Un inédito proyecto a nivel mundial de investigación científica se alista para ser llevado a cabo a 70 millas náuticas de la costa (130 kilómetros) de Punta Lengua de Vaca, región de Coquimbo, Chile, y a 2.000 metros de profundidad, con el objetivo de fertilizar el fitoplancton, que es el inicio de la cadena alimenticia de las especies silvestres marinas.

Lo anterior permitiría mejorar la biomasa de peces agotados en el país sudamericano, fundamentalmente la anchoveta y el jurel que fueron categorizados como sobreexplotados por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) a principios de abril.

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En pequeña escala y de manera controlada, se agregará en estas zonas una «semilla» compuesta de hierro y otros nutrientes naturales, en remolinos (vórtices) contiguos. La medida de una taza es suficiente para fertilizar una hectárea.

El proyecto es de la empresa científico tecnológica canadiense Oceaneos, y ha sido expuesto ante las autoridades administrativas del país, Instituto de Investigacion Pesquera (Inpesca), agrupaciones de pesca artesanal, industria pesquera, autoridades regionales de Coquimbo, y cuenta con el reconocimiento de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) en el Start-Up de 2014.

Desde la compañía precisan que esta iniciativa de siembra oceánica -desarrollada en uno de los laboratorios de nanotecnología más importantes de Canadá, el 4dLabs de la Universidad Simon Fraser- no tiene relación con la captura de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, lo cual no está permitido internacionalmente en gran escala. «El proyecto de Oceaneos es acotado, científico, no comercial y a escala pequeña. Está regido a la normativa emanada protocolo de la Organización Marítima Internacional (OMI) de las Naciones Unidas (ONU) para proyectos de fertilización oceánica, que sí la permite como investigación científica», aseguran desde la firma cuya casa matriz se encuentra en Vancouver.