La pesca artesanal compone un importante motor productivo y social para el país. Y con el fin de mejorar la calidad de vida de las y los trabajadores de la pesca de pequeña escala en la región del Biobío, a mediados de 1986 surge la Federación Regional de Pescadores Artesanales (Ferepa). Hoy, liderada por Hugo Arancibia Zamorano, la organización se encarga del desarrollo y ordenamiento de la actividad desde Cobquecura hasta Tirúa.

En base al accionar de la entidad, Arancibia destaca aquello desde un punto de vista social, económico, cultural, organizacional y ambiental. En cuanto a esto, afirma que la Ferepa “ha jugado un rol bastante importante e interesante en organizar un sector desorganizado, en promover el desarrollo, dentro del manejo de las pesquerías y añadir una cantidad enorme de derechos pesqueros que son de los propios pescadores artesanales”.

En relación con lo anterior, el dirigente recalca los principales logros de la Ferepa, enfocados en sacar de la marginalidad al rubro pesquero artesanal, en una primera instancia desde el punto de vista de infraestructura habitacional y de acceso a las caletas.

“Si uno mirara los años ’80, cuando se inicia el trabajo de Ferepa, el 70,2% de la gente vivía en una extrema pobreza y casi todos habitaban en campamentos. Muchas de las caletas no tenían agua, no tenían luz, los caminos eran de muy difícil acceso. Por lo tanto, con el nacimiento de Ferepa, se fue capaz de mediar con los diferentes gobiernos y se empezó a trabajar desde el punto de vista de infraestructura, tanto habitacional, como también en caminos, los cuales permitieran acceder a todos estos lugares”.

A su vez, la escolarización también fue un tema importante a tratar por el organismo: “En esos años las cifras de analfabetos en las caletas eran muy altas, casi el 80% de la población era analfabeta, y tenían muchas dificultades. En cuanto a esto, se trabajó para que cada pescador que antes no sabía leer tenía que cumplir con el octavo año básico para poder dar la prueba y poder ser pescador artesanal”.

El avance de las medidas implementadas tuvo gran repercusión en el estado actual de las caletas. “Hoy día, debemos tener una o dos caletas de 74 que están en la pobreza, ni siquiera en la extrema pobreza. Uno es Perone en Hualpén, y el otro es Chome. Las demás caletas han surgido y han establecido un rol extremadamente importante dentro del espacio en que desarrollan la actividad pesquera artesanal”.

De igual manera, se han involucrado en la ejecución de todas las leyes que implican a la pesca de pequeña escala. “Hemos participado en la ejecución de todas las leyes, por lo tanto, somos responsables de todo lo que tiene para bien o para mal, el sector pesquero artesanal desde el punto de vista de las leyes. Creo que, desde esa perspectiva, los pescadores son propietarios del área de manejo, de concesiones marítimas, y hoy día van a ser propietarios de las caletas por un espacio de 30 años a título gratuito”, añade.

Haciendo referencia específica a la Ley de Caletas, promulgada en 2017, y encargada de regular la habilitación y concesión de estos espacios, y enfocada en potenciar el desarrollo integral y armónico de las caletas pesqueras a nivel nacional, desde la administración existe una concreta valoración respecto al tema. “La Ley de Caletas es uno de los proyectos mejor redactados. Primero, porque tiene claridad en su contenido, y segundo, porque los contenidos son ratificados en los reglamentos, por lo tanto, no hay dos discursos que nos ha pasado con la mayoría de los proyectos”, sostiene Hugo Arancibia.

La normativa permite que organizaciones de pescadoras y pescadores artesanales puedan desarrollar sus labores habituales de pesca junto con aquellas de carácter comercial o de apoyo, como turismo, artesanía local, gastronomía, entre otros.

“Se entrega el espacio por treinta años, en donde tú puedes adoptar hasta el 40% de ello. Tú eres dueño de ese espacio y todo lo que se hace en ese espacio es responsabilidad tuya, y dejan de tener esa potestad que tenían los marinos de dueños del lugar y ahora pasan a ser los pescadores artesanales. El plan o el proyecto establece la administración del lugar, esto es lo que te va a permitir hacer todo lo que tú quieras dentro del territorio”, detalla.

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Por otro lado, destacó la Ley N° 21.069, la cual permitió la creación del Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala (Indespa). Esta, enfocada en apoyar la capacidad productiva, el desarrollo comercial y la capacitación técnica de las organizaciones presentes en las 461 caletas existentes en el país. Organismo que, desde las palabras de Hugo Arancibia, “recoge una expectativa bastante enorme en la pesca artesanal”.

