Álex Muñoz es un rostro conocido en el ámbito de la conservación de los océanos en Chile y el mundo. Por varios años lideró Oceana en nuestro país. Los últimos cinco años, en tanto, se ha estado desempeñando como director de National Geographic Pristine Seas para América Latina.

Según lo explicado, Pristine Seas es una iniciativa de National Geographic dedicada a la conservación del océano en todo el mundo. Fue creada el 2008 por el explorador de NatGeo, Enric Sala, y se dedica a combinar expediciones científicas, documentales de gran factura, trabajo con comunidades locales y autoridades de gobierno –como presidentes o ministros de Estado–, para que los ecosistemas marinos más importantes sean protegidos.

“En América Latina hemos ayudado a la creación de más de diez parques marinos completamente protegidos de actividades extractivas. Sin embargo, todavía hay países en la región que han protegido menos del 1% de su mar. Al menos el 30% del mar en el mundo debiera estar protegido  al año 2030, así que queda mucho por hacer”, manifestó el ejecutivo en conversaciones con AQUA.

Consultado por la situación de Chile, en términos de conservación de los mares, el profesional expuso que aún hay varios desafíos por delante. Revise aquí su visión:

¿Cómo ve, como director de Pristine Seas para América Latina, la situación actual de Chile y sus mares? ¿Hay suficiente cuidado de aquellos lugares considerados como “prístinos”?

Si bien Chile ha creado más áreas marinas protegidas que cualquier otro país en América Latina, aún tenemos serias amenazas a los ecosistemas marinos. La salmonicultura ha destruido importantes áreas del mar patagónico. Las termoeléctricas a carbón han contaminado zonas costeras muy valiosas. Y todavía se usa la pesca de arrastre cerca del Archipiélago de Humboldt en el norte y del Cabo de Hornos en el sur. Debemos ampliar las áreas marinas protegidas hacia las zonas costeras y prohibir actividades de alto impacto ambiental sobre ecosistemas marinos vulnerables.

En cuanto a las Áreas Marinas Protegidas, ¿cuál es su visión respecto de lo que deberían ser estos espacios?

Las áreas marinas protegidas, cuando prohíben la pesca, tienen un triple beneficio. Protegen la biodiversidad, aumentan la productividad pesquera fuera de sus límites y permiten una mejor adaptación frente al cambio climático. Algunos piensan que al ser tan estrictas afectan a la actividad pesquera. Todo lo contrario, al prohibir la pesca en ciertas zonas del océano, aumenta la abundancia de peces, lo que termina beneficiando a la actividad pesquera que se practica fuera de las áreas protegidas. Debemos crear más parques marinos cerca de la costa e intercalarlos con zonas de pesca bien manejadas. Hay otros tipos de áreas marinas protegidas que permiten actividades económicas. Lo importante es que no admitan actividades de alto impacto, como la salmonicultura ni la pesca de arrastre, ya que son incompatibles con la conservación.

La pesca artesanal prefiere la existencia de AMP de Múltiples Usos, con el fin de que sus actividades no queden excluidas, ¿qué piensa al respecto?

Si un área admite pesca industrial no puede ser llamada área marina protegida. Por su gran escala, poca selectividad de los artes de pesca y, en muchos casos, el daño que provoca al fondo marino, la pesca industrial nunca debería ser permitida dentro de áreas marinas protegidas. La pesca artesanal, si bien tiene una escala menor, también tiene impactos ambientales. Lo recomendable es que tengamos parques marinos que excluyan a la pesca de forma de obtener los máximos beneficios, incluyendo una mayor productividad pesquera fuera de los límites de la protección, y otras áreas marinas protegidas, como las reservas marinas donde se permite pesca muy selectiva y de pequeña escala.

¿Por qué es tan relevante mantener áreas sin ningún tipo de actividad?

Estamos en una crisis ambiental sin precedentes y se requieren medidas drásticas y urgentes para salir de ella. Proteger el 30% del mar y la tierra del planeta al 2030 es una medida recomendada por numerosos científicos y organizaciones para poder tener una oportunidad de salir de esta crisis. Los últimos lugares naturales salvajes que van quedando deben estar resguardados y libres de actividades extractivas. Esta protección se debe hacer de la mano y con pleno respeto a los pueblos originarios que viven en estos lugares. Los parques nacionales, en mar y en tierra, nos permitirán proteger la biodiversidad y enfrentar mejor el cambio climático. Pero también traerán beneficios económicos y empleos basados en turismo de naturaleza y mayores producciones locales. No nos sigamos mintiendo. Crear áreas marinas protegidas que admiten actividades de alto impacto ambiental solo crean una falsa satisfacción, pero nos llevarán al despeñadero.

Fotografía: Álex Muñoz