En el programa “Relatos del Baker. Puente Entre la Ciencia y la Comunidad” del Laboratorio Eco-Climático del Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP) y parte del proyecto de seguimiento del cambio climático en la cuenca del río Baker (RECCA), el doctor en Ciencias Atmosféricas del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) Roberto Rondanelli se refirió al aumento de precipitaciones en la zona de Aysén.

En este sentido y como dato inicial, el Dr. Rondanelli enfatizó que algunas investigaciones estiman que sectores aledaños a los campos de hielo son de los más lluviosos del planeta. “La causa de la alta precipitación en la Patagonia tiene que ver con los sistemas que viajan desde el Pacífico, son grandes masas de agua que corren por el aire y que preferentemente tienen su aterrizaje en el continente sudamericano, justo sobre la zona de Aysén y Magallanes, el área costera y allí se produce un máximo de lluvia y en los eventos extremos son más potentes por efectos de algunas condiciones meteorológicas que ocurren en el océano”, detalló.

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En general los eventos de precipitaciones extremas son más frecuentes en los últimos años, mientras que en la zona central del país ocurre lo inverso. “Las precipitaciones tienen aparejado lluvias más cálidas y eso es lo que se está empezando a observar de Aysén al sur”, precisó el experto.

Esta situación reduce significativamente la presencia de nieve, y “en zonas que no están acostumbradas a esa precipitación o lluvia, ni en las cantidades, ni en el hecho que sean cálidas y eso es conducente a la formación de aluviones, aludes, remociones en masa, pero también el derretimiento de glaciares de lugares donde hay hielo, que son capaces de arrastrar más masa de agua cuando les llueve encima, que un cerro como los que hay en Santiago (región Metropolitana) o en la zona central, es mucho más peligroso cuando hay una lluvia cálida en el sur, que en el centro del país”, reiteró.

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Sin embargo, más allá de acostumbrarnos a convivir con los cambios climáticos de forma permanente, se requiere una planificación amplia, con las instituciones públicas y privadas, considerando la mirada de las y los habitantes del territorio. “Los organismos públicos tienen que ser capaces de informar a la población y mantenerla al tanto de esos eventos extremos; eso es algo muy importante que ocurra a nivel central”, subrayó el Dr. Rondanelli (en la foto de la derecha).

A su vez, hay cuestiones de largo plazo, como “el uso sostenible del territorio, la erosión y explotación de los cerros para bosques o forestal deja el suelo descubierto y más propenso a aludes y aluviones y por lo tanto una medida de resiliencia es que el paisaje contenga estos aluviones de la mejor manera posible, que la vegetación nativa se conserve, porque eso ayuda a que el suelo soporte esas precipitaciones y no termine yéndose hacia los ríos y bajando en forma de barro y aluviones”, advirtió.

De acuerdo con lo que explica el Dr. Rondanelli, hay estudios e investigaciones donde se demuestra que los cultivos forestales tienen un impacto sobre la disponibilidad de agua.

“Los bosques nativos tienen una función en el medio ambiente que permite que existan ríos, cauces, arroyos, mientras que cuando uno reemplaza ese bosque nativo por cultivos forestales, estos últimos cumplen otra función y alteran el paisaje, sino también el escurrimiento de agua y a eso hay que ponerle atención, para manejar esa industria que produce dinero, pero que también sea sostenible para el medio ambiente”, remató.

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*La foto destacada es de contexto (corresponde al aluvión que afectó a la zona de Chaitén, en la región de Los Lagos, durante diciembre de 2017. Créditos: SalmonChile).