A pesar de que aún se está formando un panorama completo de los daños y las necesidades tras la impresionante erupción volcánica y el tsunami que han tenido lugar en Tonga, no cabe duda de que las consecuencias serán muy serias para los agricultores y pescadores de la nación insular del Pacífico Sur, que viven en una de las regiones más expuestas a catástrofes del mundo.

La FAO sigue con extrema preocupación las posibles repercusiones en todos los sectores agrícolas, con inclusión de la pesca, pese a que se dispone de información limitada, ya que las comunicaciones y el acceso siguen estando gravemente afectados.

“Estamos trabajando para evaluar las repercusiones de esta catástrofe en los agricultores y pescadores de Tonga y en todos aquellos que dependen de formas de agricultura para su sustento y su seguridad alimentaria”, aseguró la Sra. Xiangjun Yao, Coordinadora Subregional de la FAO para las Islas del Pacífico, destinada en Samoa.

“En los últimos años hemos prestado apoyo en Tonga debido a una serie de convulsiones, de las cuales esta es, con diferencia, la más grave, y estamos dispuestos a intensificar nuestra labor para ayudar a estas comunidades vulnerables a recuperarse”, agregó.

Uno de los primeros retos es la evaluación de las posibles repercusiones que podrían tener en la agricultura y la pesca la capa de ceniza que ha cubierto parte de la isla y los daños causados por el tsunami.

La caída de ceniza puede tener graves efectos, dependiendo principalmente del grosor de las cenizas, el tipo, el momento y la intensidad de las lluvias posteriores. Preocupa también la posibilidad de lluvia ácida.

Las consecuencias previstas en la pesca son motivo de preocupación. Si bien el consumo de pescado per cápita es algo bajo para el Pacífico (25-35 kg/año), la pesca podría convertirse en una fuente más importante de alimentos tras esta catástrofe, dados los posibles efectos de la capa de ceniza volcánica sobre la agricultura.

Los daños en las embarcaciones y en las rampas de acceso al mar son ya evidentes y es probable que muchos de los arrecifes costeros y las lagunas de los que dependen unas pesquerías saludables hayan resultado dañados o contaminados con cenizas y escombros y con los residuos del tsunami.

“A falta de un panorama completo, resulta evidente que Tonga necesitará probablemente ayuda a corto y largo plazo. La FAO ya se ha puesto en marcha para asignar fondos para una evaluación de los daños y algunas medidas iniciales de respuesta”, dijo la Sra. Yao.

Incluso antes de esta última erupción del volcán Hunga Tonga Hunga Ha’apai, alrededor del 23% de la población de Tonga estaba afectada por una inseguridad alimentaria de moderada a grave.

En ese sentido, la pesca y las actividades relacionadas con ella son también una importante fuente de alimentos, sobre todo para las comunidades de las 36 islas habitadas más aisladas.

La FAO lleva muchos años trabajando en Tonga para ayudar a fortalecer la resiliencia y la seguridad alimentaria, formar a jóvenes agricultores, apoyar a las mujeres en el establecimiento de viveros de plantas ornamentales y hacer más sostenible la pesca del país.

Tonga, que está formado por 169 islas en total, es uno de los 14 pequeños Estados insulares en desarrollo del Pacífico. La región es una de las más expuestas a catástrofes del mundo, con riesgos naturales tales como ciclones, sequías (en particular El Niño) y erupciones volcánicas. Al igual que Tonga, Vanuatu, las Islas Salomón y Fiji se encuentran entre los 15 países del mundo con mayor riesgo de sufrir catástrofes naturales extremas, incluida la vulnerabilidad a la crisis climática.

 

Fotografía: New Zealand Defense