En ecosistemas terrestres y marinos, la mayor parte de las investigaciones se han concentrado en dilucidar el impacto del consumo directo de los depredadores sobre sus presas, un proceso ecológico clave. No obstante, estos animales también pueden afectar indirectamente a sus presas a través de los efectos de no consumo. Cuando la especie cazada es una especie formadora de hábitat, este proceso podría afectar a toda la comunidad que depende de su existencia.

La respuesta al riesgo de depredación de una especie con estas características fue estudiada por grupo de científicas y científicos, quienes analizaron cómo los efectos indirectos de los depredadores pueden modificar la estructura de toda una comunidad. El estudio fue liderado por el doctor en Biología Marina Alexis Catalán.

A través de experimentos manipulativos de laboratorio y de campo, las y los investigadores analizaron la influencia del caracol marino Acanthina monodon (caracol con diente) sobre Perumytilus purpuratus (chorito maico), que habita desde las costas de Perú hasta Tierra del Fuego, y de la cual dependen una gran variedad de invertebrados y algas.

“Existen varios estudios que analizan el efecto indirecto de los depredadores sobre sus presas. Sin embargo, hay pocas investigaciones que además evalúen qué sucede con las especies que dependen de este organismo en peligro”, explicó el Dr. Nelson Valdivia, investigador del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile (UACh), coautor del trabajo.

Durante cuatro meses, los ejemplares de P. purpuratus fueron expuestos a la presencia del depredador, en el intermareal rocoso de Calfuco, en la región de Los Ríos. Los resultados mostraron que la presencia de A. monodon aumentó la abundancia de crustáceos y bivalvos asociados al chorito maico, mientras que disminuyó la biomasa de algas, alterando de esta forma la estructura de toda la comunidad. Además, utilizando el mismo diseño experimental en los laboratorios de la UACh, las y los investigadores mostraron que las señales transmitidas por A. monodon limitaron el consumo de larvas y las tasas de filtración de P. purpuratus.

“Nuestra hipótesis es que existe un efecto tipo cascada sobre la comunidad, ya que este chorito, al estar frente a su depredador, cierra sus valvas y por lo tanto no puede alimentarse ni eliminar desechos, lo cual afecta a muchas otras especies que dependen de él, quienes habitan sobre y entre las conchas de esta especie”, precisó el Dr. Valdivia.

El investigador comentó que si bien P. purpuratus no es consumida por los humanos, es importante desde el punto de vista ecológico, ya que genera recursos (hábitat para vivir, materia orgánica y nutrientes) para muchas otras especies con importancia económica como el loco (Concholepas concholepas), choritos y algas. Los trabajos a partir de esta investigación estarán enfocados a medir a nivel de organismo, el efecto de esta “ecología del miedo” en quienes dependen del animal “presa”.

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“Nuestro estudio mostró por primera vez que un depredador puede afectar indirectamente a la estructura de toda una comunidad a través de los efectos de no consumo sobre una especie formadora de hábitat. Dado que estos organismos cumplen un rol clave en la mantención de la diversidad en sistemas costeros, la comprensión del riesgo de depredación podría ayudar a entender la regulación de la comunidad en los sistemas estructurados por dichas especies”, manifestó el Dr. Catalán.

El trabajo científico fue recientemente publicado en la revista Journal of Animal Ecology, en el cual participaron investigadoras e investigadores del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la UACh y el Departamento de Biología de la Universidad St. Francis Xavier (Canadá).

*Créditos de fotos: Ricardo Scrosati | Centro IDEAL.