(Pulso) El impacto por el bloom de algas que afectara a la industria salmonicultora chilena aún no se puede cuantificar totalmente. Sin embargo, las primeras luces sobre el real efecto las entregó hace unos días Marine Harvest.

A través de una presentación a sus inversionistas, la mayor salmonicultora mundial reveló que su filial en Chile -dirigida por Roberto Riethmüller- cerrará 2016 con una baja de 50% en su producción en comparación con el año anterior debido a las altas mortalidades producidas por el fenómeno.

Según el informe de la productora de salmónidos, su división chilena anotará este año una producción de 36.000 toneladas, cifra inferior a la proyección que la firma tiene no solo para Noruega, su mayor operación, sino que también a Escocia y Canadá.

Esto ocurre por primera vez desde la crisis del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISAv) hace ya siete años.

La compañía está embarcada en un proceso de reestructuración integral en el país, con el que busca alivianar la fuerte carga de costos, que la mantienen en una situación de pérdida operacional.

Lo anterior, porque lejos de obtener ganancias, por cada kilo de salmón producido en Chile Marine Harvest pierde €1,55. Se trata de una situación radicalmente diferente a la que ocurre en Noruega, donde la matriz gana €1,16 por igual unidad.

Pero el bloom no solo afectó a Marine Harvest. Australis Seafood reveló, mediante una presentación, que la oferta de salmón Atlántico a nivel nacional caerá 16,7% durante 2016, cerrando con una cosecha de 508.000 toneladas.

Desafíos

En el Capital Markets Day celebrado el pasado jueves en la ciudad noruega de Brekstad, la jefa de Operaciones de Cultivos de la salmonicultora, Marit Solberg, detalló que la operación en nuestro país desde la crisis del ISAv ha llevado adelante un crecimiento orgánico prudente.

Para la ejecutiva noruega, el “principal desafío es el control sanitario y la estructura de la industria”, según dijo ante una serie de ejecutivos del mercado salmonicultor.

Más aún, sostuvo que el mayor cuello de botella que se produce en Chile está en el marco regulatorio, el que calificó como “insostenible”.

En su último reporte financiero, la multinacional detalló que el precio del corte “Trim D de 3 a 4 libras de FOB Miami” del salmón Atlántico chileno se ha incrementado 6,7% en comparación con igual periodo del año anterior, cotizándose en US$4,30, según Urner Barry.

Nuevo frente sindical

Ante el que llamaron “inestable escenario laboral y social” que viven los trabajadores de la industria salmonicultora tras el bloom de algas y la marea roja, sindicatos y confederaciones desde el Biobío hasta Aysén formaron la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Industria Salmonicultora y Ramas Afines, que acoge a más de 25.000 empleados directos e indirectos.

Vea: Trabajadores del salmón se articulan en una coordinadora nacional para enfrentar la crisis

Uno de sus primeros objetivos es lograr la incorporación del máximo posible de los trabajadores que fueron desvinculados en los últimos meses y que, según la naciente entidad, alcanza las 5.000 personas. Esto, sin considerar a los trabajadores indirectos de la industria, que pueden llevar a duplicar el número inicial.

“Algunas empresas en el área de las conservas han utilizado esta crisis para generar despidos de trabajadores por fuerza mayor, apelando a la interpretación de la ley y sin considerar los derechos propios de la relación contractual”, acusa el presidente de la Confederación de Trabajadores del Sur (Confetrasur), Alejandro Santibáñez.

La coordinadora plantea promover una regulación objetiva que permita la estabilidad laboral. Dentro de los argumentos que esgrimen es que la normativa actual entrampa el modelo productivo, ya que el Estado debiera regular la cantidad de peces y espacios que se cultivan en la industria a fin de no sobrecargar el medio.

“Debiéramos seguir el ejemplo de Noruega donde su legislación permite una distribución geográfica que tiene la salvedad de resguardase de una incidencia como el bloom de algas y centros de cultivos distribuidos de mejor forma”, argumenta Santibáñez.

La idea de la coordinadora es que todos quienes fueron desvinculados logren capacitarse, reconvertirse y reinsertarse en otras áreas productivas en el más corto plazo posible, además de conciliar la estabilidad laboral de quienes siguen activos.

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