Luis Durán, de caleta Guanaqueros, se cuenta entre los pescadores de Coquimbo que han empleado -a lo menos- por dos o tres generaciones el bolinche: un arte ancestral cuyo uso fue reconocido por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) para la captura artesanal de la palometa en la región.

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A lo largo de los años, Durán y sus pares han ido recopilando -cual historiadores- una serie de testimonios y documentos que evidencian la arraigada utilización del bolinche en Guanaqueros y muchas otras caletas de la zona para ir tras la palometa, cuando se acerca a la costa, habitualmente entre noviembre y marzo.

Entre las “pruebas” esgrimidas en su momento por los pescadores de la región sobre el uso ancestral del aparejo se contó un alto de viejas fotos. En algunas de ellas se aprecian botes operando con bolinche; en otras, grandes canastos repletos de palometas.

“Estamos contentos y orgullosos. Después de varias décadas se ha reconocido nuestro arte de pesca”, resume Durán, quien data en medio siglo -como mínimo- el uso del bolinche por parte de los pescadores en el área que hoy corresponde a la región de Coquimbo.

En lo inmediato, la medida de la Subpesca permitirá a los pescadores de la zona continuar empleando el bolinche hasta el 30 de abril de 2021 y mantener sus operaciones sobre la palometa: un recurso que se destina exclusivamente al consumo humano.

“Estamos muy orgullosos de que podamos reconocer este arte ancestral. Felicitamos a nuestros pescadores por tan importante logro, fruto de un gran trabajo y sacrificio”, afirma la intendenta de la región de Coquimbo, Lucía Pinto.

Anteriormente, la Subpesca había autorizado de manera transitoria el uso del bolinche en la zona para pescadores que cumplieran ciertos requisitos. El mencionado arte -selectivo y de bajo impacto- consiste básicamente en una malla, cuyos espacios tienen una dimensión de entre 1,5 y 3 pulgadas.

Nadie sabe exactamente cuándo surgió el bolinche. Pero a fines del siglo XVIII, por ejemplo, ya lo menciona una obra editada en España. En el caso de Chile, Durán asegura -tajante- que los pescadores de la zona de Coquimbo fueron pioneros: “Décadas atrás, ellos extendieron el uso del bolinche hacia caletas del norte -como Caldera (Atacama) y Paposo (Antofagasta)-, mientras seguían a los cardúmenes de palometa”.

Sin que haya todavía un veredicto definitivo sobre cuándo y cómo este arte pesquero de orilla llegó a las costas nacionales, las autoridades de la región de Coquimbo se enfocan por ahora en las positivas implicancias de la disposición que permite a los pescadores de la región seguir valiéndose del bolinche para la captura palometa.

“Se reconoce una pesca ancestral. Los pescadores podrán desempeñar su actividad de manera segura y con respaldo legal. Acá hubo un trabajo mancomunado del sector artesanal con las autoridades regionales, Sernapesca (Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura) y nuestra Subsecretaría”, destaca el director zonal de la Subpesca, Juan Carlos Fritis.

En Sernapesca valoran que los propios pescadores hayan buscado el reconocimiento del bolinche para ceñirse a la reglamentación: “Conversamos con los pescadores, que siempre manifiestan su interés por cumplir la norma, y es por eso que, en un trabajo coordinado con la Subsecretaría, logramos consagrar un arte de pesca tan importante para un recurso que es especialmente cotizado durante la época veraniega”, subraya la directora regional del organismo, Cecilia Solís.

Ahora que las disposiciones sobre este antiguo aparejo ya están vigentes, solo falta que llegue el verano para que los pescadores de la región de Coquimbo desplieguen el bolinche. Y -como sus padres y abuelos- se hagan a la mar en busca de la palometa.