(Diario de Concepción) En el marco de un año particularmente agitado para la pesca nacional, la Asociación de Industriales Pesqueros (Asipes) entregó a la ingeniero químico Macarena Cepeda Godoy la responsabilidad de llevar el timón del gremio, en reemplazo de Luis Felipe Moncada. De esta forma, la hasta hace pocos días encargada de Medioambiente y Estudios de la entidad, se transformó en la primera mujer en presidirlo en 65 años.

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Antes de asumir su nueva responsabilidad, Macarena Cepeda (en la foto) conversó con Diario Concepción y entregó su mirada de las aguas que hoy agitan al sector. A su juicio, la industria ha realizado numerosos esfuerzos buscando desarrollar una pesca sustentable y que permita la conservación de los recursos.

Macarena Cepeda. (Fuente: Asipes)

Afirma que el informe de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) que ratifica el mejoramiento del estado de la merluza común y el jurel es muestra de que la innovación está dando frutos. “El camino pendiente es poner énfasis en la fiscalización para frenar la pesca ilegal y en la toma de conciencia de que esta práctica es un tremendo daño al patrimonio pesquero”, subraya la gremialista.

¿Cómo define la pesca de arrastre y cómo se explica que haya detractores a este sistema?

El arrastre es uno de los artes de captura utilizado por la industria fundamentalmente para la pesca de merluza común, merluza de cola, merluza austral, merluza de tres aletas, crustáceos y congrio dorado, todas especies de profundidad y que son capturadas por redes que navegan bajo el barco capturando los cardúmenes que son detectados por los equipos electrónicos de las naves.

De un tiempo a esta parte, principalmente en las regiones de O’Higgins y del Maule se ha impulsado la idea que la pesca de arrastre es la causante de la sobreexplotación de la merluza común como una manera de desviar la atención respecto del descontrol de la pesca ilegal que existe en esa zona, donde se estima que pescadores artesanales están capturando hasta cinco veces la cuota fijada por la autoridad para ese sector.

¿Qué pasa con la pesca de arrastre?

Somos enfáticos en señalar que la pesca de arrastre no es la causante de la sobreexplotación de este recurso pesquero. Desde el año 2005 la pesca de merluza común se realiza con redes que poseen paneles de mallas cuadradas y rejillas para liberación de juveniles. De hecho, el profesor y doctor Hugo Arancibia Farías de la Unidad de Tecnología Pesquera, Departamento de Oceanografía, Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción, dijo hace unas semanas que “hace más de 15 años la pesca de arrastre de merluza común no se hace con la red pegada al fondo”. Es decir, la red no arrastra de manera indiscriminada sobre los fondos, operando con gran selectividad sobre las especies objetivo obteniéndose del total de las capturas un 98% de merluza de cola; un 98% de merluza de tres aletas y un 91% en merluza común.

Hay estudios que apuntan en otra dirección…

La pesca de arrastre a nivel mundial genera el 80% de las capturas para consumo humano, lo que representa 12 millones de toneladas anuales con un menor impacto ambiental que otras actividades productoras de alimentos. De los 35 países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), incluido Chile y la Unión Europea, 29 tienen industria pesquera. En 26 de ellos se realiza pesca extractiva y en todos se practica pesca de arrastre: Australia, Bélgica, Canadá, Chile, Dinamarca, Estonia, Unión Europea, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Irlanda, Italia, Japón, Corea, México, Holanda, Nueva Zelandia, Noruega, Polonia, Portugal, España, Suecia, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos. En ninguno de ellos se ha prohibido la pesca de arrastre.

Respecto de la pesca ilegal, ¿cuál es la magnitud y consecuencias?

Nuestro país tiene un grave problema con la pesca ilegal. Este delito lo estamos denunciando con fuerza hace un par de años debido a los enormes problemas que genera para pescadores artesanales honestos que respetan su cuota, cuidan y mantienen sus áreas de pesca y que se ven expuestos ante cientos de otros pescadores ilegales que roban sus recursos o el patrimonio pesquero de todos los chilenos.

Solo en la merluza común o “pescada” estudios de la Universidad de Concepción y reputadas ONG’s ambientalistas han señalado que en las regiones de O’Higgins y del Maule se roban cada año más de 44 mil toneladas de este recurso. Es decir, la autoridad fija 19 mil toneladas y artesanales ilegales sacan otras 44 mil. Así no existe forma que la merluza se recupere.

Hay que agregar que los pescadores ilegales no pagan impuestos, por lo que el fisco chileno pierde unos US$30 millones en tributos producto del robo de este recurso natural.

¿Cuál es su visión sobre el estado de los recursos pesqueros y cómo se explican posibles causas y soluciones?

