(El Mercurio) No es que fuera gourmet, pero probablemente Hernando de Magallanes introdujo en Chile los primeros moluscos marinos “extranjeros”. Lo hizo sin saberlo; llegaron adheridos al casco de los buques que navegaron por el estrecho que hoy lleva su nombre.

Tal podría ser el caso del Mytilus galloprovincialis o mejillón de Galicia, originario del Mediterráneo, asegura el biólogo y malacólogo Sergio Letelier, investigador principal del estudio “Moluscos Exóticos en Chile”. La publicación fue elaborada con el apoyo del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (Global Environment Facility, GEF), el Ministerio del Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), como una forma de documentar el impacto de estas especies en la biodiversidad local. “Cuando empecé a investigar me di cuenta que había un vacío muy grande en el conocimiento de los moluscos exóticos”, detalla Letelier.

Las poblaciones del mejillón gallego se han superpuesto de tal manera con las del Mytilus chilensis, el popular choro, que por mucho tiempo se creyó que las poblaciones de Biobío correspondían a la especie local, cuando en realidad se trataba de la foránea. Para diferenciarlos, ahora a esta última se la conoce como “chorito araucano”.

Algunos moluscos foráneos han sido introducidos desde la década de los ’70 con el fin de cultivarlos comercialmente en ambientes controlados (crecen y no se reproducen), como el ostión europeo (Pecten maximus), la ostra del Pacífico (Crassostrea gigas) y el abalón rojo (Haliotis rufescens) y el verde (H. discus hannai).

Letelier reconoce que, en el caso de estas especies de cultivo, ha habido ocasionales fugas de abalones fuera de su ambiente controlado, pero afortunadamente no lograron adaptarse. Se supo porque se encontraron conchas muertas en un fiordo inmediato a la zona de cultivo.

No sobrevivieron porque la temperatura del mar es menor a aquella a la que están adaptados.

El cambio climático podría complicar el escenario de contención natural. “Si aumentara la temperatura unos dos grados, muchas especies que hoy están controladas por la diferencia térmica de su hábitat van a prosperar y podrían competir con las nativas. Es un problema potencial”, precisa.

Otra vía de ingreso de moluscos exóticos ha sido como importación para servir de especies ornamentales. “Los acuaristas son los que los traen”, dice Letelier.

Aquí destacan al menos cinco especies con conchas muy atractivas, como el “caracol turbo” (Turbo fluctuosus), el “lengua de flamenco” (Cyphoma gibbosum) y el “estrella” (Lithopoma tectum), y una babosa marina sin concha conocida como “liebre de mar” (Aplysia dactylomela). Hasta ahora ninguna ha prosperado fuera de este ambiente controlado.

Unos pocos moluscos han sido acarreados hasta nuestras aguas por el fenómeno de El Niño, como una babosa marina conocida como “chanchito de mar” (Aplysia juliana), que habitualmente no habita las aguas de Chile, por ser muy frías. Lo mismo ocurre con el caracol tritón (Monoplex wiehmanni), que se distribuye entre California y Perú.

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