(Pulso) La Federación de Productores de Fruta de Chile A.G. (Fedefruta), Fundación Chinquihue, Universidad de Chile y UC Davis, son algunas de las instituciones de las que dependen varios centros de extensionismo de Chile, enfocados a mejorar los estándares productivos en la agroindustria, pesca y acuicultura, mejorando las capacidades de los empresarios locales y permitiéndoles acceder a nuevos mercados.

Por ejemplo, en el área de la acuicultura, el Centro de Extensionismo Tecnológico para una Miticultura Sustentable (Cetmis) es un organismo que depende de la Fundación Chinquihue y que se ubica en la región de Los Lagos. “Este es el segundo año del proyecto y lo que buscamos es poder disminuir las brechas tecnológicas en la industria de la miticultura (producción de choritos)”, explica el gerente de Fundación Chinquihue, Claudio Pérez.

Esta entidad asesora a pequeños y medianos productores de estos moluscos, muchos de cuales se iniciaron como pescadores artesanales. “Hay dos fases productivas: la captura de semillas y la engorda. Nosotros trabajamos específicamente en estas áreas. Visitamos a los productores y hacemos un diagnóstico de su estado, considerando el nivel de tecnología y lo que les hace falta en ese sentido. Después, generamos un plan de trabajo con ellos, donde buscamos disminuir las diferencias con otros actores del mercado, a través del acompañamiento y asesorías”, asegura Pérez.

De este modo, el organismo se encarga de asesorar a los pequeños productores en cuestiones como la colocación de “sistemas de cuelga” en el mar y el análisis de las corrientes, entre otras.

“También estamos en el camino de ayudarlos a acceder a ciertos financiamientos públicos. El primer desafío es poder ampliar nuestra cobertura, nuestros clientes en el fondo. Hoy, nosotros intervenimos en el 9% de la producción total de los choritos y queremos llegar a un 15%. Eso se va a reflejar en productos de mejor calidad, además de rendimientos productivos más importantes y mayores beneficios económicos. En definitiva, esto se traduce en una calidad de vida más alta”, afirma Pérez.

Presione aquí para continuar leyendo la nota original en Pulso.