Encabezada por el ministro de Economía, Fomento y Turismo, Luis Felipe Céspedes, y el subsecretario de Pesca y Acuicultura, Raúl Súnico, durante la mañana de este viernes 25 de noviembre se realizó la esperada conferencia de prensa donde se entregaron los detalles de la investigación que analizó la posible relación entre el vertimiento de 4.500 toneladas de salmones muertos al mar en marzo de este año y la posterior proliferación de marea roja que impactó a la Región de Los Lagos, fundamentalmente en costas del archipiélago de Chiloé.

“Este fue un grupo de científicos del más alto nivel, y que en todo momento destacó por su independecia”, comenzó diciendo Céspedes luego de recibir el informe de manos de la Dra. Mónica Vásquez, microbióloga de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica (UC), quien ofició de vocera de la comisión científica encargada por el Gobierno, donde junto con la académica de la UC participaron Alejandro Buschmann y Daniel Varela de la Universidad de Los Lagos (ULagos), y Fabián Tapia y Laura Farías de la Universidad de Concepción (UdeC).

De igual manera, formaron parte como garantes la presidenta de la Academia Chilena de Ciencias, María Teresa Ruiz, y la directora ejecutiva de la Iniciativa Científica Milenio (ICM), del Ministerio de Economía, Virginia Garretón.

La Dra. Vásquez explicó que las condiciones de viento observadas en marzo-abril de 2016 y el patrón de circulación esperado a partir de estas, consistente además con los patrones de Temperatura Superficial del Mar y corrientes geostróficas derivadas de mediciones satelitales para el mismo periodo, sugieren que el transporte de agua y material en suspensión durante y con posterioridad al vertimiento de salmones ocurrió mayoritariamente de este a oeste (hacia mar afuera) y de sur a norte, y no hacia la isla de Chiloé.

En esa línea y de acuerdo con las conclusiones del informe, precisó que al considerar la cantidad de biomasa vertida en marzo, los cálculos estequiométricos y estimaciones de la tasa de degradación de amonio a las temperaturas observadas, las concentraciones de amonio detectadas en aguas oceánicas durante el crucero oceanográfico del buque científico “Cabo de Hornos” en mayo efectivamente podrían haber sido un resabio del vertimiento.

Eso sí, aclaró que las condiciones de viento predominantes en el periodo de vertimiento, y la circulación superficial generada por estas condiciones, contribuyeron a que los productos de degradación de la materia orgánica vertida (principalmente amonio) se dispersaran mayoritariamente en forma paralela a la costa.

Proactividad

Por otro lado, la Dra. Vásquez enfatizó que es necesario que tanto el Estado de Chile como aquellos sectores cuya actividad productiva depende de los ecosistemas marinos, “adopten una aproximación más proactiva para lidiar con las floraciones algales nocivas (bloom) y su impacto sobre la matriz productiva y patrimonio natural del país, así como con sus consecuentes efectos en la sociedad civil”.

Tras las palabras de la vocera y coordinadora de la comisión científica, el subsecretario Súnico aseguró que se continuará vigilando la marea roja roja en la zona sur-austral, correspondiente a las regiones de Los Lagos, de Aysén y de Magallanes y de la Antártica Chilena, donde desde el año 2006 existen 200 estaciones de monitoreo.

“A pesar de la red que ya tenemos, desde el 2017 implementaremos un completo plan estratégico e integral de marea roja”, afirmó el titular de la Subpesca, quien se sumó a las palabras de Luis Felipe Céspedes para valorar “la independencia del grupo de expertos que llevó a cabo la investigación”.

Descargue aquí el informe final de la comisión científica >> Investigación sobre vertimiento de salmones y marea roja