Science, la principal revista científica del mundo, publica en su portada una innovadora investigación franco-chilena que replantea la forma en que entendemos la reproducción de las algas marinas.

Tal como un picaflor lleva granos de polen en sus plumas, o una abeja en sus patas, del mismo modo ciertos crustáceos podrían participar del proceso de reproducción de algas en el mar. Los gametos machos de las algas rojas no tienen movilidad propia y se ha planteado siempre que dependen por completo del transporte por las corrientes de agua para llegar a las hembras.

Eso hasta ahora, ya que un estudio publicado esta semana en la portada de Science, principal revista científica del mundo, que reunió a investigadores del Laboratorio Internacional de Investigación Franco-Chileno “Evolutionary Biology and Ecology of Algae (EBEA)” de la Estación Biológica Roscoff (IRL 3614, CNRS, Sorbonne Universidad, Universidad Católica de Santiago, Universidad Austral de Chile), demuestra que la presencia de un pequeño crustáceo isópodo Idotea balthica favorece la reproducción del alga roja Gracilaria gracilis.

La profesora de la Universidad Austral de Chile, Dra. Marie-Laure Guillemin, co-autora del estudio, explica que «esta es la primera vez que este tipo de interacción entre animales y algas es descrito, lo que abre muchas preguntas sobre su ecología y evolución. Por ejemplo, este descubrimiento sugiere un origen más antiguo de la polinización animal, que podría haber evolucionado antes de que las plantas llegaran a tierra», enfatiza.

Las interacciones mutualistas entre plantas y animales durante la polinización están muy extendidas en el medio ambiente terrestre. Se sabe que influyen en el proceso reproductivo del 90% de las angiospermas (plantas con flores), siendo el 10% restante esencialmente polinizado por el viento.

«En el medio marino -explica la Dra. Guillemin-, generalmente se acepta que la fertilización ocurre solo a través del movimiento del agua. Por tanto, el papel de los animales en el transporte de gametos masculinos se consideraba hasta ahora inexistente en las algas rojas».

Fotografía: Uach