“Empezamos a plantear la idea de que existiera un fondo que fuera único en el manejo de la pesca artesanal y ahí nace el Instituto de Desarrollo de la Pesca Artesanal que es paralelo a lo que es el Indap, con una perspectiva más o menos igual. Para que veamos la importancia, de 2.000, 3.000 millones que tenían estos dos fondos, FAP y Fondo de Fomento, pasamos a 35.000 millones de pesos, que es una suma que yo diría que es bastante importante. Claro, en esta oportunidad en la primera etapa vamos a gastar 30, 40% en equipamiento, en las oficinas y en todo esto, pero este año 2021 vamos a tener el 100% de esos 35.000 millones de pesos, que permite por lo tanto aprobar proyectos corporativos, proyectos individuales, aprobar ideas de administración, colaborar en capacitación, buscar ayuda, tecnología, implementar tecnología novedosa, en acuicultura, etcétera. Considero que es un instrumento que se valora mucho, pero que tenemos grandes dificultades en su aplicabilidad. Este es un proyecto nuevo que está empezando a poder estar en ejercicio, pero todavía quedan estos vicios de esta política vieja que le llaman. Necesitamos gente eficiente, que entienda la cuestión social y económica, que nos permita proyectar ideas que son rentables y que son armoniosas para la región y para el país”, enfatizó el timonel de la Ferepa al preguntarle sobre la importancia atribuida y su valoración respecto con el tema.

En la actualidad, y con la llegada de la pandemia del Covid-19 (coronavirus), los desafíos tanto para el trabajo de la Federación, como también para las y los pescadores artesanales aumentaron, evidenciando una clara vulnerabilidad estructural en el desarrollo de la pesca a baja escala, enfocada principalmente en la economía.

“Lo primero que surge es un impacto económico gravísimo en Chile dentro del sector pesquero artesanal, directamente los buzos mariscadores, ya que generalmente ellos venden al público, pero en ese tiempo no llegó público. En ese sentido, podíamos trabajar, se podían sacar las especies, pero no teníamos a quién venderlas”, dice Hugo Arancibia.

Frente a esta situación, la Ferepa se encargó de dar respuesta a las necesidades presentadas por las y los pescadores, realizando una campaña enfocada en la recolección de alimentos y dinero para solventar las inquietudes del momento. “Teníamos una meta de 500 canastas para 500 familias, y finalmente logramos recolectar 1.000 canastas y atendimos 1.000 familias que tuvieron problemas en ese momento, que era un momento muy álgido. Mientras, el Gobierno estaba evaluando la posibilidad de entregar canastas en base a ciertos criterios, pero la gente estaba muy desesperada”.

A su vez, un factor importante a tratar fue el de la relación de las y los pescadores artesanales con el Estado, caracterizado por los limitados derechos adquiridos por estos. “En muchos de ellos descubrimos que no tienen ficha Casen, o que no están inscritos en los Cesfam. Entonces eso era toda una dificultad, porque cuando vinieron los bonos, el bono era para quienes han demostrado que han dejado de trabajar, pero ellos como no tienen previsión, o no dan boleta de honorario, no tenían ninguna posibilidad de demostrar que no habían trabajado, por lo tanto, casi no tuvieron ayuda del Estado. Esto, lo hemos ido trabajando en base a colaboración con la empresa privada o manteniendo al Gobierno Regional alerta de algunas situaciones que empiezan a ocurrir, y que pueden necesitar apoyo urgente desde el punto de vista social”.

Finalmente, el dirigente también habló de las múltiples relaciones existentes con los diferentes estamentos laborales y políticos, refiriéndose específicamente al debate actual con el sector industrial sobre la controvertida “Ley de la Merluza”.

“Solamente se producen las peleas o las divisiones cuando tenemos que ver cuánto te toca a ti, y cuánto me toca a mí, y eso lo hemos discutido a través de las leyes en diferentes estamentos. Hoy día estamos con una relación con la industria que tiene que ver con el arrastre. Desde nuestra perspectiva en el arrastre, lo que hemos dicho es que todos los artes y aparejos que dañen los fondos marinos, los ecosistemas y la biomasa deben ser prohibidos en todas las partes del mundo y en especial en Chile. Ahora se mantiene una discusión con ellos por el hecho de que quieren demostrar que el arte del arrastre no es dañino, que es sustentable y que es eficiente. Claro, si uno lo mira desde un punto de vista económico, sí es eficiente, porque en poco rato ellos cargan un barco con el arrastre, pero ¿qué tipo de pesca? ¿a qué costo? En definitiva, el daño a la fauna marina es bastante grande, por lo tanto, debe dejarse de utilizar en aras de la sustentabilidad de los recursos que debemos proteger como fuente importante de la cadena alimentaria y del futuro de toda la pesca a nivel país”, concluyó.

*La foto destacada es de archivo.