Desde el sector de la pesca industrial han visto alentadores resultados en las exportaciones de los primeros siete meses del año. «Este escenario se ha observado por la rápida reacción de la industria, acomodándose a los mercados que se mostraron más activos y aquellos que presentaron problemas de abastecimiento por parte de los competidores, principalmente».

Así comenzó asegurando el mayor gremio pesquero de Chile, la Sociedad Nacional de Pesca F.G. (Sonapesca), que durante la tarde de este miércoles 26 de agosto emitió un comunicado de prensa en donde entrega un análisis de los envíos del sector entre enero y julio de 2020, valorados en dólares, toneladas y variación de precios.

Este análisis reflejó que, en general, las ventas en concepto de exportaciones han aumentado un 30% en términos de volumen o toneladas embarcadas, alcanzando US$1.097 millones, un 15% más que los primeros siete meses del 2019. Esta diferencia entre volumen y precio se explica con la disminución de los precios de productos del mar en un 12%, adujo el gremio.

En cuanto a las conservas de pescado, se ha visto un incremento de la venta en un 57% (US$41,7 millones), en tanto en las conservas y preparaciones de mariscos se expresó un aumento del 33% (US$38 millones). Los buenos resultados globales esconden la difícil situación de algunos productos, sobre todo el cierre de los mercados para fresco refrigerados, ya que los pescados congelados y frescos tuvieron una contracción del 43%, equivalentes a US$56,7 millones. Sin embargo, el jurel congelado, producto con certificación de sustentabilidad MSC (Marine Stewardship Council), se ha mantenido más estable y hasta julio del 2020 se ha visto un incremento del 20%, equivalentes a 141.638 toneladas, aun cuando su precio cayó en un 13%.

Otros productos que han presentado un aumento en las exportaciones son las harinas de pesca extractiva con un alza de un 59% (191.463 toneladas). «Cabe destacar que los principales mercados de este producto son China, Japón y Corea del Sur que en conjunto representan el 75% de los envíos en valor. En este caso, la industria aprovechó las condiciones de mercado estacionales y adelantó ventas, lo que permitió este incremento respecto al año anterior, resultado que podría aplanarse durante el resto del año», añadió la Sonapesca.

Las ventas de aceite de origen pesca (crudos y refinados), también han aumentado un 39%, mientras que los concentrados de omega-3 para consumo humano tuvieron un alza de un 38%. Los principales mercados del aceite concentrado alto en omega 3 (EPA-DHA) son Estados Unidos y Reino Unido que en la actualidad alcanzan un 80% de participación conjunta. «Es necesario destacar este resultado, que refleja el esfuerzo de empresas por generar valor agregado con productos que requieren inversión y desarrollo tecnológico», agregó el gremio en su mismo comunicado de prensa.

Para la Sonapesca, hay varios puntos que se pueden destacar del informe, uno de estos son los números positivos en la producción, el cual, según su gerente, Héctor Bacigalupo, se debe al «continuo trabajo de las flotas y plantas de procesamiento, que, a pesar de las dificultades, no se han detenido desde el inicio de la pandemia, y además la búsqueda y adecuación de las empresas a las oportunidades de la demanda en algunos productos».

A su vez, dijo que ha sido relevante el trabajo de Cancillería y del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) para resolver asuntos relacionados con las barreras no arancelarias y mantener el proceso exportador, resolviendo dificultades de operación y reactivación de la cadena de valor.

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Pese a estos resultados, desde el sector dicen ser cautos. «Aún debemos ver cómo se comporta el resto del año, dado que la situación originada por la pandemia aún no termina, aunque mejoró respecto al inicio de año, esperamos continuar operando y manteniendo este equilibrio», cerró Bacigalupo.

Sobre este último punto, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el sector pesquero aún está sujeto a los impactos indirectos de la pandemia a través de las cambiantes demandas del consumidor, el acceso al mercado o los problemas logísticos relacionados con el transporte y las restricciones fronterizas. Esto, a su vez, tendría un efecto perjudicial en la seguridad alimentaria y la nutrición de las poblaciones que dependen en gran medida del pescado para obtener proteínas animales y micronutrientes esenciales.

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