Comunidades de pescadores de Chiloé llegaron el pasado viernes 10 de marzo hasta el “Rainbow Warrior” con banderas negras en sus embarcaciones en señal de luto por lo sucedido en el archipiélado tras un año del vertimiento de salmones en la zona.

“Nosotros vivimos del mar. Hay una herida abierta, queremos reparación y estudios concretos. A un año no sabemos nada de lo que ocurrió. Necesitamos recuperar nuestra identidad y cultura. Exigimos a la clase política hacerse responsable y que haga lo necesario para que este crimen que se cometió en Chiloé no siga quedando impune”, subrayó el portavoz del Movimiento Defendamos Chiloé, Juan Carlos Viveros.

Para Greenpeace, lo que ocurre con las prácticas de la industria salmonicultora “revela que no hay responsabilidades ni reparación. No hay nada que detenga ni nadie que se haga cargo de los impactos de la salmonicultura. Nosotros no queremos que este crimen social y medioambiental que afectó a la isla se expanda ahora a la Región de Magallanes, destruyendo así los ecosistemas de los mares australes de nuestro país”, declaró Estefanía González, coordinadora de Océanos de Greenpeace en Chile al momento de iniciar la actividad realizada a bordo del barco “Rainbow Warrior”, que llegó a nuestro país en el marco de la campaña “Salvemos los mares del fin del mundo” que lidera la ONG ambientalista.

​Por su parte, el biólogo de la Universidad de Chile y oceanógrafo de la Universidad de California (Estados Unidos), Tarcisio Antezana, también presente en la embarcación, sostuvo que el vertimiento de salmones en marzo de 2016 “aún no tiene una explicación ni un estudio que responda a todas las dudas que existen. Por esto el peligro que tiene la posible expansión de la salmonicultura a la Región de Magallanes donde, por las características de sus aguas, la actividad ligada al salmón puede llegar a generar una crisis todavía peor a la que sucedió en Chiloé”, concluyó Antezana.