Frente a la información disponible sobre la actual condición de las pesquerías de Chile, aparecen interpretaciones optimistas. Sin embargo, en el documento “Estado de situación de las principales pesquerías chilenas, año 2019” de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), se observa que se declara una pesquería subexplotada, ocho en plena explotación, trece sobreexplotadas y cinco agotadas.

Las cifras hablan por sí solas, es decir, se tienen serios problemas.

Ahora bien, si consideramos solo las pesquerías con licencias transferibles de pesca (LTP) y con permisos extraordinarios de pesca, una está subexplotada, siete en plena explotación, ocho sobreexplotadas y tres agotadas. Aquí la situación no cambia sustancialmente.

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Mientras que las de acceso general en estado de plena explotación y de plena explotación sin licencias, una pesquería se encuentra en plena explotación, cinco sobreexplotadas y dos agotadas. En este caso, la cosa es complicada.

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Así comienza su análisis el doctor Eleuterio Yáñez Rodríguez, profesor titular de la Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y quien se desempeña también en el Laboratorio de Oceanografía Satelital de dicha casa de estudios. “En general, podemos decir que la situación de las principales pesquerías chilenas es bastante preocupante, representando un problema muy serio. Ahora bien, el estado de plena explotación estaría implicando el logro de rendimientos máximos sostenidos (RMS), cuando en verdad esta es una seria advertencia que indica que inmediatamente después normalmente pasamos rápidamente a la sobreexplotación, que es una luz roja que indica no pasar”, enfatiza el Dr. Yáñez, para quien la historia ha demostrado que esta medida, impulsada especialmente por biólogos pesqueros de la época, no dio buenos resultados.

Los economistas pesqueros propusieron entonces el rendimiento máximo económico (RME), que busca mayores rentabilidades socioeconómicas y al mismo tiempo permitiría una mayor protección de los recursos al capturar menos que el RMS. Junto con decir que en este caso “estaríamos haciendo un buen negocio”, el Dr. Yáñez puntualiza que “cabe señalar que al sobrepasar el punto del RMS comenzamos no a ‘raspar la olla’, sino a sacar el metal de esta. También está el hecho que el cálculo de la condición de equilibrio del rendimiento máximo sostenido fluctúa dentro de un cierto rango de estabilidad, entonces hay un más y un menos (como un equilibrista en la soga con una larga vara que se bambolea). Fuera de este rango están las condiciones de no equilibrio o desequilibrio, particularmente aquellas preocupantes por sobre la curva de producción (pescar bastante más de lo permisible)”, argumenta el académico de la PUCV.

Por otra parte, las pesquerías pelágicas fluctúan con su hábitat, particularmente con la temperatura en donde aparece el término “nicho termal”. En este marco, precisa que el ambiente puede influir entonces en la abundancia y/o en la capturabilidad. Así, un ambiente óptimo tendrá un RMS óptimo (el maximun maximorum), un ambiente menos óptimo un menor RMS y un ambiente malo un bajo RMS. Entonces no hay un solo RMS, sino tantos como condiciones ambientales se den.

Jurel

Veamos el caso del jurel -detalla el especialista- sobre el cual la OROP-PS (Organización Regional de Pesca del Pacífico Sur) viene de estimar una captura máxima permisible de 680.000 toneladas para el 2020 en el Pacífico suroriental, aduciendo una recuperación del recurso en los últimos tres años.

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“Nuestros análisis indican que desde el 2015 se desarrollaron ambientes cálidos en el hábitat del jurel, asociados a sucesivos eventos ‘El Niño’, lo cual pudo haber aumentado la disponibilidad del recurso más que su abundancia. Es así que si consideramos el promedio de temperatura anual más bajo de este período cálido y el esfuerzo de pesca desarrollado en ese año, ambos de 2019, estimamos una captura permisible cercana a las 960.000 toneladas para el Pacífico suroriental. En cambio que con este mismo esfuerzo de pesca y con la temperatura promedio del período más frío de 1998-2014, estimamos una CTP de más o menos 440.000 toneladas”.

Entonces, ahonda el profesor Yáñez, “cabe señalar que después de un fenómeno ‘El Niño’ viene normalmente un periodo frío asociado a un evento ‘La Niña'”. Finalmente -subraya-, “estos análisis se realizaron con una corrección de las capturas chilenas de jurel del período 1998-2001, lo cual se señaló el año pasado en AQUA.cl y en la publicación titulada ‘2019, Estimación de capturas permisibles de jurel en el Pacífico sur oriental. Revista Versión Diferente, Año 17, N°31, 56-57. Eleuterio Yáñez & Antonio Aranís’. En definitiva, con los datos sin corregir, esta vez los modelos no resultaron estadísticamente válidos”, cierra el académico y experto en pesca extractiva.

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*Fuente de la foto destacada (de contexto): Sonapesca.