Tras la reunión del comité de emergencia diario por el covid-19 (coronavirus) en el Palacio de La Moneda, el subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, anunciaba el pasado miércoles 25 de marzo nuevas medidas de control sanitario para la comuna de Puerto Williams (región de Magallanes y de la Antártica Chilena) y la isla de Chiloé (región de Los Lagos), con el objetivo de frenar el número de contagios.

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“La reciente medida implementada por el Gobierno, si bien es cierto obedece a una forma de prevenir la difusión o expansión del covid-19 en ciertos territorios de la República, en este caso la isla de Chiloé, es absolutamente comprensible, más aún si han sido los propios pobladores quienes lo han solicitado. Desde este punto de vista estrictamente sanitario pensando en la salud de la población, para nadie debiera resultar ajeno ni tampoco cuestionable la medida adoptada”, comenzó diciendo en entrevista el director de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Santo Tomás (UST) Puerto Montt, Dr. Víctor Alvarado Lacrampe, quien lleva años estudiando el rubro acuícola.

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El académico añadió que, no obstante lo anterior, “no cabe duda que medidas de este tipo siempre deben ser analizadas en detalle, pues existe una serie de efectos colaterales que ponen en riesgo a la industria, los sistemas productivos de todo tipo, el comercio, sus empresarios y por sobre todo a una industria como la salmonicultora, que querámoslo o no, es y esperamos siga siendo, el motor de desarrollo de esa misma zona y fuente laboral para muchos isleños”.

¿Cómo afecta este cordón sanitario a la salmonicultura?

Para quienes conocemos cómo funciona la industria del salmón, resulta evidente que una medida como la adoptada por la autoridad si bien es cierto es necesaria por la razones humanitarias y de salubridad, que se entienden, no puede frenar de un rato a otro el movimiento de camiones y/o embarcaciones que permiten no solo abastecer de insumos a estos centros de cultivo, sino que además de poder ir sacando el producto final, vale decir la cosecha y posterior traslado de dichos salmones faenados, para llevarlos hasta su destino final, que en el caso que nos ocupa se trata principalmente del extranjero a través de la vía aérea y/o de barcos, como también vía camiones para destinos sudamericanos más cercanos.

Las instrucciones emanadas desde el nivel central han sido claras y permite este movimiento en la medida que toda la documentación lo avale y se cumplan con las trampas sanitarias de desinfección del caso, de manera tal que estos vehículos y las personas que viajan en ellos, no se conviertan en transmisores de la enfermedad y así evitar riesgos de expansión hacia el archipiélago de Chiloé.

¿Y qué medidas sugiere para evitar este posible daño colateral?

Se debe analizar en profundidad esta situación, pues si se toman todos los resguardos sanitarios del caso de la misma forma como ya se han adoptado en otras localidades del país, el riesgo de expandir el coronavirus a través de todos estos operadores que se desplazan, debiera ser mínimo y por lo mismo no se expondría a la población de la isla a esta enfermedad.

Los salmones son entes vivos que llegada cierta edad de su cultivo en sistemas flotantes en el mar, deben necesariamente ser cosechados, pues de no hacerlo se corren riesgos de todo tipo, comenzando por los sanitarios.

Los peces pueden enfermar y con ello haber grandes pérdidas a raíz de mortalidades, situación que obviamente no es deseable para nadie, ya que traería graves consecuencias para el estatus sanitarios del centro de cultivo y en general el área de cultivo o barrio respectivo, como igualmente para el medio ambiente.

Necesariamente por temas productivos propiamente tales, así como basados en la legislación vigente, los salmones que mueren debe ser retirados desde los sistemas de cultivo y además deben llevarse a lugares previamente establecidos y siguiendo los protocolos respectivos. No lograr hacer esto debido a restricción de movimiento de personas y vehículos, resultaría en un grave atentado a la salud de los cuerpos de agua, el medio ambiente y la industria.

¿Cómo afectaría entonces este cordón sanitario en la producción?

Productivamente hablando, las empresas salmonicultoras cuentan con programas de producción establecidos, lo que los obliga a sacar estos peces desde el mar para ser cosechados. Se ha provisto toda la logística de tal manera que a partir de las fechas programadas para ello, ya no se cuenta con el alimento para peces por no ser ello necesario.

Hoy vemos que ni siquiera se está permitiendo el ingreso de camiones con alimento para peces a la isla, si es que se quisiera intentar mantener los peces en sus sistemas de cultivo en el mar. No darles el alimento que requieren, no solo no corresponde pues entre muchos otros aspectos el bienestar animal no se estaría cumpliendo, sino que además produciría seguramente pérdidas económicas graves ya que nos enfrentaríamos a incumplimiento de entrega del producto final, toda vez que ello está amarrado por contratos previamente firmados entra las partes.

Además de este aspecto comercial, para nadie es extraño comprender que peces que no comen por varios días presentan bajas de peso que llevan inmediatamente a dos problemas: pérdida en la calidad del pescado que se obtiene, el que seguramente ya no cumplirá con los acuerdos comerciales en calidad, talla, peso y fecha de entrega, sino que además esta pérdida de peso por temas de ayunos prolongados, pueden alterar las defensas propias de los salmones, de manera tal que el sistema inmune no logra controlar eventuales problemas sanitarios propios de este tipo de cultivos, comenzando a enfermar.

¿Estima que la industria salmonicultora se encuentra preparada para esta emergencia sanitaria?

Es importante recordar que las salmonicultoras cuentan con los permisos necesarios ante la autoridad respectiva (Sernapesca) para el movimiento y traslado de sus peces, el que debe realizarse en las fechas autorizadas y no antojadizamente.

Por otro lado existen acuerdos comerciales, a través de contratos formales, para acceder a las distintas plantas procesadoras de salmones, lo que significa que dicha “ventana” debe ocuparse, pues las empresas que realizan este servicio sencillamente tienen comprometido dicho espacio para tal o cual empresa, lo que dificulta hacer movimientos de última hora.

Entonces, ¿qué alternativas sugiere?

Una alternativa que bien pudiera ayudar mucho a disminuir todos los efectos colaterales que esta medida de prohibición de ingreso y/o salida de la isla está produciendo a la industria salmonicultora, bien pudiera ser usar la vía marítima exclusivamente, la que podría lograr éxito en la medida que los entes participantes de esta cadena productiva así como la autoridad competente, puedan acordar ciertos protocolas para tales propósitos.

De existir la voluntad entre las partes, así como las embarcaciones que se requieren (no cualquier embarcación sirve para estos propósitos) y adoptando todas las medidas restrictivas del caso, donde la principal sería impedir que en estas embarcaciones viaje gente extraña y de fuera de la zona, tal vez pueda lograrse buenos resultados, resguardando de esta forma la salud pública de los habitante de Chiloé.

Lo más probable que lograr esto último no es sencillo, seguramente elevaría los costos productivos. Se requiere además un férreo compromiso de todos los entes involucrados pero especialmente de las autoridades respectivas que deben fiscalizar, de manera que haya transparencia absoluta y de esta forma se cumpla el objetivo final que es evitar la expansión de este virus en el territorio nacional.