El faro Punta Dungeness cumplió 121 años sirviendo como una ayuda primordial para la navegación en la ribera norte de la boca oriental del estrecho de Magallanes.

El faro instalado y en pleno funcionamiento en la punta Dungeness, es la luz que guía a las naves que ingresan al estrecho por la boca oriental del paso bioceánico o que navegan en dirección al océano Atlántico después de haberlo cruzado, de la mano de un práctico, desde las aguas del Pacífico.

En la actualidad la dotación está compuesta por dos familias, una de estas es la del cabo 2° (F) Giovanni Lanfranco junto a su esposa Marjorie Sepúlveda y su pequeño hijo Alexander, adicionalmente y por un período es parte de la dotación el marinero 1° (F) Marcelo Ávila.

Las tareas de quienes operan el faro son diversas, entre estas el chequeo cada 3 horas de los instrumentos meteorológicos, operación de radio y tarea de mantenimiento de la estructura.

Sumado a lo anterior, la visita esporádica de personas que buscan conocer un poco más de aquella estructura que rompe con el paisaje patagónico, quienes registran en el “Libro de Visitas” diferentes países, ciudades e impresiones.

Para el cabo Lanfranco, “nuestra experiencia en el faro Punta Dungeness ha sido muy gratificante como familia. El poder pasar momentos con mi hijo y verlo crecer, estar con mi familia es impagable, siendo una experiencia que voy a llevar por el resto de mi carrera”.

“Es una tremenda responsabilidad, la cual se debe asumir con profesionalismo y constante aprendizaje, en donde nada puede ser dejado al azar”, agregó.

A su vez, el marinero 1° Ávila afirmó que “es un orgullo formar parte de la dotación del faro Punta Dungeness en sus 121 años de existencia en el estrecho de Magallanes”.

“Es una forma extraordinaria de poner a prueba los conocimientos adquiridos en la Escuela y sobre todo poder aprender cada día, en especial de los más antiguos y poder reafirmar la vocación y cariño por la especialidad”, complementó.

Historia del faro

Los trabajos para su construcción se iniciaron el 10 de junio de 1897, a cargo del ingeniero Alan Brebner, por medio de contratistas, quienes lo entregaron sin terminar, por lo que hubo que concluirlos con personal de la Armada de Chile.

Para su habilitación se utilizó el antiguo aparato de punta Curaumilla, con un sistema Fresnel de 4º Orden, con un sistema óptico cuya luz era producida por un manto incandescente a lámpara de parafina y un mecanismo de reloj que lo hacía girar.

Este fue montado en la torre metálica de 25 metros, la cual estaba destinada originalmente al faro Islote Evangelistas, una vez terminado fue habitado por tres guardafaros, estructura que se mantiene hasta nuestros días.

Este faro fue inaugurado el 20 de febrero del año 1899 a escasos días del “Abrazo del Estrecho” entre los presidentes de Chile y Argentina, acto que venía a dar fin a una fuerte disputa diplomática entre ambos países.

La luz del faro puede apreciarse desde una distancia de 21 millas náuticas, es decir, a poco más de cuarenta kilómetros e indica que la boca oriental del estrecho de Magallanes “está ahí”.

Con una vista impresionante del estrecho de Magallanes se puede ver claramente cómo el Atlántico se encuentra con el Pacífico, mientras el incesante giro de fanal espera la oscuridad para poder iluminar al navegante, la misma ruta que dio la bienvenida a Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano en 1520.

De esta forma, el faro Punta Dungeness es parte de una historia que involucra tres siglos, prestando valiosos y vitales servicios a la navegación por aguas que muchos califican como “peligrosas”, tanto por las corrientes marinas como por las condiciones climáticas que imperan en el área.