Desde la Región de Los Lagos, el superintendente de Medio Ambiente, Cristóbal De La Maza, se refirió a la importancia de la introducción de la Inteligencia Artificial no sólo potenciando la fiscalización remota y en línea, sino que también en la aplicación de su uso en la acuicultura de modo de generar alertas tempranas en la industria.

El representante de la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) también destacó la importancia del “Compliance Ambiental”, el cual, a su juicio, debería ir tomando fuerza como herramienta de gestión y de demostración efectiva por parte de los regulados del cumplimiento ambiental.

¿Cómo era la industria del salmón hace 10 años, en cuanto a panorama de ese momento, ambiental, de cumplimiento normativo y fiscalización?

Hace 10 años atrás, la industria del salmón estaba principalmente concentrada en la región de Los Lagos y había sido recientemente afectada por la crisis del virus ISA, lo que obligó a perfeccionar el marco normativo nacional -tanto sanitario como ambiental- para evitar la recurrencia de situaciones similares en el futuro, generándose además una importante expansión de ésta hacia las regiones más australes (Aysén y Magallanes). A su vez, la fiscalización del sector se realizaba principalmente de manera sectorial por parte de organismos como Sernapesca y Directemar, siendo ésta muy acotada en materia ambiental bajo la coordinación de los Comités Operativos de Fiscalización (COF) de la antigua Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA).

Por otra parte, debemos tener presente que en igual periodo se efectuó una completa reforma a la institucionalidad ambiental del país, que involucró la creación del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) y la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), además de la desaparición de la antigua Conama. Dicho hito marcó un cambio sustancial en materia de fiscalización ambiental, producto de la creación de un organismo dotado de las herramientas necesarias para ejercer las potestades fiscalizadoras y sancionadoras en la materia (en el caso de la SMA), lo que ha implicado a lo largo del tiempo un incremento y mayor especialización no sólo en la fiscalización ambiental, sino también como un complemento a las labores de tipo sectorial desarrolladas por otros organismos de la administración del estado vinculados a industria tales como Sernapesca y Directemar.

¿Cómo cree usted que será la salmonicultura local en la siguiente década? ¿Qué nuevas formas de trabajo debería ocupar para ser sostenible ambientalmente?

En términos generales, es posible esperar que la salmonicultura se convierta en unos de los ejes principales de la generación de proteína en los esquemas de alimentación para la población. En tal sentido, dicho sector deberá tener en consideración, como paraguas de sus procesos productivos y de distribución, el concepto y la filosofía de la sustentabilidad como pilar de su gestión.

La sustentabilidad en esencia implica generar un espacio donde de manera equilibrada convivan el desarrollo económico, social y el ambiental, ámbitos que impulsen al sector no sólo a sostener sus reconocidos esquemas de inocuidad alimentaria, sino que también a relevar de manera sistemática su acercamiento al territorio y al cuidado y preservación del medio ambiente donde se pueda seguir desarrollando su actividad productiva. Lo anterior, significaría para toda la industria, movilizar sus esfuerzos hacia esquemas de gestión preventivos, donde el concepto del nuevo Ecosistema de Cumplimiento que ha sido acuñado por la Superintendencia tomaría relevancia.

En síntesis, el cumplimiento de los compromisos ambientales es el “mínimo esperable” de cualquier sector en la normativa ambiental. La adecuada gestión de ellos significa comprender, establecer y mantener un vínculo virtuoso y constante con cada comunidad en los diferentes territorios; generar espacios de acceso a información pública que dé cuenta de sus cumplimientos; que tenga una gestión resiliente en su actividad productiva, entre otras acciones que puedan contribuir sustancialmente a la sostenibilidad del sector.

El cambio climático llegó para quedarse y lo que hasta hace un tiempo atrás considerábamos hechos extraordinarios, hoy son parte del día a día. Por motivos como éste es que debemos demostrar nuestros mayores esfuerzos de resguardo con el medio ambiente, no sólo desde nuestro rol desde el Estado, sino que también desde y con la propia Comunidad.

