El año 2013 marcó un antes y un después para el sector pesquero nacional. Tras la entrada en vigencia de las modificaciones a la Ley General de Pesca y Acuicultura (LGPA), uno de los aspectos más relevantes fue el reconocimiento del principio del enfoque ecosistémico aplicado a las pesquerías nacionales. Este enfoque, promovido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a nivel internacional, constituye un camino hacia un manejo integrado de estos sistemas socioecológicos para su conservación y uso sostenible, promoviendo un equilibrio entre el bienestar ecológico y social de las pesquerías.

Principios como la protección de los sistemas biológicos y ecológicos, los impactos sociales del uso de recursos naturales, la integración de conocimiento científico y tradicional, como también el mejor entendimiento de los intereses y motivaciones de los actores sociales, son promovidos por el enfoque ecosistémico. Sin embargo, su implementación es un proceso complejo. En Chile, en 2016 un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) reconoció avances en el nuevo marco regulatorio, pero también limitantes, con la recomendación de incluir la dimensión social, económica e institucional en la implementación del enfoque ecosistémico.

Rodrigo Estévez, quien es investigador del Instituto Milenio SECOS, explica que “nuestro estudio se basa en las recomendaciones de FAO para Chile en el año 2016, que buscaron fortalecer la implementación del enfoque ecosistémico pesquero. Así, nos propusimos evaluar el estado actual del enfoque ecosistémico de pesquerías en Chile, usando el conocimiento de los funcionarios públicos para identificar brechas y prioridades”, aclara el también científico del Centro de Investigación e Innovación para el Cambio Climático de la Universidad Santo Tomás (UST).

Avances y brechas

El reciente estudio, publicado en la revista Sustainability y también con participación del director e investigador del Instituto Milenio SECOS Stefan Gelcich, entregó un panorama actualizado de cuáles han sido los mayores avances y las brechas que aún quedan por abordar, para una implementación institucional del enfoque ecosistémico en las pesquerías.

“Yo diría que en Chile estamos en un avance medio en su implementación -aclara Rodrigo Estévez-. Avances que van desde algunos mecanismos para la conservación del ecosistema, por ejemplo la Ley de Descarte, la mayor protección del recurso biológico, como también en la creación de comités de manejo que son multiespecie como en la bahía de Ancud (provincia de Chiloé, región de Los Lagos) y Corral (provincia de Valdivia, región de Los Ríos), que ya reconocen este carácter multiespecífico de las pesquerías”.

Estévez también menciona otro avance importante en la integración formal del conocimiento científico, a través de la instalación de comités científicos, que le entregan marcos de acción a los comités de manejo y rangos de extracción permitidos. A su vez, el investigador destacó que los comités de manejo fortalecen y complementan otros espacios de participación importante de las y los pescadores artesanales, en sistemas de comanejo como las AMERBs (áreas de manejo y explotación de recursos bentónicos).

A su vez, en el estudio se reconocieron avances en capacidad de integrar el conocimiento tradicional en la toma de decisiones, particularmente en los comités de manejo, donde la opinión de las y los pescadores y su conocimiento es importante para establecer medidas. No obstante, aún persisten brechas en la incorporación del conocimiento científico en el manejo pesquero, por ejemplo en el manejo de pesquerías con muy pocos datos, y una baja coordinación entre los comités científicos con los comités de manejo.

Sobre las brechas, el investigador del SECOS identifica algunas en las dimensiones ecológicas y biológicas: “Por ejemplo, el hecho de que el manejo de los recursos aún se focaliza en cuotas y la cuota no necesariamente asegura un manejo sustentable, porque sabemos que hay pesca ilegal. También tenemos brechas en aspectos sociales, porque la ley no entrega indicadores claros sobre cómo incorporar las variables socioeconómicas dentro del manejo de las pesquerías”.

Claves para avanzar

Con varias recomendaciones para avanzar en la implementación del enfoque ecosistémico, Estévez destaca algunas que surgieron del estudio.

“Un aspecto relevante es la capacidad institucional, donde hay espacio de avance importante con un poco de esfuerzo, mediante el fortalecimiento de los equipos a cargo de los comités de manejo. Hay gente que hace esfuerzos muy importantes para liderar estos comités, pero tenemos funcionarios que están a cargo de cuatro, cinco, o hasta seis comités y eso es humanamente muy complejo. Así que aquí hay un tema de fortalecimiento de los equipos en términos de recursos, que permitan movilizar algo tan complejo como espacios participativos para la toma de decisiones”.

El estudio, también encontró un punto crítico de avance en la coordinación entre instituciones, que necesitan coordinación efectiva en el control de la pesca ilegal, en fiscalización, entrega de apoyo en capacitaciones y otros beneficios en el territorio. Para las y los autores, hay una brecha factible de abordar en el corto plazo.

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Para Stefan Gelcich, coautor del estudio, “es clave instaurar mecanismos para sistematizar y utilizar el conocimiento que se encuentra en el sector público, construir una memoria institucional, para avanzar hacia una implementación del enfoque ecosistémico”.

“Una de las principales recomendaciones que pudimos recoger del estudio es la integración de los múltiples tipos de conocimiento que informan el manejo ecosistémico. Esto incluye el conocimiento científico, el conocimiento tradicional de las comunidades y también, y en eso nos centramos en este estudio, en el conocimiento existente en los servicios del Estado y sus funcionarios. Los funcionarios de los servicios por un lado tienen un pie en la ciencia sin ser científicos, otro pie en el territorio sin ser de las comunidades y esto hace que tengan información muy rica de lo que sucede y eso es importante aprovecharlo, enriquecer esa información y dar espacios para que sea utilizado en la toma de decisiones. La principal recomendación es este reconocimiento y promoción de los distintos tipos de conocimiento existente, que por supuesto también incluye la de los funcionarios”, refuerza Rodrigo Estévez.

Los autores, finalmente recomiendan seguir avanzando en la capacidad de incluir de un modo sistemático y riguroso los componentes sociales en el manejo de las pesquerías, y también buscar mecanismos que permitan resolver los trade offs, o contraposiciones entre los objetivos de manejo.

“Pasa que a veces tenemos que avanzar en un objetivo social o económico, pero eso puede significar retroceder en algún objetivo biológico o ecológico, ahí hay una necesidad importante en cómo diseñamos metodologías participativas y basadas en ciencia, que nos permitan construir mejores planes de manejo para resolver contraposiciones entre objetivos”, concluye Estévez.

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*Fotos: gentileza SECOS.