Hasta hace poco confiábamos que las intoxicaciones por Veneno Paralizante de los Mariscos (VPM) en Chile ya eran un problema controlado. Ya sea por el arduo trabajo de las autoridades sanitarias y pesqueras, la responsabilidad de pescadores o bien el autocuidado de los propios consumidores.

Sin embargo, esta temporada estival termina con dos dolorosas víctimas fatales confirmadas por consumo de mariscos contaminados. A inicio de marzo, un tripulante de una embarcación en fiordo de Quitralco, en la zona sur de la región de Aysén. Este fin de semana, un niño de 3 años en Calbuco, región de Los Lagos; además de varios hospitalizados, aún en estado de gravedad.

En ambos casos, los mariscos provenían de bancos naturales de la región de Aysén donde la extracción estaba prohibida y su consumo se efectuó antes de realizarse los análisis para la detección de biotoxinas marinas.

Pero lo que más preocupa e indigna es que existan armadores, pescadores y buzos que extraen recursos de zonas con cierres sanitarios (producto de elevadas toxicidades) y se trasladen largas distancias, de una región a otra, para comercializar y obsequiar mariscos eludiendo los controles sanitarios.

El 4 de abril, una segunda lancha fue detenida con 8 toneladas de almejas de Aysén, destinadas también al mercado nacional que se prepara para semana santa.

Estas prácticas inadecuadas y en cierto punto delictuales, ponen en serio riesgo la salud de la población, principalmente en zonas donde la marea roja no presenta una alta recurrencia, como lo es la parte norte de la región de Los Lagos. Además, estas prácticas no sólo afectan dramáticamente a las familias de las víctimas, destruyen la confianza pública en todo el sector pesquero de pequeña escala y arriesgan el sustento de miles de trabajadores(as) del mar. Las sanciones deben ser de la talla de los delitos cometidos.

Actualmente no existe presencia de VPM en la región de Los Lagos que amerite un cierre sanitario ni la alarma en la población. Comprar y consumir mariscos certificados en la región seguirá siendo seguro mientras el Servicio de Salud no disponga oficialmente lo contrario.

La marea roja no es ni un mito ancestral ni una conspiración neoliberal contra las comunidades costeras. Es un veneno que mata.

Andrés Marín, Investigador CEDER –Ulagos, investigador Centro i~mar & CeBiB – ULagos