“La industria acuícola ha avanzado hacia la sostenibilidad mundial”, dice un estudio que acaba de publicar la prestigiosa revista Nature, en donde uno de sus autores es el doctor Alejandro Buschmann, investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos (ULagos) de Chile, entre otras y otros connotados científicos.

En la investigación financiada por el Centro de Seguridad Alimentaria y Medio Ambiente de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), se realizó un seguimiento al progreso de la industria -tras una publicación hace 20 años- en la cual se enfatizaba que la producción, al depender de harina y aceite de pescado, tenía un importante impacto sobre las pesquerías.

“A lo largo de los años, esta diversa industria, que abarca hoy desde enormes jaulas de diferentes especies de peces en mar abierto, hasta estanques de tilapia de agua dulce de granjas familiares, ha avanzado significativamente hacia la sostenibilidad…”, sostienen sus autores, liderados por la investigadora principal del estudio, Rosamond Naylor, quien es profesora de Ciencias del Sistema Terrestre en la Escuela de Ciencias de la Tierra, Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Stanford (Stanford Earth).

El artículo, que ya fue citado por el New York Times, también subraya oportunidades y desafíos que aún quedan para un crecimiento sostenible. En este contexto, para que la acuicultura mundial cumpla plenamente su promesa, se necesitan medidas de supervisión más efectivas, para ayudar a garantizar que sus sistemas ambientalmente racionales sean económicamente viables.

A pesar del potencial de la acuicultura para alimentar a una población mundial en crecimiento y al mismo tiempo aliviar la presión sobre los océanos muy agotados, la industria ha estado plagada de preguntas sobre sus impactos ambientales.

Los hallazgos, publicados este miércoles 24 de marzo en Nature, podrían ayudar a dar forma al modo en que las y los consumidores piensan sobre los productos del mar que compran e informar las estrategias de gobernanza críticas para la seguridad alimentaria y nutricional mundial. “A medida que la demanda de productos del mar en todo el mundo continúe expandiéndose, la acuicultura seguirá creciendo”, puntualizó Rosamond Naylor: “Si no lo hacemos bien, corremos el riesgo de enfrentar los mismos problemas ambientales que hemos visto en los sistemas agrícolas y ganaderos terrestres: contaminación de nutrientes, uso excesivo de antibióticos y cambios de hábitat que amenazan la biodiversidad”, añadió.

Desde la Universidad de Los Lagos, el doctor Alejandro Buschmann enfatiza lo siguiente: “En este trabajo, además de la disminución del uso de la harina y aceite de pescado, se identificó la mayor dependencia de la cadena de producción alimentaria entre sistemas terrestres y los marinos, lo que que abre nuevas interrogantes ambientales; asimismo, que el aporte mayor a la nutrición ambiental por parte de la acuicultura se produce en agua dulce, en países orientales y que la producción de moluscos y algas son los sectores con mayor crecimiento en los últimos 20 años”, precisó el doctor Buschmann (en la foto inferior, cuyos créditos son para la ULagos).

Desafíos e incertidumbres

La revisión desarrollada por las y los investigadores consideró los desafíos e incertidumbres clave, como el impacto del cambio climático en la industria; la adopción de programas de certificación de productos pesqueros y acuícolas sostenibles por parte de los productores de bajos ingresos y la capacidad de los productores de mariscos y algas para beneficiarse de la prestación de servicios ecosistémicos, como la captura de carbono.

Entre los principales hallazgos del trabajo se destaca que la acuicultura de agua dulce (con casi 150 especies de peces, mariscos y plantas) representa el 75% de los alimentos acuáticos cultivados, consumidos directamente por los humanos. A su vez, advierte que la mayor parte de los animales acuáticos cultivados que se produce en los países asiáticos se queda en esos países.

Por otra parte, el estudio detalla que la acuicultura de agua dulce está aumentando en todo el mundo, particularmente a través de pequeñas granjas de cultivo. Lo mismo ha ocurrido con la producción de camarones, salmones y otros peces marinos, aumentando significativamente el uso de harina y aceite de pescado a nivel mundial. Sin embargo, el sector acuícola ha efectuado un considerable progreso en la eficiencia del uso de estos recursos, reduciendo casi siete veces la relación entre la captura de peces silvestres y la producción de peces cultivados. Han sido exitosos en la conversión de peces carnívoros como el salmón y la trucha, en peces que son en gran parte vegetarianos.

Entre los desafíos para la industria, el artículo plantea la necesidad de una mejor gestión del uso de antimicrobianos para limitar el desarrollo de microbios resistentes a los medicamentos y la regulación de los sitios de granjas marinas (también conocidas como centros de cultivo).

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También se recomendaron incentivos para sistemas diseñados de manera sostenible, para prevenir la contaminación cruzada entre los desechos de pescado y las aguas circundantes, y un enfoque de sistemas alimentarios para la gobernanza que considere la nutrición, la equidad, la justicia y los resultados y compensaciones ambientales en la tierra y el mar.

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“Cuando se hace bien, la acuicultura puede desempeñar un papel sustentador en los sistemas alimentarios globales, al brindar una mayor producción de alimentos y beneficios para los medios de vida con un daño ambiental relativamente mínimo”, apunta el estudio que puede descargar íntegramente presionando aquí.

*En la foto destacada: granja acuícola en China (gentileza: Dr. Alejandro Buschmann | ULagos).