A comienzos de esta semana, la Federación Noruega de Productos del Mar (más conocida como FHL) confirmó que el salmón de su país rotulado como ecológico por -entre otras cosas- haber sido cultivado libre de antibióticos no podrá ser comercializado como tal en Francia, esto debido a -según dijo el gremio- «aspectos técnicos» del acuerdo comercial que rige a la Unión Europea (UE) con Noruega.

En este escenario, cabe detallar que Noruega no es un Estado miembro de la UE, pero es, en efecto, necesario para adoptar alrededor del 20% de los actos jurídicos debido a su participación en el Espacio Económico Europeo (EEE), a través de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC o EFTA, por sus siglas en inglés), formando un mercado interior común que permite la libertad de personas, bienes, servicios y capitales.

«Pese a que nuestro salmón ecológico se elabora siguiendo las normas de la Unión Europea, la prohibición surge a raíz de que este producto no está incluido en el Acuerdo sobre el Espacio Económico Europeo (EEE) que regula la relación comercial entre Noruega y la UE, después de que este expirara el 1 de enero de 2015», puntualizó el lunes la Federación Noruega de Productos del Mar.

Y si esta situación ya había generado la preocupación de los salmonicultores noruegos, llevándolos incluso a pedir, a través de la FHL, una «reunión urgente entre las partes para buscar una solución a la brevedad», en los últimos días se supo que la medida de Francia -uno de los mayores importadores de este producto- podría extenderse a otras naciones de la UE.

Fuentes del sector han comentado que si más países acogen esta medida, la industria del salmón noruego se vería resentida en alrededor de NOK$1.000 millones, que se traducen en EUR$108 millones al tipo de cambio actual.

Lo anterior toma más relevancia cuando se tiene en cuenta que las expectativas de crecimiento de Noruega para este segmento de producción ecológica era de un 15% hacia el 2020.