Ya se oyen voces de los actuales líderes de Ñuble quienes dicen que lucharán por conseguir la exclusividad de su mar para un puñado de pescadores de su nueva región, sin importarles en nada los miles de pescadores artesanales que han desarrollado históricamente su actividad en ese aún lugar de la región. No sería extraño que potenciales nuevos políticos de Ñuble enarbolaran banderas a nombre de la pesca artesanal de la que será su nueva región por asegurarse un asiento en el Congreso; de esos ya existen muchos ejemplos.

Finalmente, en términos de las Concesiones Acuícolas, vemos que la Comisión Regional del Uso del Borde Costero del Biobío declaró a toda nuestra región con la categoría de AAA (Área Apta para Acuicultura). Mucho antes de que organizaciones artesanales reaccionaran a este hecho ya había decenas de solicitudes de concesiones por parte de industriales pesqueros dentro de la primera milla para criar y cosechar salmones, a pesar del daño que esta actividad genera en los ecosistemas marinos.

Si a la baja ostensible de cuota asignada de sardina y anchoveta para el inicio del 2016 le sumamos los posibles efectos negativos de estos tres elementos políticos mencionados anteriormente, las consecuencias para la actividad artesanal pelágica serán catastróficas.

La actual Ley de Pesca ya nos restringió la operación sardinera artesanal imponiéndonos posicionador satelital para no pescar en otra región ni dentro de la primera milla, pago de certificación, pago de patentes, entre otros requerimientos. Ahora, de no cumplirse el compromiso pactado por este Gobierno de asegurarnos la operación en lo que será Ñuble Región, se nos achicará aún más nuestros espacios para la pesca y no cabremos en nuestra nueva región del Biobío, ya que somos la mayor flota pesquera artesanal de Chile, tanto en número de embarcaciones de pescadores artesanales.

La política ha hecho un trabajo minucioso y silencioso haciéndonos pelear entre pescadores de distintas regiones, luego entre los pescadores de embarcaciones  menores y mayores de 12 metros de nuestra propia región, y ahora, entre pescadores y comunidades indígenas de una misma región.

Esto ya no da para más. Lo que se vivirá aquí será de seguro como el “lejano oeste”. Por estos lados, y hace no más de dos años, hubo antecedentes de aquello con pescadores de una región que terminaron agarrando a escopetazos a pescadores de otra región y todo porque el Estado chileno, el mismo que impone las reglas, no es capaz de garantizar la seguridad en el mal llamado “Mar de Todos los Chilenos”

Dicho lo anterior, la pesca artesanal del Biobío necesita certeza esencialmente de tres cosas:

1.- Que las salmonicultoras no se instalen en nuestra región ni en ninguna de la Macrozona V-X Regiones, puesto que son regiones científicamente reconocidas como zonas de desove de pequeños pelágicos.

2.- Que la asignación de espacios de mar para las comunidades indígenas sean de manera tal que no afecten en lo absoluto a la ya actualmente restringida operación sardinera artesanal.

3.- Que así como se nos exige que respetemos los “Derechos Consuetudinarios” de los pueblos originarios, la naciente Ñuble región nos respete el “Derecho Histórico” de desarrollar nuestra actividad pesquera en lo que será esa nueva región, tanto para la pesca pelágica como para todas las pesquerías que por más de 100 años han desarrollado los pescadores artesanales del Biobío.

Lo curioso que tanto “Ñuble Región” como las “Solicitudes de Acuicultura” van en desmedro directo de la pesca artesanal, no afectando en nada a la pesca industrial, ya que ellos por ley tienen asegurada su operación pesquera en todas las regiones del centro-sur de Chile.

Con esto, no sería raro pensar que el eslogan de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura que dice “Volquemos la mirada a la primera milla” sea un fuerte mensaje para los empresarios industriales pesqueros, quienes por años han estado desde la milla 5 hacia afuera depredando y como ya no capturan los niveles de cuota de antaño, encuentren el nicho perfecto para plagar nuestras costas con antibióticos, excrementos y tantas otras cosas negativas de la crianza de salmones, lo que a muy corto plazo terminará exterminando a la propia pesca artesanal en todo su conjunto.

Así que, si terminar la actual temporada implicó un mayor esfuerzo por parte de los pescadores artesanales producto de nuevas imposiciones como el posicionador satelital, pensar en un 2016 sin movilización suena utópico, toda vez que cada nueva medida política que toma el Estado chileno es una estocada al corazón a la cada vez más alicaída pesca artesanal de la región del Biobío.

A los problemas de la pesquería de sardina y anchoveta, se suma la escasa capacidad de resolver los problemas de fondo por parte de ésta y de anteriores administraciones pesqueras respecto de otras pesquerías artesanales como la jibia, reineta, merluza, bacalao y la albacora. Esto ha provocado  que la pesca artesanal pierda cada vez más su esencia, esa que habla de su capacidad de ser “multicultores”, es decir de poder dedicarse a varias pesquerías durante un año y no terminar con sus pescadores en programas pro-empleo municipales o movilizándose por un mísero bono.

Hoy en día, en la Región del Biobío cuesta cada vez más ser pescador artesanal, cada vez hay más restricciones de acceso a recursos pesqueros. Un pescador, antes de sacar un pescado del agua, debe haber leído la Ley de Pesca y un sinnúmero de resoluciones y decretos, porque más que seguro algún artículo con letra chica te convertirá en infractor, lo que hace de esta actividad una de las más complejas de desarrollar en Chile.

Respecto de la licitación de cuota de sardina común, solo decir que nuestras aprensiones eran válidas y que nuestro pronóstico se cumplió a cabalidad. El “pez más grande” nuevamente se comió al más chico. El Régimen Artesanal de Extracción (RAE) es tan desigual que solo un puñado de actores artesanales estaba capacitado para quedarse con parte de la torta destinado a las Pymes. A los demás pescadores artesanales (y que son los más) solo les queda esperar por las migajas que entregue el actual modelo de reparto de cuotas que se utiliza en nuestra región”.