En lo que a la SMA respecta, la fiscalización remota y en línea se ha instalado como una herramienta que irá ampliando su uso en este y otros sectores productivos, con la consecuente necesidad de fortalecer los planes de alerta temprana, como instrumento de gestión preventivo. Del mismo modo, el “Compliance Ambiental” también debería ir tomando fuerza como herramienta de gestión y de demostración efectiva por parte de los regulados del cumplimiento ambiental.

La mirada sobre el posicionamiento de los Centros de Engorda de Salmones (CES), evaluación sistemática de la producción y manejo de las contingencias, constituyen los tres elementos principales sobre los cuales los titulares de los proyectos de este sector deberían aplicar el “Compliance Ambiental”.

A su juicio, ¿qué desafíos debe superar el sector salmonicultura nacional en la próxima década respecto al “Compliance Ambiental” y su fiscalización?

El sector debe incorporar en su gestión productiva la variable ambiental como un eje relevante que le otorgue valor agregado a la empresa acuícola, no debe ser considerado sólo como un mero costo. Los mercados y la comunidad se encuentran cada día más sensible ante los temas ambientales y más motivados a actuar frente a comportamientos de la empresa que afecten su percepción de valor que le otorgan al territorio marítimo y su entorno ecosistémico. Las comunidades además tienen una mayor capacidad de organizarse y convocar a los medios, a las RRSS y a los servicios públicos a recibir y hacerse cargo de sus demandas lo que obliga al estado a adaptarse y disponer los recursos necesarios para la supervisión y fiscalización adecuada.

El llamado es a implementar sistemas de gestión ambiental preventivos, que además de dar un estricto cumplimiento al marco normativo vigente se hagan cargo de los efectos ya generados en el territorio insular en la Patagonia. Un ejemplo de esto es el retiro de la basura de playas, la limpieza de residuos desde el sustrato bentónico, ajustar sus producciones para evitar efectos negativos en el ecosistema, como las condiciones anaeróbicas e incorporar a las comunidades aledañas en la actividad acuícola.

La clave está en incorporar las variables ambientales como elemento de valor agregado privilegiando la actividad sustentable a largo plazo, acatando y adaptándose a las exigencias normativas y vinculándose con las comunidades.

¿Cuáles son los principales avances de la salmonicultura chilena en la última década en términos ambientales, de cumplimiento normativo y fiscalización?

La última década, sin duda alguna ha estado marcada por el mejoramiento normativo y las contingencias ambientales. Las mortalidades masivas del 2016 y los escapes de peces gatillaron una serie cambios normativos, principalmente, en cuanto a la seguridad en los centros de cultivo, así como una serie de modificaciones al RAMA, y a los avisos asociados a los incidentes y contingencia ambientales. Lo anterior, ha significado un aumento sustantivo en cuanto a recursos humanos y tecnológicos dedicados al medio ambiente tanto de la industria como del sector público, así como también al mejoramiento continuo en la evaluación ambiental de proyectos que se someten al SEIA y a las coordinaciones del sector público con el salmonero en materia de contingencias, debido principalmente a las floraciones algales, las que han aumentado en términos de magnitud, distribución geográfica y duración, en el último tiempo.

En materia de fiscalización, desde la aparición del SMA en el escenario público, ha habido un incremento de las inspecciones ambientales, sobre todo a través de programas y subprogramas de fiscalización que se potencian de manera conjunta, pues en la mayoría de las oportunidades se realiza junto a Sernapesca y Directemar.

Así también, es innegable en materia de fiscalización, el desarrollo y uso de la tecnología, como lo es la conexión en línea de variables ambientales que se pondrá en marcha en los próximos días, para todos los centros que cuenten con instrumentos de carácter ambiental como los son las RCAs, el uso de las imágenes satelitales para establecer el posicionamiento de los Centros de Cultivo y la interconexión con Sernapesca para evaluar el cumplimiento de obligaciones en materias de producción.

Esperamos, con todo esto, tener a una industria que pueda tener siempre un comportamiento responsable y cumplimiento ambiental, que dé garantías a la comunidad en materia de protección ambiental.

Fotografía: SMA