“Para Noruega y otras naciones acuícolas-pesqueras, esta es una oportunidad real para una revolución azul e ilustra el significado de la sostenibilidad social, económica y ambiental. Es que los productos del mar pueden ser una parte importante de la solución en términos de reconstrucción de comunidades, creación de empleos y producción de alimentos de manera responsable y con baja huella de carbono; es lo que nosotros denominamos como economías azules”.

Así comenzó diciendo la directora ejecutiva (CEO, por su sigla en inglés) del Consejo Noruego de Productos del Mar (NSC, por su sigla en inglés), Renate Larsen, en una intervención realizada esta semana para referirse al impacto que está teniendo el Covid-19 (coronavirus) en la economía global.

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La relevancia de los dichos de Larsen tienen que ver con que Noruega es el segundo mayor exportador de alimentos marinos del mundo y el mayor productor de salmón Atlántico (Salmo salar). Solo el año pasado, se consumieron 36 millones de raciones diarias de pescados, mariscos, crustáceos, entre otros recursos noruegos, en 149 países de todo el planeta.

Diálogo con actores de la industria

A medida que la sociedad se está abriendo después de frenar con éxito la propagación del virus en Noruega, el trabajo de cómo volver a encauzar la economía ha comenzado en serio. La semana pasada, la primera ministra, Erna Solberg, y el ministro de Pesca, Odd Emil Ingebrigtsen, se reunieron con representantes de la industria acuícola-pesquera para analizar qué papel debería desempeñar en la reconstrucción de la economía.

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“Durante la crisis del Covid-19, la industria noruega ha estado en pleno funcionamiento, ya que está clasificada como esencial para la seguridad alimentaria. Las exportaciones de salmón, bacalao y otros productos del mar también han sido relativamente estables, pero con grandes diferencias entre especies, productos y mercados”, han subrayado los representantes gubernamentales del país nórdico.

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“El mundo está despertando a un nuevo orden mundial después de esta crisis, y sentiremos las repercusiones durante mucho tiempo, tanto en términos de incertidumbre económica como en nuestras elecciones cotidianas. Pero el mundo seguirá adelante, todavía tenemos que escalar una montaña cuando se trata de abordar el cambio climático y la seguridad alimentaria, y las inversiones en la producción responsable de productos del mar son parte de la solución. En Noruega estamos en una posición muy afortunada de estar en la situación financiera para impulsar la industria y poner en marcha proyectos nuevos y sostenibles en el sector acuícola-pesquero rápidamente después de esta crisis. Puede ser una gran oportunidad para la industria, no solo en Noruega, sino también en muchos de nuestros importantes mercados de exportación, donde se crean empleos en el procesamiento, la distribución y las ventas”, adujo Renate Larsen.

Impulso del rubro

El papel de la industria acuícola-pesquera post-coronavirus también fue destacado por Ragnar Tveterås, quien es profesor de economía industrial de la Universidad de Stavanger (Noruega).

“Existe el potencial de crear empleos en todas las partes de la cadena de valor en el rubro de los productos del mar. Desde la crisis financiera de 2008, el valor agregado nominal en el sector acuícola-pesquero noruego se ha triplicado y el empleo ha aumentado en más del 50 por ciento. A través de una acción rápida y decisiva por parte de los tomadores de decisiones, esta industria podría crear aún más empleos en una situación en la que hay muchas manos y cabezas competentes disponibles”, resumió Tveterås.

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