Los océanos son un elemento importante de la acción climática a nivel global, si bien su aporte en este ámbito aún no ha sido tan visibilizado. Sin embargo, la conferencia de la ONU sobre cambio climático, COP26, realizada en noviembre en Glasgow, concluyó con un fuerte impulso al papel de los ecosistemas marinos en el marco de la crisis del clima. La protección, conservación y restauración de éstos, incluidos los manglares, las marismas, los arrecifes de coral, los lechos de pastos marinos y los bosques de algas marinas, respalda la prestación de servicios cruciales como el secuestro de carbono, la reducción de la vulnerabilidad a las tormentas y las inundaciones y el apoyo a medios de vida sostenibles para pueblos indígenas y comunidades locales, así como para las personas en general, según lo informado desde WWF.

Por un lado, el texto final de la COP reconoció el rol crucial de la naturaleza, y dentro de ella de los océanos, para alcanzar la meta de no superar los 1.5°C. Además, se estableció el llamado a un diálogo anual para fortalecer las acciones de mitigación y adaptación basadas en estos ecosistemas, también para integrar las acciones basadas en los océanos en los mandatos y planes de trabajo existentes de la CMNUCC. Para WWF, se trata de un reconocimiento de los efectos del cambio climático en los mares y el papel que pueden desempeñar las soluciones basadas en los océanos para abordar la crisis climática.

Durante la COP26, Ricardo Bosshard, director de WWF Chile, ahondó sobre el relevante papel de los océanos para hacer frente a la crisis climática. Así, fue parte del panel internacional “Ecosystem Services for Climate Change Mitigation”, organizado por Fundación Meri en el “COP26 Science Pavilion”.

“Lo que nos dice la ciencia es que trabajar por salvar especies claves e icónicas, las llamadas “especies paraguas”, como la ballena azul, no solo tiene un impacto positivo en la conservación de la biodiversidad sino que también ayuda a mantener un servicio ecosistémico de regulación, que es crucial para la mitigación del cambio climático”, señaló.

En esta línea, destacó que las ballenas aumentan la producción de fitoplancton, el que al verse incrementado, a su vez, produce una mayor captura de carbono. Por lo tanto, si la población de estos cetáceos –estimada en 1,3 millones actualmente- pudiera volver a tener la abundancia previa a la caza ballenera, existirían entre 4 a 5 millones de individuos. Esto representaría un aumento significativo en la cantidad de fitoplancton en los océanos y en el carbono que capturan, además de beneficiar el incremento de las poblaciones de peces.

Según explicó Bosshard, WWF Chile está trabajando a nivel técnico y de políticas para reducir la tasa de mortalidad de ballenas por el impacto negativo del tráfico marítimo, para lo cual se han apoyado también diversas investigaciones. Asimismo, está desarrollando un sistema de alarma acústica en tiempo real y, paralelamente, impulsa mejoras regulatorias sobre la velocidad de desplazamiento en áreas clave de circulación de las ballenas azules.

Fotografía: WWF Chile