A través de una resolución de 2015, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) declaró que la resistencia antimicrobiana (RAM o AMR, por sus siglas en inglés) en la acuicultura conlleva una amenaza contra la salud pública y la producción sostenible de alimentos, y que una respuesta efectiva debe comprender a todas las partes interesadas, tanto de los respectivos gobiernos como de la sociedad en su conjunto.

Teniendo esto en consideración, la misma FAO y la Agencia Noruega para la Cooperación al Desarrollo (Noradorganizaron el seminario internacional titulado “Bioseguridad en la acuicultura: Comprendiendo la resistencia antimicrobiana” y que se llevó a cabo -vía teleconferencia por Zoom- este martes 13 y miércoles 14 de abril.

En la instancia, expertas y expertos abordaron distintos temas vinculados con la resistencia antimicrobiana en el cultivo de especies hidrobiológicas. Entre los tópicos, las y los expositores profundizaron sobre las fuentes de la RAM, sus riesgos, métodos de prevención y experiencias en países específicos.

Y dos de esos países específicos fueron Noruega y Chile, que son los principales productores de salmones en el mundo.

Fue así como en el caso de Noruega expuso el Dr. Edgar Brun, quien es el jefe de la Sección de Epidemiología y director del Departamento de Sanidad y Bienestar de los Animales Acuáticos del Instituto Veterinario Noruego.

“La manera de haber podido comenzar a cambiar las cosas fue una vez que determinamos que la educación y la prevención debía ser la base de todo. Eso sí, esto no hubiese sido posible sin la unión entre todos los actores del sector, dígase los privados, el Estado, la academia, las comunidades, entre otros”, comenzó diciendo el Dr. Brun, que tras estas palabras inmediatamente mostró un gráfico para demostrarlo:

Junto con enfatizar que “la prevención es mucho más importante que la cura, aunque parezca obvio -solo basta ver lo que está sucediendo con el Covid-19 en las naciones en que el virus está ‘desatado’-“, el Dr. Brun subrayó que un alimento de calidad para los peces, el mejoramiento genético, la calidad del agua, especialmente en el intercambio y transferencia desde agua dulce a agua de mar, y la robustez de los smolts, es determinante para mantener un marco mínimo que permita mitigar el uso de antimicrobianos.

“Pero todo lo anterior quedaría en nada si la ley no permitiese que la autoridad fiscalice de sorpresa y las veces que quiera las instalaciones de cultivo. Es que los marcos regulatorios deben establecerse por ley, porque ya hemos comprobado que los compromisos de ‘buena voluntad’ de nada sirven”, reiteró el especialista del Instituto Veterinario Noruego, añadiendo que “continuamente debemos cerciorarnos de que todos cumplan de verdad, y para esto necesitamos monitoreo, fiscalización y control”.

Luego, el Dr. Brun se refirió a las medidas de bioseguridad que han permitido que el país nórdico mantenga a raya el uso de antimicrobianos. Entre ellas, mencionó los controles de salud que son mandatorios y regulados por la autoridad, no por los privados ni por la propia industria; el uso de vacunas, que en el caso de Noruega “ha sido muy relevante para evitar la propagación de enfermedades, especialmente bacterianas”; la separación de las generaciones de peces; cosechas all in – all out; mayor distanciamiento entre los centros de cultivo y, a su vez, menores densidades; la limitación de las relocalizaciones de peces en agua de mar; y una serie de requerimientos de higiene que continuamente se van actualizando acorde con la situación sanitaria, ambiental y productiva.

A su vez, en el contexto del uso prudente de antimicrobianos, puntualizó que solo se permite el uso de medicamentos que hayan sido aprobados de manera veterinaria, manufacturados en establecimientos certificados por la autoridad regulatoria y comercializados por farmacéuticas que también cuenten con la venia del Estado.

En la misma línea, dijo que solo se permite personal autorizado para emitir las prescripciones. Esto quiere decir que estén justificados por diagnósticos de laboratorios adecuados y aprobados por ley, y a poblaciones definidas de peces, número de ejemplares, de tamaño, de dosis y cantidad de días también establecidos por normativa.

Para cerrar, entre otras de las medidas estipuladas por el Estado noruego para evitar la RAM, el Dr. Brun citó que es mandatorio por ley reportar todas las ventas de antimicrobianos; reportar todas las prescripciones; monitoreo, fiscalización y control de los residuos en los peces cosechados; y el establecimiento de un programa de vigilancia especial para RAM, que constantemente está en revisión por parte de los organismos de Estado que tienen competencia en la industria acuícola-pesquera.

Chile

En relación con la experiencia chilena, expuso la subsecretaria de Pesca y Acuicultura, Alicia Gallardo Lagno, quien destacó que, con el fin de implementar dicha resolución de 2015 de la FAO, se ha desarrollado un plan de acción contra la resistencia antimicrobiana en la acuicultura que comprende aspectos como generar una mayor conciencia en torno a esta amenaza y a otros riesgos relacionados; desarrollar una mayor capacidad de vigilancia y capacidad de monitoreo en ARM y uso de antibióticos en la alimentación y la agricultura; reforzar la gestión vinculada con estos temas; y promover las buenas prácticas en la alimentación y la agricultura, así como la utilización prudente de antibióticos.

Es así como, según afirmó, “estas y otras medidas adoptadas a lo largo del tiempo han permitido ir disminuyendo en hasta 40% el uso de antimicrobianos en la acuicultura nacional en los últimos cinco años”.

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Y dijo que la “cooperación nacional e internacional entre actores públicos y privados, ha sido sumamente relevante para el desarrollo de mejores políticas de bioseguridad para la acuicultura”.

Entre esas políticas e iniciativas, mencionó a las Prescripciones Médico Veterinarias (PMV) que deben ser ejecutadas de manera online y bajo la supervisión del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), en las cuales también participa la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet) de la Universidad de Chile; el Sistema de Fiscalización de Acuicultura (SIFA) online; el Programa para la Optimización del Uso de Antimicrobianos (PROA-Salmón); el Programa para la Gestión Sanitaria de la Acuicultura (PGSA); y el nuevo Manual de Buenas Prácticas en el Uso de Antimicrobianos en la Salmonicultura Chilena.

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Eso sí, y en la misma línea del Dr. Brun, la subsecretaria Gallardo enfatizó que no sería posible haber avanzado en la reducción de antimicrobianos “si no hubiera un continuo control en toda la cadena de valor de la industria del salmón”.

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