Cuando se aproxima a cumplir ocho meses como ministro de Pesca de Noruega, Harald Tom Nesvik (en la foto destacada, cuyos créditos son para Bjørn Inge Bergestuen) participó de la visita de Estado que los reyes de su país realizaron en Chile entre el pasado martes (26) y este domingo 31 de marzo.

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En ese marco, Nesvik fue uno de los expositores durante la Cumbre Chileno-Noruega de negocios (Chile-Norway business 2019), instancia que permitió el encuentro entre políticos y emprendedores de diversos sectores industriales de ambos países. La reunión fue organizada por Innovation Norway y la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa).

Cumbre Chileno-Noruega de negocios (créditos: Editec)

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Tras el foro empresarial, AQUA aprovechó a dialogar con el secretario de Estado sobre algunos de los temas que están marcando la agenda de la salmonicultura noruega.

El gobierno de su país ha contemplado la adjudicación de nuevas licencias de cultivo de salmón a través de subastas. ¿Por qué decidieron implementar este sistema y cuáles son los beneficios?

El sistema nació porque queremos generar mayor competencia, nuevos actores en el mercado y recaudación fiscal que permita destinar más recursos al desarrollo de las comunidades locales.

Este sistema también nos permite conocer el valor real de cada concesión gracias a la transparencia de licitar. Y además, los salmonicultores pueden apostar por cantidades menores que una licencia completa, y esto podría ser lucrativo, especialmente para los actores más pequeños.

En definitiva, el formato de la subasta abre el camino para que todos los interesados participen, y esto incluye a las pequeñas y medianas empresas (pymes).

¿Considera que sería una buena opción para Chile?

Desde mi posición como ministro noruego no me corresponde opinar por políticas de otros países, pero podemos decir que es un sistema que ha servido para nosotros en términos de competitividad real y crecimiento sustentable en la industria acuícola.

Y para alcanzarlo hemos barajado distintas opciones, las cuales nos han llevado a este sistema mixto de subastas y también de entrega de concesiones a precio fijo.

¿Cuál es la situación actual de las denominadas “licencias de desarrollo”, por ejemplo las del “Ocean Farm 1” de SalMar?

Yo mismo he visitado el ‘Ocean Farm’ y puedo corroborar que ha sido un éxito. Ya cerraron un ciclo productivo y no tuvieron que hacer mayor trabajo para atacar los piojos de mar. Eso sí, debemos tener claro que esto está recién empezando y es una tecnología puntual, por lo que debemos seguir apostando por la innovación mediante la entrega de ‘licencias de desarrollo’.

Este es el primer paso y tenemos que ir más allá.

Históricamente, la salmonicultura noruega ha debido lidiar con las críticas que la consignan como una de las principales responsables en el decaimiento de la población de salmónidos silvestres, fundamentalmente por los escapes de peces desde centros de cultivo. ¿Qué han hecho los productores y la autoridad para revertir esta situación; y cuál es la imagen que hoy tiene la ciudadanía sobre la industria?

Ahora hay una mucho mejor imagen de la industria del salmón. Es una actividad productiva joven, que comenzó recién a inicios de la década del ’70. Y desde entonces hasta hoy, hemos visto muchos cambios relacionados con los estándares, equipamiento, tecnología, entre otros.

Además, la industria paga por servicios de captura para sacar los salmónidos de cultivo desde los ríos.

Todo esto evidencia que se está haciendo mucho en términos de sustentabilidad y con el objetivo de reducir la huella de carbono al mínimo.

Junto con lo anterior, quiero destacar que esto se ha logrado gracias a la cooperación del Estado, la ciencia, la academia y la misma sociedad civil que participa, por ejemplo, en consultas ciudadanas.

¿Qué puede hacer Chile para aprender de la experiencia noruega y viceversa?

Noruega tiene sus desafíos, Chile también los tiene, entonces cuando dos países y sus empresas intercambian conocimientos obtienen mejores resultados en todo sentido, puesto que son frutos de esfuerzos conjuntos.

En definitiva, cuando la tecnología, investigación, desarrollo e innovación funcionan de manera integral y colaborativa, las soluciones que se obtienen permiten generar más y mejores negocios.

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