Como gremio hemos realizado numerosos esfuerzos buscando desarrollar una pesca sustentable y que permita la conservación de los recursos. El informe de la Subpesca que anunció el mejoramiento del estado de la merluza común y el jurel es muestra de que nuestra visión está dando frutos. El camino pendiente es poner énfasis en la fiscalización para frenar la pesca ilegal y en la toma de conciencia de que la pesca ilegal es un tremendo daño al patrimonio pesquero. Los pescadores industriales hemos internalizado que la viabilidad y permanencia de nuestra actividad en el tiempo solo la otorga la sustentabilidad de los recursos sobre los que trabajamos. Por ello defendemos la conservación de las especies respetando las vedas y asignación de cuotas de captura aplicadas según el criterio que le proveen los Comités Científicos Técnicos a la autoridad pesquera.

Desde Asipes seguiremos denunciando la pesca ilegal y continuaremos impulsando la innovación en las compañías pesqueras sobre técnicas de pesca para intervenir lo menos posible en el hábitat de los recursos. Promovemos el cuidado de los entornos marinos y nos sumamos a las normativas que las autoridades del sector exigen para la sustentabilidad de las especies.

Lamentablemente la pesca ilegal es el principal flagelo que sufre el sector pesquero chileno, pero no es popular atacarla ni denunciarla, pero se trata de un delito como cualquier otro, de ganancias millonarias y que terminará por destruir algunas especies.

¿Cuál es su visión sobre la Ley de Pesca y hacia dónde debiera ir la normativa?

La actual Ley de Pesca requiere perfeccionamientos que vayan en directo beneficio del país pesquero. Creemos que se debe hacer énfasis en los criterios científicos de la normativa, intensificar su espíritu conservacionista y enfocarse en la sustentabilidad de los recursos pesqueros. Se debe aumentar los recursos del Estado para la investigación, fortalecer los Comités Científicos Técnicos e igualar los beneficios sociales de los trabajadores industriales a los del sector artesanal. Si bien la actual ley considera una plataforma social para los trabajadores del sector industrial, las medidas de mitigación no han sido suficientes, son derechamente deficientes o no cumplen los objetivos planteados.

Por otra parte, el informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que analizó la actual legislación pesquera, coincide en que la pesca ilegal es uno los principales flagelos que hoy afecta la conservación de los recursos y sugiere desarrollar una política de combate que tenga una visión de conjunto de los esfuerzos que se realizan en el área y que incluya diagnóstico, implementación, monitoreo y evaluación periódica de medidas aplicadas en este ámbito.

Como gremio estamos conscientes que no es popular presentar mociones que permitan más y mejores herramientas de fiscalización al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) para combatir la peca ilegal. Ya hemos visto que sus funcionarios se encuentran bajo permanente amedrentamiento y que ha significado la quema de vehículos, golpizas a fiscalizadores y la destrucción de las oficinas del Servicio, entre otros delitos cuando buscan sancionar la pesca ilegal artesanal. Sin embargo, creemos que ese es un punto clave en el futuro de la ley.

¿Cómo describe el estado de los principales recursos pesqueros de la macro zona centro-sur?

De acuerdo con la información científica entregada por la Subpesca, que sirvió como insumo para la definición de las cuotas 2017, se ratifica mejoramiento del estado de la merluza común y el jurel:

– La merluza común cambia su estado de colapso a sobrexplotado, mejorando su nivel de biomasa desovante desde 19% a 21%. El Gobierno anunció que este escenario permitirá aumentar en 8,7% su cuota de extracción, la que llegará a 25 mil toneladas, tras dos años que se mantuvo en 23 mil toneladas.

– El jurel, sobre la base de la evaluación proporcionada por el Comité Científico de la ORP-PS se observa una tendencia sostenida desde el año 2010 al incremento de la biomasa desovante así como del reclutamiento.

– La anchoveta entre las regiones de Valparaíso y de Los Lagos, se mantiene el estado de agotamiento, pero en términos absolutos, durante 2016 se observó un leve aumento de la biomasa.

¿Cuáles son los desafíos de la industria?

El sector pesquero industrial mira permanentemente al futuro y su visión hoy está puesta en los próximos 25 años. Esta consiste fundamentalmente en lograr la efectiva recuperación de las pesquerías vía el respeto irrestricto de medidas que apunten a la sustentabilidad de los recursos y así llevarlas a su máximo rendimiento sostenible.

También contribuir a la investigación, desarrollo y permanente búsqueda de las mejores tecnologías para los artes de pesca con el objetivo de minimizar los efectos secundarios en la fauna acompañante. Implementar mejoras en la eficiencia en las naves pesqueras que permita optimizar su huella de carbono, a través de artes de pesca más livianos o motorizaciones con diseños más eficientes.

En cuanto a la generación de nuevos productos, nuestro objetivo es desarrollar producción orientada al consumidor final que quiere cada vez más proteínas más simples, fáciles de cocinar y al alcance de la mano. Y como desafío principal, desarrollar campañas y acciones destinadas a aumentar el consumo de pescado entre las personas, ya que Chile el consumo per cápita anual es apenas de 13 kilos por año.

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