La A.G. Coordinadora Nacional de Armadores Pesqueros Artesanales Costeros y Pesca de Altura de Chile (Conapesca) entregó una carta abierta a la comunidad -firmada por su presidente, César Jorquera, y por la secretaria ejecutiva, Victoria Rubio Díaz- para referirse al proyecto de ley que permite traspasar excedentes de cuota de un año a otro.

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A continuación reproducimos íntegramente la misiva de la Conapesca:

“Durante la semana recién pasada, un connotado científico, don Gabriel Claramunt Quiñones, ha vertido su opinión respecto de un proyecto de ley que busca beneficiar a la pesca artesanal, señalando textual lo siguiente: ‘¿Sabía Ud. que los honorables están sacando una ley que permite traspasar excedentes de cuota de un año a otro? Ejemplo, si la cuota de captura de anchoveta no se completa un año, digamos el 2020, ese remanente lo van a poder sacar en el 2021, pero no con cargo al 2021 sino al 2020.

Esto es aberrante. Es creer que las poblaciones de peces son como dinero en el banco, lo puedo sacar cuando quiera.

Lo más probable es que si no se completó la cuota, se deba a que la población está en problemas, por tanto, esos peces que no se pescaron. ¡Ya no están! (se murieron, se los comieron, etcétera). Esos peces no están obedientemente esperando ‘ordenaditos’ a que los pesquen. La evaluación del estado de las poblaciones se hace año a año, porque su situación puede cambiar drásticamente en corto tiempo, especialmente la anchoveta del norte de Chile en que el 90% de la captura son ejemplares de menos de un año de vida. O sea, lo que pasa en un año, no se puede traspasar al próximo.

Frente a esto, como pesca artesanal pelágica de la macrozona Valparaíso- Los Lagos, manifestamos nuestra más profunda molestia, pues el razonamiento de quien se supone está a la vanguardia de la investigación y manejo de los recursos pesqueros de nuestro país evidencia una posición estricta y rígida, presente solo en aquellos que no poseen el suficiente conocimiento sobre lo que están planteado y que recurren a planteamientos categóricos que buscan descalificar y desacreditar, creyéndose dueños de una verdad que no tienen. Y así lo reconocen en un muy buen taller de trabajo, en donde el mismo Gabriel Claramunt, junto con otros colegas, señalan lo escaso, frágil y deficiente que ha sido hasta el día de hoy la investigación, información y manejo de nuestras principales pesquerías, y en particular, la pesquería de la anchoveta (taller “Anchoveta: Brechas del conocimiento”, organizado por la Universidad Arturo Prat y el Instituto de Fomento Pesquero -IFOP- el 29 y 30 de septiembre de 2016).

Conociendo este documento, y sabiendo lo poco que se ha avanzado en estos años, es difícil comprender, que no se logre visualizar que el nivel actual de conocimientos respecto de este recurso pesquero, no permite realizar aseveraciones como la citada más arriba, ya que como bien dijo, ‘esos peces no están obedientemente esperando ordenaditos…’, lo que es la pura verdad, pero no están ‘ordenaditos’ ni para para nosotros, ni para ellos, ni para nadie.

Por esto, no se pueden plantear afirmaciones como si se tuviese la capacidad de predecir el futuro. Un profesional de su calidad no puede cometer este error, esta falta de mesura y humildad frente a su propia y autoreconocida falta de conocimiento, lo que señala explícitamente en las conclusiones del taller.

Sí podemos afirmar que el saldo pendiente del año 2020 no fue resultado de la falta de disponibilidad como lo afirma su comentario, sino que se debe a problemas de tipo operacional del sector pesquero, reflejado en la disminución de la capacidad de captura de la flota y en la capacidad de proceso de las plantas, por contagio o cuarentenas preventivas, así como también a la protección de los estadíos vulnerables, reflejados en el mayor número de días de veda solicitados por nuestro mismo sector y por condiciones ambientales desfavorables, donde concretamente hubo un 15% menos de lanchas operando, manteniendo la media de desembarque indicando una mejora en la disponibilidad y con 32 días (app.) más de veda que en el año 2019. No mirar esto, es no tener la suficiente consideración respecto de todos los elementos que influyen en el manejo pesquero.

A todos aquellos que han hecho eco de ese comentario, los invitamos a volver a discutir los alcances del taller que valientemente realizaron el año 2016, revisen los avances alcanzados, y quizás, puedan advertir que el poco progreso en estas materias ha sido logrado con la activa participación y exigencia de la comunidad de pescadores artesanales.

Estimados señores científicos, les recordamos que los modelos incorporan la captura completa de la cuota del año anterior, esto, sin entrar en debates respecto de que el año calendario es una adecuación administrativa para comodidad de quienes administran, lo que no necesariamente se adapta a la realidad biológica de las pesquerías.

Por otra parte, hasta ahora los modelos no consideran los cambios de productividad de los stocks, y las biomasas originales nunca fueron medidas, y corresponden a valores proyectados de los que ni ustedes están seguros de que así sean.

Nos preguntamos, ¿estará bien que la cuota de pesca sea de magnitud anual? O se estarán confundiendo con la magnitud de la necesaria evaluación periódica que todo recurso pesquero debe tener. ¿Por qué no tener una magnitud de cuota de año biológico, en donde el énfasis sea realizar la captura sin intervenir los estadíos vulnerables, de desove y reclutamiento?

Con el actual nivel de conocimiento que se maneja y sí lo señalado en las preguntas es factible.

Entonces, ¿por qué el grito en el cielo por una situación posible?

Finalmente, no podemos dejar de pensar en los alcances y objetivos políticos que esta ‘exclamación’ trae consigo, lo que acarrea una lamentable pérdida de credibilidad en personas que son llamadas a establecer y resguardar niveles de objetividad mínimos en su quehacer científico tan necesario para el correcto manejo de nuestras pesquerías”.