Uno de los temas que llamó la atención en la conferencia internacional AquaForum 2019, realizada este jueves 17 de octubre en el hotel Cumbres de Puerto Varas (región de Los Lagos), fue el de relacionamiento comunitario y desarrollo sostenible, el cual fue analizado por dos actores especialistas en estos asuntos.

El primero de ellos fue el presidente ejecutivo de Gestión Social, Juan Pedro Pinochet, quien no dudó en golpear la mesa y hacer un fuerte llamado a los salmonicultores a tomarse en enserio el desafío de establecer mejores relaciones con su entorno, analizando las reales necesidades que hay en las comunidades donde operan para tomar acciones que tengan un verdadero impacto en la calidad de vida de las personas.

El especialista destacó que la industria chilena del salmón generó alrededor de US$ 5.000 millones en términos de retornos en 2018 y que, sin duda, ha motivado un sinnúmero de acciones de relacionamiento comunitario. Para ser exactos, alrededor de 1.126 acciones el año pasado. Sin embargo, la región de Los Lagos, que es una de las zonas donde la actividad está más presente, es la segunda a nivel nacional con más pobreza multidimensional. Por ejemplo, el 25% de la población no tiene las necesidades básicas cubiertas, el resultado promedio de la PSU es de 460 puntos y el ingreso promedio es de $483.801 pesos. A su juicio, el crecimiento económico no se sostiene cuando hay números de este tipo.

¿Qué hacer? De acuerdo con Juan Pedro Pinochet, es fundamental avanzar hacia acciones de relacionamiento comunitario bien focalizadas. De igual forma, los esfuerzos deben ser coordinados, ojalá, a través de un gremio. En este último punto, recordó que los empresarios deben tener siempre presente que “los problemas de la industria son de todos” y que es preciso que todos caminen en el mismo sentido.

Asimismo, dijo que estos temas deben ser asumidos por todos quienes componen la organización y no por quienes conforman los departamentos (RSE, Relacionamiento Comunitario, Vinculación con el Entorno) a los cuales se las asignan estas labores. “No basta con tener un área buena onda o hippie en la empresa. Hay que entender la sostenibilidad como parte del corazón del negocio. Si no cambiamos la actitud frente a lo que está pasando, estamos perdidos”, expuso. Reforzó que la sostenibilidad es, simplemente, la capacidad de adaptarse al entorno y que las organizaciones deben entregar las herramientas para ello, pensando siempre a largo plazo.

El relator también hizo hincapié en la necesidad de abordar el tema con una mirada más horizontal y no con la mirada vertical que hoy impera en la sociedad. “Nosotros somos colonos y tenemos una visión vertical, casi católica, de andar mirando hacia abajo. Y cuando nos acercamos a la comunidad, lo hacemos así, nivelando hacia abajo. Eso es injusto, por no generamos movilización social, no empoderamos, actuamos a partir del miedo. Hay que empoderar a las personas en situación de vulnerabilidad o con menos recursos, subirlas y a partir de eso generar diálogos y acuerdos”, sostuvo el experto.

Crisis climática

Posteriormente, el director de Triciclos, Munir Rumie, abordó la economía circular y las empresas B. Según lo explicado por el ejecutivo, hay que asumir que hoy estamos viviendo una etapa de crisis climática y que lo único que hay que hacer es frenarla. Para ello, indicó, hay que pasar de la actual economía lineal, a la economía circular, donde se minimice al máximo la generación de residuos.

“La economía lineal ha alcanzado sus límites, donde ya se ha empezado a ver el agotamiento de una serie de recursos naturales y combustibles fósiles, como también el espacio disponible para desechar la basura que generamos”, dijo el ejecutivo.

“El 80% de los jóvenes piensa que las empresas son las primeras que deberían iniciar un cambio para cuidar el planeta”, expuso. Añadió que es por ello que las organizaciones deben transitar hacia un nuevo modelo, donde los productos, desde el origen, sean pensados para que nunca lleguen al basurero.

En cuanto a las empresas B, Munir Rumie comentó que este concepto tuvo su origen el año 2006, con la organización sin fines de lucro B Lab –presente en Estados Unidos y Canadá– que redefinió el sentido de éxito de las empresas, sugiriendo que estas deben apostar por solucionar problemas sociales y ambientales a partir de los productos y servicios que comercializan. Es así como comenzaron las primeras certificaciones BCorp. Más adelante, B Lab formó una alianza con algunos actores de América Latina, difundiendo juntos el movimiento B en esta parte del continente.

“Al año 2016, el Movimiento B ya es global y está presente en Europa Continental, Reino Unido, Africa Lusófona y Australia. Está formado por empresas que se comprometen a mejorar y a generar impactos sociales y ambientales positivos”, expuso el profesional. También llamó a las empresas del mundo de la acuicultura a sumarse a esta tendencia. Detalló que hay un cuestionario disponible para las empresas que quieren acceder a esta certificación, el cual es gratuito. De esa manera, las compañías pueden comenzar a probar si calzan con el modelo e ir avanzando de a poco hasta cumplir con los requisitos.

En el encuentro también se desarrolló un panel de discusión, donde participaron el presidente del Sindicato de Pescadores Artesanales de Caleta Anahuac, Juan García; la encargada de Asuntos Corporativos de Cargill Chile, Paula Carvajal; el presidente del Sindicato de Trabajadores de Mowi Chile, Abraham Abad; el subgerente de Relaciones Comunitarias de Multiexport Foods, Felipe Diaz; y el director del Proyecto UÑU (Innovación Social), Javier Garcia.