“Innovación acuícola: Sostenibilidad y Capital Social” se tituló la exposición inaugural del segundo y último día del Seminario de Innovación Acuícola: América 2021, que se desarrolló bajo la temática “Innovación y fututo de la acuicultura en América”. Esta primera intervención estuvo a cargo de Eduardo Bitran, presidente del Club de Innovación, consultor internacional y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez.

En términos generales, Eduardo Bitran entregó elementos de contexto y se refirió a la productividad y el rol del capital social en la innovación. También abordó cómo las políticas de desarrollo productivo pueden promover el capital social, con ejemplos de Chile desde el ámbito acuícola, y los desafíos de innovación para una acuicultura sostenible.

El experto inició planteando que América Latina se encuentra en una “trampa al desarrollo”, lo que implica vulnerabilidad social, institucional y ambiental. Además, planteó que, actualmente, existe una aceleración de la transformación digital, a causa de la pandemia generada por el Covid-19, y que hay mayores desafíos de equidad y trasformación estructural.

Productividad en América Latina

“Algunos autores hablan de ‘la trampa de los países de ingreso medio’ y plantean factores que estarían afectando a nuestra región. Uno de ellos es la trampa de productividad, una persistencia de bajo crecimiento de la productividad total de factores, en muchos casos asociados a una estructura exportadora muy concentrada en recursos primarios, con bajos niveles de sofisticación y con limites ambientales que han ralentizado las exportaciones que eran el carro que tiraban el crecimiento de estos países”, señaló el académico.

En el caso de Chile, Bitran dijo que “tenemos una trampa de productividad. Llevamos 15 años con productividad total de factores en terreno negativo. Para poder convergir al desarrollo, necesitamos un crecimiento total de los factores de al menos un 1% al año”.

Según explicó el académico, en los años noventa Chile tuvo un “periodo de oro”, donde la productividad total de factores crecía sobre un 2,7% ¿Qué explica este boom? Un proceso de cambio estructural donde se reasignaron recursos a sectores naturales de rápido crecimiento. Las exportaciones crecieron en los años noventa en un 12% anual, lo que permitió diversificar y que apareciera el salmón, el vino, la fruta y la industria forestal. “Fue lo que tiró el carro del crecimiento, pero después esto comenzó a volverse negativo. Apartir del año 2005 las exportaciones fueron del 1%, se estancó la diversificación de mercados y productos, fue una crisis repentina de productividad”, dijo.

Bitran comentó que, frente a lo anterior, el Consejo de Innovación llevó a cabo un estudio en donde demostró la existencia de un quiebre estructural en la productividad total de factores, la mayoría en los sistemas dinámicos exportadores, cuyas restricciones fundamentales fueron: recursos naturales, medioambientales y socio comunitarias.

También, indicó que, según el Banco Central, existió un factor que no fue considerado al analizar la productividad total en aquel momento, el capital natural. “De haber considerado el capital natural habríamos demostrado que la época de oro no fue tan de oro, fue más bien de bronce, porque estábamos usando excesivamente nuestros recursos naturales”, afirmó.

En esa misma línea, agregó que “si uno quiere aprovechar los recursos naturales y continuar creciendo en productividad en crecimiento, inversión, PIB y convergir a ser un país desarrollado no basta con los beneficios del cambio estructural de reasignación de recursos, es necesario generar dinámicas de crecimiento endógeno que están fundamentalmente sustentadas en la innovación”.

Innovación y capital social

En cuanto a innovación, “los países de Latinoamérica vienen cayendo. Podemos clasificarlos en tres grupos; aquellos que tienen un nivel de innovación por sobre la expectativa de su nivel de ingreso per cápita, donde tenemos a Costa Rica y Jamaica; aquellos cuyos  índices de innovación están por debajo de la expectativa de ingreso, como Chile, Uruguay y Panamá ; y los que se encuentran de acuerdo a la expectativa de ingreso, México, Brasil, Colombia y Perú”, puntualizó el consultor.

“La innovación depende de factores institucionales, la confianza que existe en las instituciones, las gobernanzas, las capacidades regulatorias, el capital humano y si existe efectiva competencia en los mercados, pero también depende de las propia capacidad de las firmas de innovar y hacer buena gestión”, según señaló el académico, quien además afirmó que aquello está derechamente relacionado a la oferta de conocimiento, si existe desarrollo tecnológico relevante para los sectores productivos y si hay mecanismos de trasferencia de conocimiento, entre otras cosas.

Para concluir, Bitran afirmó que “estos componentes clave son fundamentales, pero más importante es la interacción entre los componentes, el denominado “capital social”. El capital social determina, en definitiva, la calidad y magnitud de la interacción colaborativa entre los componentes del ecosistema de innovación, ya sea en un ecosistema nacional o en un ecosistema territorial-sectorial como puede ser la acuicultura”.

Fotografía: Eduardo Bitran, Seminario de Innovación Acuícola.