Las emisiones de gases antropogénicos (emisiones provocados por el hombre) aumentan la concentración de CO2 tanto en la atmósfera como en el océano. A nivel oceánico, esto provoca cambios en la temperatura, disminución del oxígeno disuelto y acidificación. Estas consecuencias podrían influir en el metabolismo de organismos de alta importancia ecológica, como es el caso del langostino colorado (Pleuroncodes monodon).

El estudio se centra en comprender las respuestas que le permiten a organismos marinos vivir en condiciones de bajo oxígeno y alto CO2. Este fenómeno se da de manera natural en las costas de Chile, en las zonas de mínimo oxígeno (ZMO), donde se encuentra el langostino colorado viviendo bajo estas condiciones.

El langostino colorado tiene una gran importancia comercial ya que se trata de uno de los crustáceos de mayor extracción en Chile. “Es doblemente llamativo, ya que vive en un ambiente con baja concentración de oxígeno y a su vez, es muy exitoso. El langostino colorado es abundante y forma agregaciones muy numerosas. El objetivo es estudiar qué recursos tiene este organismo para poder vivir en ambientes de estas condiciones”, detalla la estudiante Erika Jorquera.

Las ZMO están en expansión debido al cambio climático. El océano actualmente está perdiendo oxígeno por los aumentos de temperatura que existen y además hay un ingreso de CO2 y una consecuente acidificación del océano de carácter antropogénico. Este es el contexto donde se encuentra inmerso el langostino colorado.

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“En la tesis analizaremos qué efectos tiene el oxígeno y la concentración de CO2 en la composición bioquímica de los langostinos. Más allá de entender cómo podría cambiar la abundancia; la idea, entonces, es ver cómo afectaría su composición interna”, enfatiza Erika Jorquera. De esta manera, la importancia radica en que el langostino es rico en omega-3, por lo tanto el estudio pretende comprender cómo va a variar su valor nutricional al estar expuesto a estas condiciones ambientales.

“Materia muy poco estudiada”

El estudio tiene un carácter experimental, por lo que considerará mediciones fisiológicas, de composición de lípidos y de comportamiento y mortalidad, con el fin de comprender cómo el oxígeno y el CO2 afectan las respuestas del langostino. Estas respuestas serán medidas además a nivel genético, estudiando el transcriptoma de los organismos, es decir, que genes se están expresando ante diferentes condiciones ambientales.

Sobre la importancia del estudio, Erika Jorquera subraya: “De qué manera la hipoxia, o el bajo oxígeno, y el alto CO2 afectan la composición de lípidos en los langostinos, es una materia muy poco estudiada. Hay pocas investigaciones que traten de comprender cómo estos factores podrían afectar la composición de ácidos grasos en un organismo”.

El estudio cuenta con el apoyo de los académicos de la Facultad de Ciencias UCSC Antonio Brante y Ángel Urzúa, en colaboración con el académico Mauricio Urbina de la Universidad de Concepción (UdeC).

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“Este proyecto es muy interesante, ya que podríamos conocer cómo los langostinos pueden vivir en este ambiente sin oxígeno y finalmente qué mecanismos estarían jugando un rol en el contexto de cambio climático”, finaliza Erika Jorquera.

*Foto destacada: gentileza doctor Iván Hinojosa.